edición: 2847 , Viernes, 15 noviembre 2019
03/09/2018

La crisis argentina golpea con fuerza a los fondos de deuda y a los bancos internacionales

El Gobierno de Macri reanuda las negociaciones con el FMI mañana con el país en la cuerda floja
Carlos Schwartz
Los grandes fondos de inversión en deuda pública han sufrido fuertes pérdidas con la crisis de Argentina por la caída del valor del peso ante el dólar y el euro superior al 50% en lo que va de año. De acuerdo con los datos disponibles el principal acreedor de los bonos es el fondo PIMCO que de acuerdo con los registro públicos en marzo tenía posiciones por valor de 5.600 millones de dólares, otros grandes acreedores son Blackrock, Goldman Sachs Asset Management, Fidelity y Franklin Templeton. Este último ha perdido 1.230 millones de dólares en las últimas dos semanas en sólo tres de sus principales posiciones en bonos argentinos de acuerdo con estimaciones de analistas. El traspié es significativo para inversores profesionales habituados a adquirir deuda de países con problemas de pago lo cual indica que su análisis de la profundidad de los problemas que tiene Argentina no fue eficiente. La semana pasada ha sido de vértigo y el jueves el Gobierno debió subir los tipos de interés del Banco Central un 15% suplementario para alcanzar la cifra récord del 60% en un intento de frenar la fuga de dinero corporativo hacia el dólar.
El fin de semana altos ejecutivos de la banca internacional en Buenos Aires menudearon en sus declaraciones de apoyo al Gobierno señalando que “los bancos son solventes, la deuda proporcionada al producto interior bruto, y el déficit fiscal pasible de ser reducido” señalando que el Fondo Monetario Internacional (FMI) estaba detrás de los planes económicos del Gobierno de Mauricio Macri, pero a puertas cerradas comentaban a sus próximos que los beneficios desde el punto de vista internacional se verán pulverizados por la devaluación y resaltaban que el desenlace de las negociaciones con el FMI no estaba aun claro.

El 29 de agosto Christine Lagarde, la directora ejecutiva del FMI, emitió un comunicado afirmando que había mantenido una conversación productiva con Macri pero que había que modificar el acuerdo stand-by “Teniendo en cuenta las condiciones más adversas del mercado internacional, que no se habían anticipado plenamente en el programa original con Argentina”. Esto indica que el programa inicial no solo ha fracasado por completo sino que ni siquiera ha llegado a implementarse. El FMI en el acuerdo de 50.000 millones de dólares estipula que los recursos serán sólo para garantizar los pagos a los acreedores internacionales y no estarán destinados a sostener a la moneda local. Para el FMI el dólar debe subir todo lo que sea necesario.

Mientras tanto el presidente revisa aceleradamente la composición de su Gobierno para acometer una crisis de gabinete renovando ministros y eliminando ministerios en una decisión confidencial que es un secreto a voces. Pero esto es sólo un detalle de la situación crítica del país ya que además la presidencia debería anunciar las líneas generales de su plan de emergencia para reducción del déficit público que deberá presentar el ministro de Economía mañana ante el FMI en Washington. 

El 13 de agosto el portavoz jefe del FMI, Gerry Rice, declaró que el Fondo apoyaba la decisión del Gobierno de reducir el stock de letras del Banco Central (Lebac) en manos de inversores institucionales, en particular bancos. En mayo el saldo vivo de las letras que vencía era de 25.000 millones de dólares al tipo de cambio de entonces y el BCRA se enfrentaba al reto de esos colosales vencimientos. La reducción de ese saldo apoyada por el FMI se hizo mediante la emisión de pesos por parte del banco central con el efecto de que los recursos liberados de los Lebac fueron invertidos de inmediato en dólares por el claro temor de los inversores institucionales, es decir los bancos y las grandes corporaciones, a una espiral devaluatoria algo que la propia corrida sobre el dólar promovió la semana pasada. 

Los bancos y corporaciones que redimieron letras y compraron dólares obtuvieron una plusvalía con el cambio del 20% en una semana. Esto indica que la cuestión central en Argentina sigue siendo la deuda del Tesoro con el sistema financiero algo que se construyó bajo los gobiernos de Néstor Kirchner y su viuda Cristina Fernández como forma de sortear la ausencia de financiación externa para el país. La deuda externa se sustituyó con la deuda interna y ahora el Gobierno de Macri intenta salvar a los bancos y las corporaciones de una potencial suspensión de pagos del país. Pero el FMI no está dispuesto a que sus recursos sean utilizados en estas operaciones sino solamente para garantizar los vencimientos de la deuda con los acreedores internacionales.

De acuerdo con fuentes de medios financieros en Buenos Aires el acuerdo stand by con el FMI “nunca se cerró” y en realidad Macri lo dio por concretado para ganar espacio político disgustando a Lagarde que no tuvo más remedio que hacer públicas las negociaciones. La revisión del programa ahora supone poner sobre la mesa objetivos de reducción del déficit que van a descargar la crisis sobre una población ya en situación de estrés por el incremento del coste de la vida con una inflación que se ha disparado al 35% anual con aumentos en tarifas de hasta el 80% en algunos casos. Los analistas más moderados consideran que el plan es “políticamente peligroso”. Los menos moderados consideran que el país va de cabeza a una espectacular crisis social de consecuencias difíciles de prever. 

El ministro de Economía Nicolás Dujovne obtuvo la semana pasada un nihil obstat del FMI para vender 250 millones de dólares de las reservas centrales para contener el dólar el pasado jueves. Pero ni el ministerio de Hacienda ni el FMI están de acuerdo con la política de rescate del peso argentino porque las reservas “se deben conservar para el pago de los acreedores internacionales y el dólar debe subir tanto como sea necesario para lograr su punto de equilibrio”. Esta última opción tiene su verdadero límite en un levantamiento popular por la carestía de la cesta de la compra y de los servicios. 

El pasado viernes la agencia de calificación Standard & Poors anunció que podía rebajar aun más la calificación crediticia del país por el temor a que la caída del valor del peso anule la capacidad del Gobierno para aplicar su política económica. De lo que no cabe duda es que el país camina por el filo de la navaja y para las inversiones españolas allí estas no son buenas noticias. 

Bancos como Santander y BBVA verán su cuenta de resultados afectada. Para este último habrá que computar además la caída de la lira turca y la inestabilidad económica en ese país. La devaluación de las monedas emergentes tiene efectos más dramáticos en las naciones con mayores desequilibrios, pero es un proceso generalizado profundamente enraizado en los grandes excedentes de liquidez que se han desplazado por los mercados internacionales durante la expansión de los balances de los bancos centrales en particular de la Reserva Federal y por ende del dólar. L reversión de esos excedentes está detrás de los desequilibrios de los mercados monetarios.

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