edición: 2808 , Viernes, 20 septiembre 2019
06/06/2019

La derecha euro escéptica italiana debate sortear la disciplina del BCE mediante una moneda interior

La creación de un medio de pago de circulación nacional encubre la quiebra de las promesas electorales
Carlos Schwartz
Las advertencias de la Comisión Europea (CE) al Gobierno italiano por el déficit excesivo del estado ha despertado de la noche a la mañana la polémica sobre una moneda paralela introducida hace dos años por el paradigma de la decadencia irreversible: el político Silvio Berlusconi. Una decadencia que no necesariamente supone su desaparición, ya que la propia naturaleza decadente y crepuscular de la coalición de gobierno del país, entre 5 Estrellas y La Liga, puede darle alas y proyectarlo hacia el futuro. Ante la tendencia a la extinción de 5 Estrellas, Berlusconi adquiere brillo como potencial aliado de un Matteo Salvini victorioso, si se da el caso. Se trata de la introducción en la circulación del país de un medio de pago bajo la forma de una letra o bono del tesoro, con una baja denominación, que la Administración podría utilizar para realizar pagos a los proveedores del estado, por ejemplo. Con un poco de ingenio este medio de pago, que quedaría bajo el control del Tesoro y no del Banco de Italia, ojo al parche, podría servir incluso para pagar a los empleados públicos… por qué no. Esta idea “tan original” tiene sus notorios antecedentes entre naciones que, estando al borde de la cesación de pagos, buscaron en la emisión de medios de pago que no eran dinero del banco central, ampliar de hecho la masa monetaria y hacer pagos. 
De la noche a la mañana, por ejemplo, los gobiernos federales de la Argentina, emitieron sus medios de pago para hacer frente al sueldo de los empleados públicos. O el Gobierno federal emitió el Lecop, para hacer frente al atraso de las transferencias a los gobiernos de las provincias, por la ausencia de dinero real, sorteando la necesidad de emitir moneda. La experiencia acabó con la caída del presidente Fernando de la Rua, rescatado de la casa de gobierno por un helicóptero. 

Esto quiere decir que la emisión de medios de pagos, que no son estrictamente dinero pero operan como tal, suele aparecer cuando no existen posibilidades de atender al gasto con recursos ortodoxos. La coalición de Gobierno italiana tiene un programa que implica un fuerte gasto público, en condiciones de recaudación menguante por una crisis económica que se ha reflejado en una desaceleración del crecimiento con una caída en la recesión en el último trimestre de 2018, una crisis bancaria larvada, y un colosal endeudamiento de las empresas privadas.
En el primer trimestre de este año el producto interior bruto creció un 0,1% y el pronóstico del gobierno para todo 2019 es del +0,3%.

Poner en circulación un medio de pago no monetario serviría a una coalición política en retroceso para afrontar el pago de sus compromisos programáticos, como el caso de esa suerte de renta básica universal. La realidad política mientras es que Salvini se salva de la quema, mientras 5 Estrellas se consume progresivamente en la hoguera, lo cual puede determinar que La Liga provoque unas elecciones anticipadas. Escena en la que podría entrar Berlusconi. 
Un medio de pago separado del Euro podría formar parte de un programa electoral. En los hechos sería un instrumento para escapar al corsé de una política monetaria dictada desde Frankfurt por el BCE. El Euro opera en los hechos como factor de constricción, y es la pieza clave para obligar a las naciones del eurosistema a ajustar sus costes internos mediante el recorte del gasto y la inversión públicas y la depreciación salarial. España es un ejemplo claro del efecto de la moneda única. Caída histórica de la inversión pública, brutal depreciación salarial, alta tasa de desocupación. Es decir el caldo de cultivo ideal para que las fuerzas de extrema derecha progresen. 

Sin embargo, son esas fuerzas las que al final tropiezan con su imposibilidad de superar los límites de la quiebra económica, y pueden acabar pagando la factura del desprestigio. Lo cierto es que la cháchara sobre un medio de pago interior distinto del euro es una expresión de la impotencia política de Italia para salir de su marasmo económico. Al mismo tiempo crea una nueva tendencia centrífuga de primer orden respecto de la Unión Europea y la eurozona. La teoría de Berlusconi es que un engendro de este tipo encajaría, sin provocar un cisma, en el ordenamiento jurídico de la UE y la CE. Vale la pena recordar que el plan del ministro de economía griego Yanis Varoufakis, cuando Atenas dudaba en torno a suspender el pago de la deuda y rechazar el plan de la Troika, era precisamente la emisión de un medio de pago interior.

Este ejemplo no hace más que reforzar la esencia detrás de un medio de pago distinto que la moneda de curso legal: ¡La falta de dinero contante y sonante! Una evolución de la política interna de Italia en esta dirección será una indicación muy fuerte de que el país está al borde de la quiebra y que para poder controlar los parámetros económicos sin tener que hacer frente a una crisis social interna tendrá que romper los lazos con la UE para evitar los ajustes internos y utilizar la política monetaria para mantener la competitividad internacional de su producción. 
Otro tanto en materia de suturar la profunda quiebra de su sistema bancario fuera de la órbita del BCE. Son estos los elementos que dan vida a la teoría del Italexit. Que alguien pueda capitanear este proceso sin pagar la experiencia, agotando su crédito político, no parece posible. Entre otras cosas porque dentro de la UE los partidos políticos se ven forzados a las reglas de juego de Bruselas, pero a cambio tienen la posibilidad de mutualizar parte de sus problemas y disfrutar de la libre circulación de mercancías y capitales en un mercado único sin trabas arancelarias ni otras fronteras comerciales.

Por el contrario, fuera de la UE se vería aislada de un bloque en última instancia defensivo de los intereses comunes. Puede que las condiciones de supervivencia en esas condiciones sean bastante más difíciles que ahora, y La Liga pague las consecuencias.

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