edición: 2763 , Jueves, 18 julio 2019
19/06/2019

La extinción de las obras públicas pone contra las cuerdas a las grandes constructoras españolas

Las cuentas de resultados se alimentan como pueden de las oportunidades en el mercado exterior
Carlos Schwartz
“No hay obras públicas. En general… en España no se puede pensar en puertos ni aeropuertos. Virtualmente ya no se puede mover una piedra en esas infraestructuras. Habría que cerrar aeropuertos y los puertos tiene problemas para rentabilizar algunas de sus instalaciones. Las terminales de carga sufren por la caída del comercio internacional y no explotan todo el espacio disponible en los muelles. Hay concursos para ocupar superficies que se declaran desiertos. Esto hace que las grandes constructoras tengan serios problemas para rentabilizar su capital”, señala un consultor del sector de infraestructuras que asesora a fondos especialistas. Esta es una de las explicaciones del porqué los fondos de infraestructuras están de gira permanente y se pelean como fieras por entrar como socios en cualquier operación. El anuncio de un Plan de Inversión en Carreteras, el denominado PIC, o Plan Juncker, atrajo de inmediato en 2017 a los fondos de infraestructuras que se alinearon junto con las constructoras para un plan que tenía previsto un 40% de financiación de la Unión Europea (UE), un 40% público privado donde entraban constructoras y fondos de inversión y un 20% aportado por el Estado español. El plan desarrollado por el ministro de Fomento del Gobierno de Mariano Rajoy, Íñigo de la Serna, quedó en nada tras la moción de censura. 
El ministro de Fomento de Pedro Sánchez, José Luis Ábalos, dijo que tendría continuidad, pero bajo otras formas, porque el diseño anterior tenía costes inasumibles para el estado. Pero los fondos se resisten a la tasa de beneficio que el Gobierno está dispuesta a dar al sector, una rentabilidad del 3,5% en el mejor de los casos, de acuerdo con la ley denominada de “desindexación”. Pero, mientras tanto estamos en 2019 y todavía no hay un Gobierno resultado de las elecciones generales del 28 de abril, con lo cual no hay plan. Sin embargo, y en el mejor de los casos, estamos hablando de entre 5.000 millones -el viejo PIC- y 3.000 millones según los planes actuales de Fomento son cantidades que para repartir entre un nutrido grupo de grandes constructoras no da mucho de si.

En España, en definitiva, lo poco que se puede hacer son enlaces entre carreteras, por ejemplo para sortear centros urbanos como el concurso de Murcia, y obras de poca monta. Otra obra que podría entrar en consideración es la finalización de algún tramo de tren de alta velocidad que ha quedado congelado. Poco más. “La cuestión de fondo es que este es un problema a escala internacional. América Latina, como la mayoría de las economías emergentes, está pasando por un momento económico muy delicado. África carece de dinero, salvo excepciones, pero éstas se han visto tocadas por la caída del precio del crudo como es el caso de Angola o Nigeria. 

En Asia pasa un poco lo mismo por la desaceleración económica. En China el mercado interior está bajo el control de las grandes constructoras chinas. Estas generan un 80% de su negocio dentro del país, y un 20% fuera y su mercado fundamental está en el resto de Asia y África a expensas de una financiación de obras por parte del estado chino difícil de igualar. A ver quién es capaz de entrar a construir a China...”, señala una fuente de una gran constructora. 

La gran promesa de la obra pública era Estados Unidos, con unas infraestructuras muy deterioradas, pero el Gobierno Trump es incapaz de generar los recursos necesarios para los planes de adecuación del parque urbanístico y de infraestructuras. Ahora, las constructoras han puesto la mirada en la península escandinava. Noruega, con un escaso desarrollo de infraestructuras pretende ponerlas al día. “El problema es que le pides precios a un proveedor y no te cotiza porque no eres de allí. Se ha convertido en un obstáculo serio. No quieren competencia de fuera. Es un mercado muy difícil. 

La cuestión es que tiene recursos, el fondo soberano más rico del mundo está allí”, añade la fuente. Pero las matemáticas de esa aventura son débiles porque estamos hablando de un país con una población de 5,3 millones de habitantes. Suecia tiene 10 millones… Dinamarca 5,7 millones. Son escalas pequeñas. En Francia no se puede hacer nada, está todo hecho, y si hay alguna oportunidad es para las constructoras locales…

El caso de la constructora Odebrecht de Brasil, con su inmensa red de corrupción, que involucró a todos los gobiernos de los países de Iberoamérica en los que se estableció, ha detonado de todas formas una bomba de relojería malamente aparcada durante décadas en las calles de todas las ciudades importantes del mundo por las constructoras y su relación con el poder. Basta ver el reguero de casos de corrupción que se registran por ejemplo en España, involucrando a empresas locales. Pero en los hechos, el caso Odebrecht marca un antes y un después en materia de relaciones entre las grandes constructoras y los gobiernos.

La precipitada retirada en su momento de Isolux Corsan de Brasil, o sus gigantescos problemas en Chile, son parte de este escenario en el cual la desesperación por los concursos de grandes obras públicas lleva a políticas desaforadas por parte de las empresas, lo que incluye concursar a precios de derribo. Estamos sin dudas en un momento crítico en el sector de la construcción en el cual las dificultades para obtener contrato, por la escasez mundial de obras de un lado y el hundimiento de un modelo basado en la corrupción para generar negocio del otro, chocan con la feroz competencia internacional e insinúan una crisis de capital.

Es decir una dimensión de capital que es imposible de rentabilizar en el escenario actual de la economía a escala internacional. No llama mucho la atención que en este contexto la “contabilidad creativa” se convierta en algunas empresas en un recurso de primer orden para mantener el interés de los accionistas. Esto pone sobre la mesa una realidad, que las empresas constructoras y de ingeniería con menor dimensión están en mejores condiciones de capear la crisis. En cuanto a las grandes, la van a pasar mal. En realidad ya lo están pasando…

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