edición: 2939 , Jueves, 2 abril 2020
02/01/2020
En 2020 se prevén más ayudas

La economía dependerá, de nuevo, de lo que hagan -o dejen de hacer- los bancos centrales

La política monetaria regresa al campo de batalla con mayor actividad de lo previsto, han fallado las expectativas -que sólo han favorecido al mercado bursátil- y ahora toca enderezar el rumbo de la economía
Juan José González
Poco o más bien nada se puede decir que ha avanzado la economía europea, y la mundial, en el último ejercicio. Los críticos más benevolentes aseguran que las cosas, las de la economía, han regresado al punto de partida, es decir, que no se ha avanzado nada aunque no por ello se pueda afirmar que la situación de los últimos doce meses es peor que la de antes. La afirmación genérica, y como todo lo genérico necesita de matizaciones, equivale a sentenciar que el Banco Central Europeo, como también el resto de bancos centrales, han fracasado  en la asignatura base; la política monetaria en su vertiente de aplicación práctica, es decir, en dar solución a los problemas de la economía.
Sospechosamente, algunos bancos centrales se han lanzado en diciembre pasado a resaltar los avances de los mercados financieros originados en las buenas expectativas económicas que se prolongaron a lo largo de todo el ejercicio. Aportaban como prueba de ello el comportamiento de las bolsas que, en líneas generales ha tenido un buen rendimiento en todos los mercados locales. Un buen ejemplo de que el mercado bursátil ha recogido esas expectativas favorables al conjunto de la economía, puede ser la Bolsa española, que con un avance del 12% en el año cerrado recientemente se utiliza por parte de las autoridades para demostrar que la economía ha ido, y ahora va, viento en popa cuando la realidad es bien distinta.

Las bolsas mundiales, y la española entre ellas, han ido reflejando las expectativas a medida que avanzaba el tiempo. Pero estas comenzaron a deteriorarse y los bancos centrales comenzaron a trabajar hace 14 meses en un escenario hipotético de camino hacia la recesión. Si en Estados Unidos la Reserva Federal se vio obligada a inyectar liquidez en el sistema, por más de 400.000 millones de dólares en un trimestre, el Banco Central Europeo hacía lo propio (pero con 200.000 millones de euros en un sólo mes) lo cual, en la práctica venía a significar que rectificaba en su vía para retirar los estímulos monetarios y reiniciaba la compra de bonos. 

Con carácter general, los bancos centrales se vieron obligados a rectificar en sus políticas monetarias aplicadas en ese año porque la economía no tiraba, no respondía. Y todo, a pesar de que las expectativas no podían ser mejores. Que los bancos centrales rectifiquen sus planes, sus políticas, equivale a afirmar con rotundidad que se han confundido y que no han acertado en el tratamiento de la crisis financiera. Porque no hay que olvidar que la aplicación de estas políticas monetarias procede de una situación de emergencia económica mundial y de sus sistema financiero allá por 2008. 

Políticas monetarias que sí han mostrado su eficacia para recuperar el crecimiento económico durante más de un lustro, pero sin embargo, no han sido capaces de eliminar la asistencia de la medicación monetaria, de los estímulos monetarios porque las economías continúan necesitándola. Lo dicho para la economía europea es válido también para Japón y China y, por supuesto, para Estados Unidos. Por esta razón, porque se trata de una situación general, de problemas de crecimiento común, es por lo que comienza el ejercicio con la mirada de gravedad situada sobre los bancos centrales, no por una situación de emergencia sino por la constatación de que la política monetaria se está demostrando insuficiente, por la sospecha también de que serán necesarias en dos o tres trimestres nuevas ayudas como las aplicadas en los años de mayor necesidad. 

Porque en esta ocasión las expectativas son distintas, peores, a las que se manejaban a principios del año pasado. Año nuevo, y de nuevo dependiendo de la actividad y del acierto de los bancos centrales porque las economías de los cuatro grandes bloques apuntan hacia el regreso a situaciones complicadas y, por tanto, se harán necesarias (y en algún caso, obligatorias) las políticas de estímulo. Baste el hecho de que la Reserva Federal y el Banco Central Europeo han vuelto a inyectar dinero, es decir, a estimular los mercados, como prueba de que los próximos tiempos, dos o tres trimestres, se presentan complicados y exigentes.

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