edición: 2741 , Martes, 18 junio 2019
14/06/2019

La economía del ’rickshaw’ en la era de las plataformas digitales

Un ejército de culis arrastra carga en las calles o labora en oficinas y fábricas rotulados como autónomos
Carlos Schwartz
La imagen de jóvenes pedaleando con una carga en la espalda que lleva el rótulo de una de las tantas plataformas de Internet de las denominadas “economías colaborativas” se ha hecho familiar en las calles de nuestras ciudades. Es inevitable asimilar la imagen a los 'rickshaw' tirados por tracción a sangre humana por las calles de las ciudades de China, India o Vietnam para deleite de turistas. Las similitudes van bastante más allá de la identificación imaginaria. Los que transportan carga pedaleando, apodados aquí 'riders', tienen ingresos misérrimos y deben tener un alta de trabajador autónomo en la Seguridad Social. El tráfico de la precariedad económica hace que algunos subarrienden o simplemente cedan la pertenencia a un plataforma digital, que les deriva trabajo de porteadores, a otros que hasta carecen de un alta o de la más elemental protección para el desempeño de su trabajo. Un accidente mortal en las calles de Barcelona ha puesto este asunto bajo el foco para el gran público. Esta miserable forma de degradación del trabajo se disfraza como un modelo “centrado en la colaboración y la ayuda mutua entre los individuos”. En esta supuesta ayuda mutua la que pone en relación alguien que necesita un servicio con el que está en condiciones de darlo es una plataforma digital. Esta plataforma es el nexo indispensable para la realización del trabajo al centralizar la demanda y distribuir la oportunidad de satisfacerla, y sus ingresos se derivan del trabajo de los que realizan el servicio.
Definir a esto como ayuda mutua entre individuos es de un grado de hipocresía supino. Esta semana la justicia laboral lo reconoció así al condenar a una de esas plataformas -Deliveroo- a readmitir e indemnizar a 9 trabajadores considerados como autónomos por la empresa. Deliveroo ha remitido un comunicado en el que anuncia que recurrirá, al considerar que la sentencia "no refleja la forma en que la compañía colabora con los 'riders' ".

La posibilidad de que una legión de jóvenes se juegue la vida montada en bicicletas por un ingreso miserable, y esto quede bajo el disfraz de un trabajo de autónomo, cuando sin la plataforma informática esa actividad no podría desarrollarse, está directamente relacionada con el nivel de la tasa de paro juvenil en España. El 35% en menores de 25 años comparado con el 13,3% en mayores de 24 años. Dejando de momento a un lado las plataformas digitales, la tendencia al crecimiento del trabajo no declarado, con el objetivo de ahorrarse la carga de los seguros sociales, se ha acelerado de forma significativa en la última década. Es decir que no ha sido suficiente para las empresas una devaluación salarial sin precedentes en nuestro país, impulsada por la pertenencia a una moneda común, sino que además una parte considerable de la actividad productiva en España se basa en trabajo no declarado.

Un verdadero ejército de culis mal pagados alimenta la maquinaria productiva del país. Hay diversas formas de no declarar un trabajador. La más elemental, pagarle en negro. Esta fórmula es habitual en muchas pequeñas industrias, con sus plantas establecidas en polígonos industriales de la periferia de las ciudades y pueblos de España y difíciles de controlar. Esos trabajadores son las bajas silenciosas de las quiebras y concursos de acreedores que menudean. Pero la “evolución” de la sociedad contemporánea ha llegado al perfeccionamiento del sistema denominado de los “falsos autónomos”. 

La modalidad está en todas partes. En colegios, farmacias, salas de espectáculos, tiendas, o en el servicio doméstico, por mencionar algunos sectores. Hay casos flagrantes, en los cuales la labor no se podría desempeñar sin los medios puestos a disposición del trabajador en un local físico único en el cual se concentra la actividad de la empresa… a pesar de ello también allí hay falsos autónomos. Es decir, empleados que deberían estar en nómina y ser beneficiarios de las cuotas sociales del empleador y de las condiciones de trabajo que se derivan del convenio de su sector, pero que están dados de alta como autónomos.

Fuera de las calles, las condiciones salariales de esos empleados encubiertos son en general de vergüenza en comparación con su calificación y de acuerdo con el coste de la vida. Como es de público conocimiento el sueldo medio que perciben es de 1.000 euros, en algunos casos un poco más con el criterio de que puedan atender al pago de su seguridad social como autónomos. Un nivel de ingresos derivado del achatarramiento salarial pos crisis. 

Las plataformas digitales juegan un papel destacado en este sentido. Amazon ha tenido que hacer frente a la resistencia laboral por el nivel salarial y las condiciones de trabajo en varios países. Pero una parte considerable de su actividad es la distribución de bienes. Es difícil pensar que la empresa pueda tener el nivel de beneficio que genera sin apurar hasta el extremo los salarios que paga. El modelo es interesante porque el grado de desarrollo que ha alcanzado es importante, y ha bajado los plazos de entrega de mercancías hasta extremos hasta hace poco inconcebibles. Al punto que tiene en proceso de investigación y desarrollo la entrega de paquetería mediante drones. Finalmente la entrega en domicilio es un aspecto marginal de su negocio, ya que el núcleo de su beneficio se genera en la inmensa red de almacenes donde se concentra la mano de obra que genera la plusvalía que se apropia la empresa. Otra cosa es la naturaleza contractual de Amazon con los repartidores a domicilio.

Finalmente la contraposición entre la era digital y la tracción a sangre es una expresión de como las tecnologías más modernas son finalmente introductoras de las formas más atrasadas de explotación social. La tracción a sangre animal para la distribución de mercancías desapareció a lo largo del siglo pasado en la mayor parte del planeta y fue sustituida por el transporte autopropulsado por motores. Las plataformas digitales necesitan, para sostener su margen de beneficio, salarios muy bajos y la inexistencia de cargas sociales 'urbi et orbi'.

Pero que haya plataformas digitales que extraigan su beneficio de la introducción de la tracción a sangre, no ya animal, sino humana, es una señal del agotamiento de un sistema productivo. Estamos hablando de un retroceso social de una magnitud difícil de aprehender. La persistencia de una alta tasa de paro, y unos salarios muy deprimidos, y la generalización de formas degradadas de empleo, son otra expresión de ese agotamiento y una de las señales de que una nueva conmoción económica se abre paso lentamente para dar forma a un distinto equilibrio general del sistema. Habrá que ver cuál es el desenlace de este largo y complejo proceso.

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