edición: 3075 , Martes, 27 octubre 2020
23/03/2020

La Eurozona dividida en torno a la mutualización de la deuda pública a pesar de la situación extrema  

La respuesta económica desigual ante la crisis Covid-19 afectará a los diferenciales de deuda soberana
Carlos Schwartz
La Comisión Europea (CE) renunció la pasada semana a instrumentar un plan colectivo de choque económico contra la epidemia Covid-19 e instó por el contrario a que cada país desarrolle los planes de acción que crea necesarios. En el ínterin, activó la cláusula de salvaguarda que permite a las naciones miembro saltarse los límites de déficit y endeudamiento establecidos como objetivos centrales por la CE. Esta decisión permite a España incumplir el ajuste estructural del 0,65% del producto interior bruto (PIB) para 2020, del 3% de deuda respecto del PIB y del 60% del PIB en deuda soberana. Esta resolución se ha acoplado a la decisión del Banco Central Europeo (BCE) de un nuevo programa de compra de activos de 750.000 millones de euros, lo cual quiere decir que en condiciones de mercado difíciles habrá liquidez para los instrumentos de deuda oficiales destinados a financiar el gasto excepcional que supone la crisis desatada por la Covid-19. Pero la financiación de los programas nacionales va a necesitar emisiones extraordinarias y estas van a sumarse al saldo de deuda soberana viva por relación al PIB de los países miembro de la UE y de la zona del euro. Christine Lagarde, la presidenta del BCE, había salido de la primera reunión del consejo del banco de marzo afirmando que no era misión del emisor del euro reducir los diferenciales de la deuda pública entre las naciones de la zona, y afirmó que la CE tenía que jugar un papel en este sentido promoviendo la acción de los países por la vía fiscal, es decir mediante la aplicación de los presupuestos adecuados a la situación.
El efecto de esa afirmación fue una desestabilización extrema del mercado y la inmediata ampliación del diferencial de la deuda soberana de Italia frente a la referencia europea, el Bund alemán a 10 años. Este efecto llevó a una rápida rectificación de Lagarde mediante el anuncio del segundo paquete de intervención suplementario a las líneas de LTRO y TLTRO III para la banca de la región del euro. Sin embargo, la ausencia de una política fiscal central europea respecto de la crisis no va a lograr un equilibrio entre la deuda soberana de la eurozona y el riesgo de que los diferenciales, denominados 'prima de riesgo', se disparen está profundamente enraizada en la consciencia de los actores de las políticas económicas.

La caída de la actividad económica provocada por la suspensión parcial de la producción y del comercio, que puede suponer para España una reducción del PIB del 12% intertrimestral y que va a pulverizar la actividad económica de Italia con una caída del PIB que es prematuro predecir, va a afectar a todas las naciones europeas pero de forma desigual. Una vez más las economías que se verán más golpeadas serán las de España, Italia, Portugal y Grecia, sin lugar a dudas. De momento la única medida de ese efecto es la dimensión de la epidemia, y los casos de Italia en primer lugar y España en el segundo no son alentadores. Los gobernadores de los bancos centrales de la zona del euro que forman parte del consejo de gobierno del BCE han expresado esta preocupación, y es ésta la que está en la base de la llamada de Lagarde a una acción fiscal por parte de la CE. 

El Gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos -que tiene bien ganado el odio de los pensionistas de por vida- ha salido a la palestra promoviendo la mutualización de la deuda soberana de la zona del euro. Esta idea, rechazada de plano en el pasado por algunos de los países ricos de la zona del euro, sobre todo Alemania y Holanda y las otras naciones satélites del norte europeo, con una gran incógnita sobre Francia, se ha vuelto a poner sobre la mesa porque existe un temor real de que entremos en un periodo de crisis de deuda soberana para la cual los instrumentos tradicionales como la compra de deuda en el mercado por parte del BCE no sea esta vez suficiente. Las afirmaciones de Lagarde acerca de la necesidad de una acción fiscal por parte de Bruselas apuntaban a este objetivo, pero los mercados hicieron una lectura causa-efecto respecto de la inhibición del BCE que desplomó a los mercados.

El serio problema es que la crisis de la Covid-19 ha reforzado de forma extrema las respuestas nacionales y ha creado un clima político adverso a la cooperación económica internacional basada en la acción concertada y centralizada. Algunos gobiernos de la zona del euro consideran que consentir a una mutualización de la deuda soberana de la eurozona va a socavar su apoyo electoral en la medida que obligaría a una redistribución de los recursos a escala internacional, es decir fuera de las fronteras del país, supuestamente en detrimento de la población del país que entra en el sistema de garantía. Está claro que las balanzas de pago de los países de la zona del euro no son homogéneas y que hay países que tienen un saldo negativo y otras que tienen un saldo positivo. 

En la anterior crisis de la deuda en Europa existió una corriente de opinión muy fuerte en contra de la salida de capital de Alemania vía el sistema de pagos Target2 destinado a sostener la actividad financiera en lo que se denominó la “periferia europea”. Una vez superadas las tensiones de crisis los flujos de capital se normalizaron y el dinero consumido por los LTRO vía bancos centrales regresó a los tesoros de la naciones con excedentes de capital. Pero aún en los momentos más álgidos de inestabilidad de los sistemas bancarios dentro de la zona del euro, que coincidieron con las peores tensiones en los mercados de deuda soberana, las naciones del norte de Europa no estuvieron dispuestas a acceder a alguna forma de mutualización de la deuda soberana. No hay evidencias que indiquen que esta vez habrá un cambio de tercio. Mientras, el programa de emergencia que está detrás del Estado de Alarma aprobado por el Gobierno español ya insinúa su cortedad. No solo esto, su capacidad para poner en marcha suministros de emergencia al sistema sanitario nacional ha quedado puesta en severa duda por los hechos.

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