edición: 2911 , Lunes, 24 febrero 2020
05/07/2018

La firma del acuerdo entre sindicatos y patronal se produce en medio de signos de un “fin de ciclo”

Los incrementos pactados en el acuerdo de negociación colectiva no reponen el aplastamiento salarial
Carlos Schwartz
Sindicatos y patronales firman hoy el acuerdo de negociación colectiva 2018-2020 que establece un incremento de hasta el 2% por año más un 1% condicionado a una serie de parámetros relacionados con la productividad y el absentismo. Mientras tanto, el Gobierno habla de su objetivo de recuperar la negociación de los convenios, y se plantea la posibilidad de modificar que no derogar la reforma laboral del Partido Popular, responsable de algunos de los dramas del empleo en España. En particular los contratos precarios, la posibilidad de pagar por debajo de convenio por parte de las subcontratas, o la pérdida de la ultraactividad de los convenios, asuntos que en algunos casos trabajosamente subsanan los juzgados de lo social. El acto de la firma se hará ante la mirada de la actual ministra de Trabajo Magdalena Valerio y de su predecesora la ex ministra de Empleo Fátima Bañez en tanto que el proceso se ha gestado bajo esta última. Los sindicatos que de forma cada vez más intensa semejan representantes de la patronal entre las filas de los trabajadores han ratificado de forma mayoritaria los acuerdos. Los incrementos pactados en ningún caso reponen ni de forma remota la pérdida salarial que ha sufrido la fuerza laboral en España tras la crisis financiera internacional y la recesión subsiguiente con la consecuencia en España de un verdadero aplastamiento salarial. 
Es una operación sin precedentes desde la transición democrática y de una magnitud pocas veces vista, aunque el imperativo de la devaluación interna impuesta por la política de la Unión Europea (UE) no se ha limitado a España, y su efecto se ha sentido en general en todos los países con crisis significativas, como el caso de Irlanda.

Mientras en España se pacta un 2% con un 1% suplementario condicionado, los incrementos salariales obtenidos en 2018 en Alemania han sido del 4%, y en algunos sectores en Francia se reclaman incrementos de hasta dos dígitos como el caso de los empleados de Air France que han forzado la dimisión del presidente de la compañía con su movimiento de huelgas. La tripulaciones de cabina de Ryan Air tienen prevista esta semana medidas de fuerza en varios países de Europa.

Mientras, de acuerdo con los datos de Eurostat el incremento medio de la remuneración por hora en la zona del euro entre marzo de 2017 y marzo de 2018 ha sido del 2%, lo que implica que España ha quedado colocado con un año de retraso en la media interanual hasta marzo. El Gobierno de Pedro Sánchez, que no ha tenido ni arte ni parte en esta bufonada, señala con razón que carece de los votos necesarios para derogar la reforma laboral y acometer una nueva… por ello preconiza la modificación del artículo 42.1 del Estatuto de los Trabajadores “para garantizar la igualdad en las condiciones laborales de los trabajadores subcontratados” como reza la proposición de ley publicada por el boletín oficial de las Cortes el 9 de septiembre de 2016 en un intento frustrado del PSOE de hacer pasar por las Cortes esa medida.

Sindicatos y patronales manifiestan de forma directa o indirecta su acuerdo con esta modificación por distintos motivos. Las patronales fundamentalmente porque la posibilidad de pagar salarios por debajo de las condiciones de los convenios de los trabajadores que las subcontratas sustituyen en la empresa contratante crean condiciones de competencia desleal entre empresas. Esto es particularmente notorio en el caso de las grandes empresas. Es una situación que por otro lado ha dado origen a muchos conflictos laborales en varias ramas de la industria en particular del metal como es el caso de la industria automotriz y naval. 

Para los sindicatos es además un factor de presión sobre las plantillas que se ven permanentemente bajo la amenaza de la sustitución de empleo fijo por el precario de las subcontratas, además de la presión salarial indirecta que limita su posibilidad de acción en la reclamación de mejoras. Esta coincidencia de intereses con las patronales puede permitir a Sánchez reunir los votos necesarios para modificar el artículo 42.1, lo que desde luego no resuelve los problemas de la reforma laboral. Mientras tanto la conflictividad motivada por la precariedad laboral, las condiciones de trabajo y los niveles salariales se ha disparado en España desde el año pasado de forma significativa.

Una huelga del metal con seguimiento masivo en la Bahía de Cádiz el pasado 13 de junio en respuesta a la muerte en accidente laboral de dos trabajadores de una subcontrata en un astillero de Puerto Real en mayo, que contó con la oposición de CCOO y UGT y fue calificada de ilegal por la patronal FEMCA, fue un éxito absoluto. Al frente de la huelga hubo tres sindicatos minoritarios. Esto parece una clara advertencia a los grandes sindicatos sobre las consecuencias que ha tenido su papel durante la crisis y su falta de reflejos a la hora de defender los derechos laborales y los niveles salariales en España. 

Pero el hecho es que en la medida que la mejoría de la situación económica en Europa ha ido filtrándose con lentitud hacia los salarios hay un verdadero abanico en materia de ingresos en el cual la remuneración de los trabajadores españoles va a la zaga. El problema en realidad es que de conjunto la situación económica global insinúa de forma creciente un final de ciclo económico con significativas posibilidades de desaceleración del crecimiento. 

Los informes de la actividad empresarial publicados esta semana indican que las exportaciones que crecieron a buen ritmo en 2017 han sufrido al comienzo de este año una fuerte desaceleración. El fenómeno se ha traducido en caídas en las bolsas de países emergentes con fuerte dependencia de las exportaciones como Corea. Los datos sugieren que el crecimiento sincronizado de la actividad económica global que ha sido el principal soporte de los mercados de capitales y de los beneficios empresariales el año pasado se está agotando, incluso antes de que las sanciones previstas por la guerra comercial a tres bandas en curso hayan realmente entrado en vigor.

Mientras el índice PMI para la eurozona ha mostrado al final del primer semestre del año una mejoría con un 54,9 frente a una previsión de 54,8 el sentimiento empresarial no está a la altura de esos indicadores. La lectura final del índice PMI de junio con ser superior a lo esperado muestra también que “su promedio en el segundo trimestre con un 54,7 es el más débil que se registra desde el último trimestre de 2016”, de acuerdo con Markit. 

Mientras tanto, el crecimiento que había pasado por una desaceleración en la eurozona en el primer trimestre de este año muestra signos de recuperación, a pesar de lo cual el economista jefe de Markit, Chris Williamson, señala que se registra “un debilitamiento del optimismo empresarial que ha supuesto un mínimo en el último año y medio que refleja la intensificación del nerviosismo sobre las perspectivas de la economía, de forma notable en las manufacturas, en la medida que la guerra comercial se intensifica”. Lo cual parece indicar que los incrementos salariales llegan cuando la economía global muestra una vez más signos de agotamiento.

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