edición: 2912 , Martes, 25 febrero 2020
23/01/2020

La elasticidad del salario mínimo

Visto que el desafiante veredicto de la destrucción de 125.000 empleos (o más) proferido por servicios de estudios privados y públicos de gran solera, un año después de la puesta en marcha del nuevo salario mínimo no ha tenido ningún efecto, los responsables con capacidad para modificar las normas laborales han vuelto a la carga y lo han subido de nuevo. Se diría que el fiasco amenazante que se cernía sobre el concepto salarial ha sido fallido y sus detractores parecen haber pinchado en hueso.

Así permanecen afásicos y taciturnos los santos protectores de la moderación que han dejado a un lado, visto lo visto, las dolientes advertencias sobre la destrucción de empleo a cuenta del pernicioso aumento del salario mínimo. Recordar aquí que fue la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) la que apuntó que era poco menos que imposible barruntar el impacto negativo, automático e inmediato, de la subida. Y luego, pasados ya unos meses y varias campañas de esas de empleo temporal, sin que la cosa haya certificado un desastre, habrá que concluir que los santos protectores de la moderación han errado.

Por tanto, y a la espera de que la ciencia económica logre inventar, crear o dar con un modelo analítico que pruebe de forma inequívoca que una subida del salario mínimo se corresponde con una destrucción del empleo, habrá que estar a la realidad, que no es otra sino que las revisiones razonables del citado índice salarial ni crean ni destruyen empleo, sino que redundan en una mayor actividad económica, por ejemplo, por la vía del consumo privado. Y aquí es donde sí parece que algún organismo público cuenta ya con datos que lo acreditan.

Es probable que, como todo en este sistema capitalista mixto evolucionado (o revolucionado) sea objeto en la actualidad de una revisión para su adaptación a una nueva realidad. O es probable que algunos oligopolios que dominan los mercados (léase hipermercados) hayan visto en las reiteradas manías de los gobernantes de hoy con el salario en cuestión, una amenaza al dominio de los precios, de su formación, reduciéndolos para la compra en origen e `inflacionándolos´ según convenga a las cuentas de resultados. Este punto, de manifiesta ilegalidad competitiva, debería ser vigilado por las mismas autoridades que nos quieren proteger y nos suben el salario mínimo. A por ellos.

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