edición: 3070 , Martes, 20 octubre 2020
01/10/2020
banca 

La culpa fue del chachachá

La historia de Bankia y sus avatares dan para un libro, o dos, o los que se quiera, pero la de los fiscales y jueces, como también, en el mismo saco, la de los políticos y autoridades financieras e instituciones políticas, dará para varios tomos. Y densos. Se diría incluso que en su extensión, gravedad y repercusiones sociales y financieras superará con creces a la de la célebre Rumasa, nada que ver pero con varias coincidencias financieras y políticas.

Sociales porque el despropósito de la actuación de los responsables del Banco de España y demás instituciones públicas, sin olvidar alguna firma de auditoría y demás expertos que dieron por correcta y ajustada a las normas financieras y contables, han provocado la pérdida de 367.000 inversores y ahorradores privados, muchos de estos, pequeños ahorradores, un 18% de edades superiores a los 64 años que, bien con ahorros bien a crédito, creyeron, fueron convencidos y, engañados, apostaron a la oferta propuesta por el banco.

De la lectura de la sentencia se desprende que en el órgano emisor y autor del veredicto hay una, o varias, lagunas de conocimiento financiero y también una ausencia palmaria de valoración correcta y análisis de la realidad, probablemente derivada de la falta de reflexión suficiente. Suficiente porque salta a la vista que la operación de salida a Bolsa de Bankia, fue bendecida por la CNMV, por expertos, santificada por el Gobierno, sacralizada por el Banco de España y alabada por medios de comunicación diversos.

Nueve años entre instrucción, juicio oral y elaboración de una sentencia que, curiosamente, concluye sin culpable, al menos que se conozca nombre y apellidos o razón social, persona física o jurídica. Un dictamen que no es si no, tan sólo una parte del asunto, pues es evidente que exonera a los gestores políticos, pues de las cuentas ¡qué locura! poco se dice. En realidad, la Fiscalía debería haber acusado –junto al exonerado presidente de Bankia- al Banco de España, a la CNMV, al ministro de Economía, a los auditores y demás expertos, todos con claras implicaciones en el fiasco y aquí sólo testigos. Así las cosas -de la Audiencia Nacional- no va a ser fácil, por impresentable, decirles a los 367.000 afectados -en particular al 18% de mayores- que la culpa de todo fue, como reza la copla, del chachachá.

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