edición: 2576 , Miércoles, 17 octubre 2018
13/04/2018
banca 
Más 13.000 millones perdidos de capitalización

La estrategia de FG y su consejo pasa una costosa factura al BBVA

Los riesgos actuales contraídos por el banco, vía Compass y el petróleo, le restarían mucho valor ante una posible operación corporativa
Juan José González
Los precios del petróleo: ¿oro negro o agujero negro? rezaba el titular de un informe de BBVA Research allá por febrero de 2016 cuando, obviamente, al banco le interesa y preocupa el oro negro, el petróleo, en tanto que un buen número de compañías del sector energético de la zona de Texas y California, los estados del sur de Norteamérica, fronterizos con México, mantienen importantes posiciones de deuda pendiente, acreedores de préstamos, con el banco BBVA Compass, zona en la que ostenta una importante cuota de mercado. El banco estaba muy preocupado por los bajos precios del petróleo en estos últimos años, en especial, en ese año de 2016 (unos 50 dólares el barril) y buena parte de 2017. Precios bajos que no eran precisamente una amenaza para la economía global y que, al contrario, ha sido una bendición divina para la recuperación de muchas maltrechas cuentas energéticas de países como España. Pero que, por contra, los inversores en la materia prima en cuestión, los países productores y las empresas extractoras, sí sufrieron importantes descalabros en sus cuentas. Y ese período de bajos precios del petróleo, nefasto para estos últimos, ha venido pasando factura en los resultados de la filial norteamericana del banco y, por ende, en los del grupo BBVA. Que los precios del fluido se hayan recuperado en los últimos meses hasta alcanzar los niveles de los 68-70 dólares por barril, suaviza las presiones sobre las cuentas de los deudores y de los acreedores, pero no despeja lo del agujero negro que el oro negro le está provocando a la filial Compass. Pero Compass no se recupera, a pesar de la subida del precio del crudo y los inversores se fijan en que el banco se ha dejado en estos once años 13.000 millones de capitalización. La estrategia de FG y el consejo ha sido un error.
El oro en cuestión continúa siendo una preocupación y problema para los riesgos del grupo bancario porque los inversores estiman que la exposición del banco con el crudo y otras `commodities´ se reduce muy despacio y sigue pendiente, principalmente, de la recuperación del precio del crudo. La exposición del banco español en el sector petrolífero y otras materias primas se acercaba a los 20.000 millones de dólares a mediados de 2016. Ese importe estaba formado por los 15.000 millones de dólares en préstamos concedidos a empresas del sector petrolero y cerca de otros 4.000 millones de dólares a sociedades operadoras de `commodities´.

En principio, y según los expertos, a pesar de ser un volumen muy elevado de dinero, no parece que que preocupaba demasiado al banco, pues representaban los 20.000 millones de dólares en torno al 3% de la cartera total del banco. Otro asunto es que la actividad económica de los mercados donde operan los deudores del banco, EE UU y México, vayan por el buen camino de la mayor actividad económica, pues, si bien esta mayor actividad repercute favorablemente en los precios del crudo, también se da por hecho que los Gobiernos de ambos países aumenten la presión fiscal para compensar pasadas caídas de ingresos.

Pero que los precios del petróleo en la actualidad se encuentren en posición de consolidarse en el entorno de los 70 dólares por barril, no se va a traducir en una fuerte rebaja de la deuda con el Compass como tampoco del riesgo de su grupo bancario, lo cual comporta consecuencias colaterales para el BBVA como son las valoraciones de los precios objetivos que le conceden expertos y analistas del mercado, una situación que estaría lastrando ("con una prima no justificada") y actuando de freno a la recuperación del valor en Bolsa, que es justo la situación que sufre en la actualidad el banco.

Situación que, sin embargo, sigue preocupando en el banco y que comparten los inversores ya que se trata de un factor negativo que afecta al beneficio procedente de los países donde las materias primas (crudo y `commodities´) resultan vitales para la economía. Al mismo lastre del riesgo vivo habría que añadir algo más: la parte de los 30.000 millones de dólares en bonos de las empresas mexicanas que operan en el sector del crudo, así como otros 11.000 millones en EE UU corresponden también con el sector petrolero. De ambas cifras, el banco no aporta datos.

Estaría el banco en todo caso en una situación compleja, comprobando la baja rentabilidad de sus inversiones exteriores, a su vez reflejo de una discutida estrategia del presidente y de su consejo de administración. Estrategia que sus responsables basan, únicamente, en el éxito de los resultados que obtiene el grupo en México, pero nada más. El balance que pueden hacer de sus apuestas estratégicas en EE UU y Turquía es negativo. Prueba del primero es el elevado riesgo del banco en el sector del crudo, a través de su filial en Norteamérica, como también es el pozo sin fondo del Garanti turco, en un mercado de futuro siempre problemático e incierto. Y ambas inversiones siguen siendo un freno para el grupo bancario español.

Se diría, por todo, que la estrategia de Francisco González y su consejo está aportando muy escasas y pobres alegrías a sus accionistas, ante los cuales tan sólo puede presentar la buena marcha del banco en México y poco más. Porque, y como se pudo comprobar recientemente en Bilbao, algunos accionistas (significativos e históricos) no se explicaban la caída del valor de sus acciones. Quizá la única explicación se encuentre en la estrategia de Francisco González y su consejo, pues cómo entender que un banco que llegó a valer, justo antes de la crisis (en 2007) 55.500 millones de euros, y 11 años (once) después (el 11-4-2018) vale en Bolsa 42.400 millones. Datos que comparan con los 92.500 millones de Santander en diciembre de 2007 frente a los 86.400 millones de éste jueves. Mientras uno se dejó 13.000 millones de valor, el otro se depreció 6.100 millones. En ambos casos, la crisis ha dejado su factura, pero la estrategia también ha pasado la suya.

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