edición: 2619 , Miércoles, 19 diciembre 2018
06/09/2018
Escenario económico (y social) en revisión

La desaceleración frena la subida de impuestos por el temor a una menor recaudación

El aumento de la inflación disparará el gasto en pensiones y sin Presupuesto los agentes económicos no invertirán
Juan José González
La expresión se recuerda cada vez que se percibe que un beneficio dura menos tiempo que el deseado. La alegría en casa del pobre dura poco, como así parece indicar el freno detectado en la economía al término del mes de agosto. El primer aviso ha llegado al cierre del mes de la mano de una fuerte caída del empleo, el aumento del paro y el descenso estrepitoso de la afiliación a la Seguridad Social (203.000 afiliados menos en agosto) que sitúa -o al menos así debería ser- el foco en los problemas pendientes (económicos) del país. Que la confluencia de varios factores haya dado como resultado tan funesto resultado no evita que las autoridades se hayan llevado un buen susto, convencidas de que las expectativas económicas barajadas al principio del año se cumplirían a lo largo del ejercicio. Con las cifras de agosto llega una agria sensación de final de ciclo económico, una de esas fases preparatorias, previas a una nueva etapa recesiva que, sin embargo, parece ser rechazada, por el momento, por los expertos. Cifras que, sin embargo, una vez eliminados los efectos del susto, deben servir para que el Ejecutivo se ponga las pilas y arrime el hombro desbloqueando de una vez por todas el Presupuesto del Estado. Aunque con carácter previo deberá despejar (y aclararse) qué piensa hacer con sus planes de subidas de impuestos, ya que de estos dependerá el Presupuesto y otras cosas.
Por si no fuera suficiente, la estadística laboral al cierre de agosto de 2018 muestra también un dato preocupante a tener en cuenta como es el mayor deterioro de los datos de empleo y paro respecto al mes de agosto del año anterior. La comparación debe tenerse en cuenta sólo a efectos de confirmar que la diferencia entre ambos años es negativa a pesar de que el crecimiento económico se ha mantenido a buen ritmo en los últimos doce meses. 

Con todo, hay que tomar el revés del empleo en agosto pasado como un aviso al que habrá que sumar el otro dato estadístico conocido respecto al comportamiento del turismo y su caída en términos de volumen de personas que han visitado el país este verano. Y en este escenario la aceleración de los precios, con un aumento de la tasa de inflación anual, jugaría también su papel como llamada de atención al Gobierno para que alcance los acuerdos políticos necesarios y con carácter de urgencia que le permitan despejar el horizonte presupuestario.

Pero el margen de movimiento que tiene el Gobierno en este nuevo escenario (menor si cabe con la estadística de agosto) es tan reducido como que le resultará imposible cumplir el objetivo de déficit público, aprobar el `su´ Presupuesto e, incluso, conseguir una buena parte de los impuestos destinados a llevar a cabo su política social. Este objetivo, quizá el más ambicioso al tiempo que el más decisivo de cara a un futuro electoral para conseguir mayor apoyo popular, se está haciendo más complejo en la medida en que corre el tiempo sin lograr acuerdos, y aumentan las dificultades para conseguir un cambio en el techo de gasto.

Corre el tiempo también para llevar a cabo los planes de Gobierno para actuar sobre el Impuesto de Sociedades, así como los nuevos a las tecnológicas y a las grandes empresas. Así las cosas, con el aumento de los precios en agosto, el aumento del déficit comercial y las ventas minoristas también a la baja, no parece que el Ejecutivo se encuentre en el mejor de los escenarios para acometer una política agresiva de aumento de los ingresos, única vía posible para cumplir no sólo con sus objetivos económicos, sino también y quizá el más importante, con los objetivos sociales.

Estaría el Ejecutivo, por tanto, en el escenario más complejo posible, frente a la espada de cumplir sus promesas y contra la pared de colaborar en una desaceleración que -como advierten los datos de agosto- se avecina, desaceleración que reduciría la recaudación (los ingresos) al tiempo que obligaría a cambiar los planes de unos Presupuestos sociales. Y, a todo esto, se generaría el peor escenario para las expectativas empresariales y la confianza de los inversores.

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