edición: 2891 , Lunes, 27 enero 2020
25/10/2019
El caso WeWork, un mal indicador 

La creación de empleo de las tecnológicas dependerá siempre de la rentabilidad financiera del negocio

Los negocios tecnológicos no han demostrado todavía que son capaces de crear más empleo del que están destruyendo
Juan José González
En una conferencia ante un público formado por jóvenes universitarios, futuros demandantes de empleo, el entonces banquero y presidente del BBVA, Francisco González, ofreció una de las visiones más optimistas y esperanzadoras sobre el futuro laboral en España. Aseguró que, en su opinión, los robots sustituirán algunos puestos de trabajo, pero se crearían otros mejores. Algún joven allí presente preguntó sobre cuántos se crearían, a lo que el conferenciante banquero contestó que para eso habría que esperar al futuro. Y el futuro ha llegado, deben pensar aquellos estudiantes que hoy seguramente conocen las intenciones de WeWork, la compañía inmobiliaria proveedora de espacios de trabajo compartido para empresas tecnológicas que SoftBank controla tras aportar 9.500 millones de dólares para cubrir agujeros y otros rotos financieros. El futuro ha llegado hoy para los 4.000 trabajadores de los 14.000 que forman la plantilla, una reestructuración en toda regla que se produce tras la adquisición de la empresa por la financiera que planeaba una OPV de la inmobiliaria pero que el mercado no encontró interesante, dado los problemas financieros provocados por la voluminosa deuda. Se trata de un claro ejemplo de los efectos de la tecnología, en principio positivos por la creación de empleo pero que a medio plazo acaba por romperse. Todavía no está claro que la tecnología cree empleo. Por el momento solo se conocen regulaciones, despidos y cierres. WeWork es un caso premonitorio.
Lo cierto es que el debate sobre si la tecnología crea o destruye empleo no está cerrado a pesar del intensivo trabajo desarrollado por organizaciones como el FMI, el Banco Mundial o la OCDE entre otros, para consagrar las bondades y beneficios de la tecnología, la digitalización y ahora los robots y la inteligencia artificial. Recordar en este sentido alguna verdad advertida por el expresidente de EE UU, Barak Obama, convencido de la eficacia de los nuevos trabajadores (tecnológicos) a pesar de que algunas máquinas como los cajeros automáticos fueron pioneros en la destrucción de empleo. 

También es conocida la afirmación sobre la mayor retribución salarial de los trabajadores tecnológicos, superiores a la media, en razón a su mayor y mejor formación, como aseguran algunos informes del FMI. Algunas estimaciones de los organismos económicos indican que el empleo en el sector tecnológico crece a un ritmo del 2% anual y que los cálculos obtenidos a principios del tercer milenio apuntaban una relación de uno a tres, es decir, que por cada nuevo empleo en el sector tecnológico se multiplicaría por tres en los cinco años siguientes. Algo que no ha sucedido y, más bien al contrario, el sector de las tecnologías, en el sentido más amplio, han venido reduciendo el empleo en los últimos seis años.

El optimismo del exbanquero González es desmentido entre otros por un informe del World Economic Forum que explicaba en detalle la realidad laboral del sector tecnológico y aseguraba que si bien la digitalización será capaz de emplear a 2,1 millones de trabajadores, también se asistirá a la desaparición de 7,1 millones de empleos, balance que no deja lugar alguno para el optimismo. Un reciente informe sobre el mercado laboral en España, que será presentado tras las elecciones generales del 10 de noviembre, describe cómo en los últimos tres años de los 400.000 empleos creados relacionados con el sector de las tecnologías, ya se han destruido una cuarta parte.

De vuelta al despido previsto para los 4.000 empleados de WeWork, la reestructuración de la compañía no se produce por una drástica caída de la contratación de espacios para oficinas de nuevas empresas, sino por las dificultades de llevar a cabo un plan de negocio por parte de SolfBank (dueño del 80% de WeWork) que pretendía recuperar una inversión de 2.000 millones de dólares en la empresa WeWork con la que pretendían salir a Bolsa con una OPV valorada en 20.000 millones de dólares. Es decir, una operación financiera fracasada pero de la que dependía la estabilidad o permanencia de los 4.000 trabajadores que ahora despedirán las nuevas tecnologías. 

En la misma línea de WeWork se encentran compañías como el Deutsche Bank, que reducirá su plantilla en 9.000 trabajadores directos y otros 6.000 de los 30.000 empleados a tiempo parcial en una reestructuración a cinco años, la mitad de todos ellos, puestos de trabajo con funciones de áreas de tecnología. En España, sin embargo, se está produciendo algo parecido a lo que se podría llamar una paradoja de empleo, por la que el mercado laboral de las competencias digitales estaría demandando 350.000 empleos que, teóricamente, están destinados a los jóvenes que engrosan el paro juvenil, estimado actualmente en un 46%. Empleos que podrán ser cubiertos en el futuro aunque, como en el caso de WeWork, siempre estarán sujetos a la rentabilidad de las operaciones financieras en las que se basan los negocios tecnológicos, que como muestran las cifras deben demostrar que crean más empleo del que destruyen.

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