edición: 2742 , Miércoles, 19 junio 2019
21/05/2019

La exclusión de Huawei por Google de las aplicaciones Android crea la posibilidad de nuevas plataformas

La iniciativa puede quizá desbordar los plazos de supervivencia pero la carrera parece ser inevitable
Carlos Schwartz
En medio del verdadero terremoto que ha supuesto la decisión de Google de excluir a los terminales fabricados por Huawei de las aplicaciones desarrolladas para el sistema operativo Android, la posibilidad de que un grupo de fabricantes de terminales decidan crear una plataforma competitiva con el escaparate en el que se distribuyen las app, Play Store, ha pasado desapercibida. Android no es más que una adaptación de un software libre, una variante ligera del Unix al estilo de Linux. Esto lo sabe cualquiera que haya trasteado con estos sistemas operativos y haya experimentado instalando variedades de Android compiladas de forma independiente, que carecen de las aplicaciones propietarias que introducen los fabricantes de terminales. Si, a un teléfono móvil se le puede sustituir el sistema operativo de fábrica por otro de la misma familia, claro está, a la medida. Esto equivale a decir que la posibilidad de introducir un sistema operativo distinto de Android no es ningún proceso exótico, y hay fuentes próximas a Huawei que han dicho en el pasado reciente que el fabricante de equipos de telecomunicaciones y terminales telefónicos inteligentes estaba experimentado con un sistema operativo propio. Lo más probable es que esa experiencia esté derivada también de algún Unix aligerado, como es el caso del sistema operativo del iPhone, de los iPad y de los ordenadores Mac, por poner un ejemplo.
Finalmente, Apple tiene su Apple Store, en la que se distribuyen las aplicaciones compatibles con iPhone y toda la gama de hardware de esa marca. Precisamente por su sustrato Android es un sistema operativo de código abierto, es decir libre, como inicialmente fue la variante abierta del sistema operativo de los Mac, el Darwin, hasta que se discontinuó. Desde luego la decisión de Google es un cisma en el sector de la telefonía móvil, y la repercusión muy amplia, y es prematuro decir que el promotor de la decisión salga indemne de esta iniciativa. Pero desde luego abre la posibilidad, tras la inclusión de Huawei en la lista de empresas sujetas a aprobación previa para el suministro de licencias y hardware producido en Estados Unidos, que los fabricantes de microchips sigan los pasos de la plataforma monopólica de Internet.

Algunos ya lo han anunciado. Lo curioso de estas iniciativas es que afectan seriamente a las propias empresas estadounidenses. El ejemplo más flagrante es la cadena de quiebras de productores agrarios estadounidenses, que pierden sus tierras a manos de los bancos por impago de sus créditos, tras el incremento de los aranceles de importación agrarios a la producción estadounidense. El país atraviesa la peor crisis agraria desde la década de 1980.

Huawei no desagrega el origen de sus ingresos, pero la información disponible sugiere que el 50% de sus ingresos proviene del sector de consumo individual, y esto en esa empresa son los terminales móviles. La mitad de las ventas de terminales es en China, y la otra mitad en el resto del mundo. Europa es uno de sus grandes mercados, mientras que en Estados Unidos la marca virtualmente no existe en terminales móviles. La empresa aspiraba a un mayor crecimiento en el mercado de terminales móviles para desplazar a su competidor inmediato, Samsung. Es decir que la medida puede ocasionarle un serio revés ya que deberá encontrar una solución al problema de las aplicaciones. En China ese problema no existe porque la mayoría de las aplicaciones o están prohibidas o no están disponibles. Éstas han sido sustituidas por aplicaciones desarrolladas para el público chino. 

La idea de una nueva ruta de la seda desplegada por China con bastante éxito entre un grupo de 50 países sugiere que el desarrollo de aplicaciones propias tendría un público razonable. La idea de que la guerra comercial va a producir una fragmentación de los mercados y el reforzamiento de zonas económicas, que aspiran a cierta autarquía en plena globalización, empieza a adquirir una faz visible. Por lo  tanto, la posibilidad de que un grupo de fabricantes de terminales inteligentes para telefonía móvil chinos se unan para formar una plataforma independiente, no solo no es disparatada sino que estaría en consonancia con esta tendencia a la fragmentación del comercio mundial. 

Esto trae a colación otra posibilidad, y es que como expresión de este proceso Internet se desdoble. Esta posibilidad no es una novedad desde el punto de vista teórico. El hoy presidente de Alphabet, y otrora jefe de Google, Eric Schmidt, planteó esta posibilidad de forma teórica en 2011 al afirmar que la tendencia sería a la formación de dos Internet, una liderada por Estados Unidos y otra por China. Ocho años después su propia empresa parece haber abierto la puerta a que este proceso se desenvuelva.

Mientras tanto, el despliegue de la política de la “Lista de entidades” ocasionó un fuerte revés a las bolsas. Los fabricantes de semiconductores afrontan su peor año en bolsa desde 2008, y el conjunto de la actividad económica parece haber quedado entre paréntesis. La escalada encarnada en Huawei es un recordatorio de que las guerras comerciales producen serias distorsiones en las relaciones económicas internacionales y que es difícil que dentro de una economía globalizada las corporaciones queden al margen de los conflictos que estas tensiones reflejan. 

La lectura que han hecho los inversores, en especial los institucionales, es que hay una serie de valores en los que hay que ponerse corto. Y el sector de las tecnologías ha entrado dentro de ese espectro. Las medidas de estímulo económico instrumentadas por Pekín han comenzado a perder fuerza y esa es una nueva mala señal para Europa, en la medida que la industria del automóvil alemana es especialmente dependiente de sus ventas a China. No es un caso aislado. Ford, la segunda gran industria del automóvil de Estados Unidos, también depende de sus ventas en China, y han ido francamente mal. Es en parte por eso que la empresa anunció ayer que los despidos que previó el año pasado serán equivalentes al 10% de su plantilla, 7.000 trabajadores.

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