edición: 2912 , Martes, 25 febrero 2020
20/12/2019
banca 
Los accionistas huyen del sector

La estrategia de recuperar el relato del rescate bancario como coartada para nuevos impuestos

El sector vela sus armas mientras los accionistas y grandes inversores valoran las expectativas de un cambio de rumbo fiscal del futuro Gobierno
Juan José González
Un nuevo Ejecutivo dominado por la izquierda podría estar pensando en someter al sector financiero del país a una "revisión", por ejemplo, de los modelos de financiación al sector público, de algunos criterios sobre la concesión de préstamos, etcétera. Según fuentes cercanas al Ejecutivo, al Gobierno no le faltarán ideas y propuestas para poner en marcha. Y seguramente será así, lo que sucede es que los cambios que afecten a normativas comunitarias deberán contar con el beneplácito de las autoridades bancarias europeas. Pero en todo caso, tanto los gestores de las entidades financieras como sus accionistas tienen motivos suficientes para estar preocupados. A los efectos de la `cronificación´ de los tipos de interés negativos se ha unido en los últimos meses una sensación de desaceleración económica que ha venido a confirmar alguna cifra de actividad de menor crecimiento económico. Y ahora el horizonte casi inmediato de la formación de un Gobierno de coalición obliga a temer a los accionistas de bancos la probabilidad más alta de cambios, novedades que afectarán a las cotizaciones en Bolsa y que, previsiblemente, se extiendan hasta alcanzar a la que denominan los teóricos económicos del Partido Socialista "una vida y dulzura a la que le queda poco tiempo de vida". Se refieren a los dividendos, en concreto, a su libre reparto y a su fiscalidad.
El sector en todo caso se encuentra en guardia, vela sus armas a la espera de novedades. Y mientras tanto, se repasan algunas de las intenciones, anuncios y planes que fueron esbozados de pasada, de una forma más o menos tímida, por el actual Ejecutivo en sus apariciones públicas por distintas plazas españolas. Intenciones que algunas de ellas podrían ver la luz en los próximos meses. El negocio bancario, según el modelo actual vigente, puede estar amenazado si las futuras autoridades llevan a cabo algunas de las ideas -no todas- que se han ido lanzando, sin mucho control, por foros y plazas de toros a lo largo de las campañas electorales de los últimos meses. 

La sombra de una revisión de criterios y praxis del negocio típico bancario, parece ahora proyectarse sobre el sector como una nube densamente cargada de deseos que amenaza con precipitaciones intensas. Y estas, tarde o temprano, terminarán por caer. El viejo anuncio de un impuesto a las entidades financieras, a sus transacciones, e incluso los dos puntos de más sobre los beneficios, se presenta como algo que un aviso, como una posibilidad más cercana en la medida en la que el Gobierno que los pueda hacer factibles se encuentre más cerca de poder ejecutarlas.

Como también la vieja idea de exigir al sector bancario la devolución de unas ayudas estatales para rescatar a las entidades en crisis, un relato éste erróneo y deliberadamente perverso, que parece querer ser recuperado por buena parte de las fuerzas políticas que formarán el nuevo Ejecutivo. Es cierto que hubo rescate bancario, pero aplicado a las cajas de ahorros, no a los bancos (con la salvedad del Banco de Valencia, perteneciente a una caja de ahorros). El resto de crisis en entidades bancarias ha sido cubierto con cargo a los accionistas -el caso más reciente, el de Banco Popular-. Se puede decir sin margen de error que los bancos, en su mayoría cotizados, han sido "rescatados" por sus accionistas, con ampliaciones de capital, reducción de dividendos o, directamente, con pérdidas.

Todo lo cual no obsta para que se quiera recuperar el relato del "rescate" como coartada para la aplicación de una nueva tasa a la banca. Quizá el sector no ha sabido (o no ha querido) invertir algunos recursos para explicar a su debido tiempo (ahora ya es demasiado tarde) que las ayudas financieras para la capitalización de entidades lo fueron para las antiguas cajas de ahorros, si bien, algunas ya se habían transformado antes en banco por imperativo legal. Y así y por esta razón, llama la atención un inusitado interés repentino de algunas entidades bancarias por explicar que los bancos tradicionales recibieron capital mediante ampliaciones que a la postre representaron diluciones de valor considerable y que todavía no están recuperadas. 

En varios casos, el incremento de acciones debido a la ampliación de capital se llevó por delante más del 51% del beneficio por acción en el caso del BBVA y del Santander. Por no mencionar los efectos devastadores de las ampliaciones de capital en otras entidades, como en el Banco Sabadell, que se llevó por delante cerca del 90% de su beneficio por acción. Y así con este turbio y amenazador escenario huyen los inversores de la banca mientras esta se apresta a reducir riesgos a toda velocidad y a la espera del `ataque´ previsto del nuevo Gobierno. Aunque a la huida de dinero de estos días se le quiera llamar `sobrerreacción´.

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