edición: 2742 , Miércoles, 19 junio 2019
27/05/2019

La crisis entre Renault y Nissan da alas a un inminente acuerdo entre la francesa y Fiat Chrysler

El fabricante ítalo-americano insinuó a finales de 2018 su interés por un posible acuerdo estratégico
Carlos Schwartz
Al socaire de un bronco conflicto entre Renault y su socio Nissan, que dejó expuesta la resistencia de los ejecutivos de la japonesa a acceder a una fusión con la francesa, el conglomerado industrial Fiat Chrysler Automotive (FCA) aceleró sus contactos con las francesas PSA y Renault buscando una consolidación internacional con el objetivo de reducir costes y hacer frente a la transición tecnológica del sector y a la caída de las ventas en China, Estados Unidos y Europa. Al desatarse en noviembre de forma abierta el conflicto entre Nissan y Renault, con la detención del ex presidente de las empresas de la alianza, Carlo Ghosn, un alto ejecutivo en Europa de FCA afirmó a un consultor del sector del automóvil que “nosotros vamos a mantener un estrecho análisis de la situación creada, porque es una oportunidad para avanzar en la consolidación del sector del automóvil junto a otra empresa europea”.
Desde entonces el presidente de la ítalo americana, John Elkann, nieto del mítico Gianni Agnelli, y su segundo y consejero delegado del grupo, Michael Manley, exploraron a lo largo del primer trimestre del año las posibilidades de un acuerdo estratégico con PSA de un lado y Renault del otro. Renault intentó a lo largo del primer trimestre sacar a flote su alianza con Nissan, empresa de la cual tiene un 43%, y con la hermana menor de la 'entente', Mitsubishi. En ese lapso el sustituto de Ghosn al frente de Renault, Jean-Dominique Senard, un hombre “próximo a los intereses del estado francés” y ex presidente de Michelin, volvió a ofrecer a Nissan una fusión rechazada de plano por el máximo ejecutivo de la empresa, Hiroto Saikawa. 

Fiat-Chrysler tiene una hoja de ruta que no es nueva. Quien fuera el hombre fuerte de la empresa y personaje respetado en la industria del automóvil, Sergio Marchionne, era un firme defensor de la consolidación en el sector. Fue Marchionne quien abordó una fusión con Chrysler, tras el fracaso en ese intento de Daimler, quien tuvo que deshacer los vínculos con la estadounidense ante el fracaso de su gestión. Marchionne abandonó el cargo de presidente y consejero delegado del grupo por una grave enfermedad en julio de 2018 y murió poco después. Como queda a la luz ahora su estrategia sigue imperando en la marca de Turín.

La filtración el fin de semana de los contactos avanzados entre FCA y Renault, en la cual el estado francés mantiene una participación del 15%, da por segura una alianza estratégica. Lo que no es claro es que de esta alianza surja un intercambio inmediato de participaciones. Es probable que en lugar de intercambios accionariales se opte por inversiones cruzadas en objetivos industriales conjuntos. Las empresas involucradas en las negociaciones se han negado a responder a las preguntas de la prensa, pero fuentes al tanto de las negociaciones afirman que hoy habrá un comunicado conjunto anunciando los acuerdos alcanzados. 

La idea de que esto supone de forma automática un avance en las relaciones entre Renault y Nissan “sería un error”, declaró un consultor del sector del automóvil a ICNreport. “En todo caso este movimiento debe ser visto como una advertencia a Nissan por parte de Renault y una insinuación de que nuevos obstáculos a profundizar la alianza con su socio europeo pueden afectar a la alianza con las japonesas”, afirmó la fuente. Es del orden de la lógica en un acuerdo, con la entidad que se le presupone a la aproximación entre FCA y Renault, que la primera le haya solicitado a la segunda que paralice toda innovación en su alianza a tres con Nissan y Mitsubishi. 

Es necesario recordar que Nissan logró un beneficio de 2.590 millones de euros en su último año fiscal –de abril de 2018 a marzo de 2019–, el 57% menos, en el peor resultado desde 2011, cuando acusó de lleno los problemas heredados de la crisis de 2008, sumados a la catástrofe de Fukuyima donde la empresa tiene una planta industrial. La empresa prevé que el beneficio vuelva a caer hasta los 1.380 millones en 2020, la cifra más baja desde 2009 cuando registró pérdidas.

El hecho de que Renault vuelque su interés hacia una alianza estratégica con FCA, deja a Nissan ante la posibilidad de que sus intentos de lograr un nuevo equilibrio en su actual alianza, que incluye a Mitsubishi, choquen contra esta nueva coalición de fuerzas. FCA tiene un valor de mercado estimado en 20.000 millones de dólares, mientras que Renault vale unos 17.000 millones de dólares. La primera tiene un tercio de su plantilla global de 196.000 trabajadores empleada por Fiat, mientras que su beneficio procede en su mayor parte de Estados Unidos. 

La mitad de las ventas de Renault dependen de Europa. Hace escasas semanas el consejero delegado de Renault, Thierry Bollore, fue designado miembro del consejo de Nissan en reemplazo de otros dos consejeros depuestos en medio de la crisis con Ghosn. Esto ha supuesto una distensión en el clima entre los socios. En este movimiento Saikawa, enemigo de una fusión con Renault, fue confirmado como consejero delegado de la empresa. 

El acuerdo que debe anunciarse hoy supone una presión añadida sobre Nissan. La alianza vendió el año pasado 10,76 millones de turismos y vehículos comerciales ligeros. La cifra los coloca en un pie de igualdad con las ventas de Volkswagen y Toyota, las marcas con mayores ventas del sector. Una incorporación de FCA implicaría ventas de 15 millones de vehículos lo cual pondría a este grupo potencial en cabecera de la industria del automóvil. 

Antes de emprender la fusión con Chrysler en 2014, Fiat exploró una alianza con PSA en 2013 en un momento en que esa marca pasaba por dificultades financieras. Esta exploración sentó al entonces hombre fuerte de Fiat, Marchionne, frente al asesor del presidente François Hollande, Emmanuel Macron. El detalle no es secundario porque, tanto entonces como ahora, un pacto industrial de esta envergadura puede suponer recortes de plantilla y eso deberá pasar por el filtro de los gobiernos involucrados. La marcha hacia las consolidaciones en el sector coincide esta vez con una caída internacional en las ventas de automóviles y una guerra comercial que amenaza con aranceles muy significativos a las ventas de coches europeos en Estados Unidos. Esto da además un toque de oportunidad a un acuerdo con FCA.

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