edición: 2974 , Martes, 26 mayo 2020
02/03/2020

La dificultad para alcanzar un acuerdo comercial entre la UE y Reino Unido ocasionará tensiones

El Comisario de Comercio considera necesario que las empresas retomen sus planes de contingencia
Carlos Schwartz
De acuerdo con fuentes empresariales la fluidez con la cual finalmente se ha alcanzado un pacto para la salida de Reino Unido (RU) de la Unión Europea (UE) ha creado un clima de falsa tranquilidad que impide ver las dificultades que se ciernen en la segunda etapa del proceso. Hoy se inicia la negociación del tratado comercial entre el bloque de las 27 naciones y Londres para el cual el primer ministro británico Boris Johnson ha puesto como fecha límite el 31 de diciembre. El negociador europeo, Michel Barnier, ofreció al gobierno británico la posibilidad de extender el plazo para esa negociación implantando un periodo transitorio ante la obviedad de que no era posible finalizar un nuevo tratado comercial entre ambas partes en sólo 12 meses. Londres ha rechazado esa posibilidad, lo cual implica que a partir del 1 de enero se pondrá en marcha un tráfico entre fronteras que implicará la declaración de los bienes, la certificación de las mercancías, incluyendo el de origen además de los controles de calidad y demás especificaciones. La realidad es que tras la implantación de la libre circulación de las mercancías la eliminación de las trabas comerciales dentro de la UE liberó al comercio de las trabas que se deberán volver a implantar entre el bloque y el RU. Las fuentes señalaron que esto va a afectar de forma especial a los países que tienen una balanza comercial significativa con Reino Unido.
Este es el caso de España que es un eslabón importante en la cadena de abastecimiento para ese país de productos alimentarios, y en especial de frutas, legumbres y hortalizas. España exporta productos agrarios por más de 4.000 millones de euros al año lo que representa el 8% del total de las exportaciones del sector. Es decir que el comercio exterior del sector agrario español se puede ver seriamente afectado por la ausencia de un acuerdo comercial amplio de aquí al 31 de diciembre de 2020. El Comisario de Comercio de la Comisión Europea (CE), el irlandés Phil Hogan, señaló al respecto que las empresas y las autoridades deben reactivar los planes de contingencia que desarrollaron en años recientes para hacer frente a un Brexit duro, es decir sin acuerdos. 

El alto funcionario de Bruselas señaló que la decisión de Londres de establecer con la UE una relación más distante que la que se esbozó en un principio implicaba un escenario diferente a las previsiones. “Estoy muy preocupado porque no hay planificación suficiente a este respecto ahora”, declaró Hogan al Financial Times. “Lo último que quisiéramos ver es una pesadilla logística para nuestros exportadores en nuestros puertos y aeropuertos por no estar debidamente preparados”, dijo. La preocupación del funcionario pone bajo la luz las incertidumbres administrativas y hasta qué punto estas pueden materializarse. Johnson en su afán político de reforzar sus posiciones frente a su electorado ha declarado que la prioridad determinante en las conversaciones es dejar establecida la independencia política y económica de Reino Unido, incluso si ello genera fricciones que complican la vida a las empresas del país. 

El negociador jefe británico David Frost declaró recientemente que el país estaba preparado para hacer frente a los costes que pueden suponer nuevas barreras comerciales. El funcionario declaró que no estaban preocupados por las advertencias de que se generarían fricciones, “habrá mayores barreras” señaló. “Esto lo sabemos y lo hemos asumido y miramos más allá, a las ganancias del futuro”, afirmó. Incluso con un acuerdo tras el 31 de diciembre estaremos en un nuevo entorno comercial, especificó Hogan, y eso implica un cambio significativo en materia de trámites y disposiciones, además de información logística que procesar por ambas partes. Hogan expresó su preocupación de que las empresas, por falta de previsión, se vean afectadas por estos cambios a finales de año si no ponen en marcha las medidas de contingencia necesarias. 

Fuentes del gobierno en Londres afirman que para la administración se deberán contratar 50.000 funcionarios más para hacer frente a los cambios administrativos en las aduanas. En Bruselas las fuentes diplomáticas señalan que aun contando con un acuerdo comercial se añadirán al tráfico de comercio exterior entre el bloque y RU nuevos sistemas de control y de revisión, por ejemplo sobre el origen de las mercancías para asegurarse que se trata de productos originados en Reino Unido. Los productos británicos y de la UE deberán pasar los controles debidos, los puestos aduaneros de frontera, los controles de origen y de homologación y seguridad.

El negociador jefe de la UE, Michel Barnier, puntualizó la semana pasada que el bloque de las 27 naciones va a ser “estricto” en la aplicación de las reglas de origen respecto del tráfico comercial con Reino Unido. Es decir que ambas partes son conscientes de que el futuro régimen de comercio exterior entre las partes retrocederá de forma significativa a un pasado que parecía difícil de evocar nuevamente tras décadas de libertad de circulación de las mercancías en el espacio interior de la UE, pero está claro que Londres, al menos bajo el mandato de Johnson, considera que ese es el precio a pagar por restablecer una posición internacional que no parece que sea de equilibrio real entre intereses contrapuestos. 

En este escenario sobrevuela en la mente de los observadores la pregunta acerca del papel que juega el gran aliado histórico de Londres, Estados Unidos. Pero frente a esto hay una realidad, y es que el comercio de proximidad juega un papel de primer orden por ejemplo en las necesidades alimentarias del país, y esa proximidad incluye en primer lugar a España y Portugal, y secundariamente a otros países de la cuenca mediterránea. La desaceleración del comercio mundial no aconseja añadir complicaciones, pero la realidad es que el mercado interno de Reino Unido con 66 millones de habitantes no es para tirar por la borda y menos para el sector agrario español, incluida las industrias agrarias.

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