edición: 2328 , Lunes, 23 octubre 2017
11/12/2013
Mensaje duro a los europeos

Lagarde denuncia la incongruencia de los Gobiernos con la crisis

Advierte de la contradicción de cantar victoria con 19 millones de parados
Christine Lagarde, presidenta del FMI
Juan José González

Christine Lagarde ha hablado. Lo ha hecho sobre un tema recurrente: la recuperación de Europa. Que la directora gerente del FMI sea europea y, por tanto, en esa condición muestre una singular propensión a interesarse por los problemas de su continente, es valorado a día de hoy con división de opiniones. Dice la responsable Lagarde que quizás sea mejor seguir cavando la zanja de las reformas que cantar victoria porque la recuperación de la que ya presumen algunos socios europeos no parece que vaya a ser sostenible. Debe pensar en su extrema fragilidad o que quizás, no sea una recuperación auténtica. Pero no se queda ahí, como acostumbra, y apunta soluciones para no caer en el conformismo de lo que parece que es pero sin serlo. A saber: que hay que resucitar el crédito, apoyar la demanda, bajar la deuda e impulsar el mercado laboral. A primera vista uno se pregunta cómo es posible que no se les haya ocurrido antes, puesto que son objetivos muy razonables. Pero a continuación se descubre que lo que realmente pretende es apoyar una nueva vuelta de tuerca a sus compatriotas, los europeos.

Se basa Lagarde en estimaciones subjetivas del mercado. Habla en su discurso de importantes progresos realizados en estos últimos meses, en un año, y los adorna con las primeras señales de crecimiento económico en países como España. Son progresos después de una larga caída en un pozo que se creía sin fondo. Es evidente que no se trata de un accidente como tampoco producto de la casualidad, sino más bien son el resultado de sacrificios y de numerosos cambios normativos. Es decir, lo que los responsables políticos denominan progreso, es un ingente cúmulo de reformas que han conducido a la recuperación parcial de los desequilibrios económicos, al mismo tiempo que han provocado el desequilibrio en el mercado laboral. En suma; los mercados financieros se recuperan, vuelven los beneficios empresariales y se reducen los riesgos de la deuda soberana. Y para Lagarde es todo un éxito haber participado en el logro de la salvación de la moneda única europea.

Pero los progresos logrados no dan para mucho más que una alegría tibia. Los países más golpeados por la crisis parecen haber logrado frenar la caída del empleo mientras contienen los gastos, las deudas, el déficit. Los progresos logrados siguen sin llegar al 12% de la población activa que sigue sin encontrar un trabajo en Europa, el continente de Lagarde, donde uno de cada dos jóvenes está desempleado. Es la realidad que permanece detrás de la recuperación del beneficio empresarial, de la corrección de los desequilibrios macro que no dejan funcionar bien el sistema. Las reformas del mercado laboral, en España después de dos años largos, siguen sin llegar con fuerza y el avance de un mes acaba siendo cercenado por el siguiente.

Y es que últimamente los inversores respiran mayor optimismo. Prueba de ello es que regresa el dinero a Europa, entra en los mercados de acciones, en deuda y en empresas. Es una tendencia alcista que se quiere mantener a base de confianza. Sin embargo, Lagarde sugiere a los gobernantes y, de paso, a los inversores, que moderen sus reacciones, que modulen los cantos de victoria y dosifiquen el optimismo reservando fuerzas para más adelante, no vaya a ser que la recuperación se desinfle. Pero de ahí a cantar el final de la crisis, como quieren anunciar algunos socios de la Unión Europea, media un abismo, median 19 millones de parados (el 12%) en la zona euro (y más de 26 millones en la Unión Europea) según Eurostat. 

Es por ello que Lagarde llama a la moderación en cantar victoria y sugiera el concurso urgente de los países para resucitar el crédito, aplicar políticas de apoyo a la demanda y seguir reduciendo las deudas. La solución parece que es la buena, hay coincidencia en el diagnóstico, si bien, todo ello debería pasar porque todos los implicados coincidieran igualmente en la terapia, al mismo tiempo y con la ayuda de fondos del BCE y del FMI. Sería la única vía para que las reformas a las que hace mención la directora gerente del FMI, y a las que denomina "el buen camino", lograsen reducir a niveles `sostenibles´ el desempleo. Por esta vez, parece que Lagarde acierta en recomendar a los europeos que dejen de soñar despiertos.

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