La guerra comercial desaconseja cualquier cambio en la política
edición: 2534 , Viernes, 17 agosto 2018
04/04/2018
El BCE, obligado a modificar los plazos

La guerra comercial desaconseja cualquier cambio en la política monetaria europea

Empresas y Estados no parecen estar preparados para los efectos de una guerra de aranceles, mientras en Europa ya se habla de frenar la retirada de los estímulos monetarios
Juan José González
El riesgo, en casi todas sus vertientes, está cotizando en Bolsa, en los mercados financieros mundiales. Ésta es, precisamente, una de esas vertientes, y seguramente la más inquietante dada su posible intensidad futura, su profundidad y hasta su más que compleja posibilidad de discernir en su deriva habida cuenta que en su inicio depende de la `razonabilidad´ del presidente norteamericano Donald Trump. Su particular guerra comercial mundial, ya de hecho con consecuencias evidentes para las empresas europeas, es hoy un jeroglífico enigmático que, seguramente, ni los suyos, sus asesores y familiares más cercanos están en posición de resolver. La guerra comercial, con sus ya efectivos aranceles en marcha, aprobados también a marchas forzadas, tendrán una repercusión directa en los precios de los productos de consumo, y por tanto, se sugiere que las tasas de inflación se preparan para lo peor, que, en este caso, se producirá en forma de escaladas. La tensión política, así trasladada a la económica por la vía comercial, por tanto, ya está alterando el futuro de las empresas, sus previsiones de ventas y sus costes. Claro que, si se mantiene la máxima de que si la locomotora económica mundial tira con fuerza, síntoma de la buena salud reinante (EE UU no estornuda) Europa y el resto del mundo estarán a salvo de cualquier resfriado. Esto, hasta ahora funcionaba con bastante precisión, incluso, se concedía un plazo de cadencia para acompasar el ritmo del catarro de entre siete y nueve meses. La duda, sin embargo, es si a tenor del movimiento político comercial iniciado por EE UU, es conveniente el cambio de política monetaria en Europa. El BCE estará meditando a buen seguro si mantiene la calma o se arriesga en apoyo del crecimiento.
Y no parece, por el momento que la economía estadounidense vaya a perder ritmo como para que su índice de desempleo, el mejor de los últimos 17 años, se frene de forma estrépita en el corto plazo o a decaer en el próximo trimestre. Por tanto, y a pesar del `calentón´ político comercial del presidente norteamericano, se diría que no se atisba recesión, lo que no evita que los inversores ya hayan identificado en la maniobra del presidente norteamericano un riesgo a medio y largo plazo, un ingrediente importante para la recesión. 

El panorama en Europa, si bien en el corto plazo está influenciado por el nerviosismo provocado por la incertidumbre y las incógnitas que se pueden abrir a partir del movimiento norteamericano, se mantiene en una fase de dulce expansión económica, con niveles de desempleo en descenso (en mínimo histórico el alemán) y con tasas de gasto y consumo familiar que prometen continuar alimentando el crecimiento económico. En cualquier caso, los responsables del BCE no parecen sentirse muy preocupados por los vientos que llegan de EE UU y continúan con la retirada suave de los estímulos monetarios y la reducción de las compras de deuda.

Otro asunto es la reacción de las empresas norteamericanas y sus filiales y participadas en Europa, cuya reacción inmediata, continuando con las reacciones a la reforma fiscal del presidente Trump, al giro en su política comercial arancelaria ha provocado una reacción general en los mercados, y en particular, en las bolsas europeas que ha disparado la volatilidad hasta niveles un tanto olvidados, y recortes en valores principales. Una reacción de los inversores que lleva a sospechar que en el corto plazo es probable que se vean más influenciados por los tipos de interés y las reacciones de respuesta a EE UU de los países más afectados por las medidas arancelarias que en la marcha de las empresas y sus resultados trimestrales.

Así las cosas, con este escenario político comercial en trance, en movimiento de cambio, las bolsas cuentan con los principales ingredientes que asegurarán la volatilidad en el trimestre recién iniciado, un tiempo en el que se pondrán a prueba las carteras de renta variable que habían confiado su avance a la continuidad de la expansión económica mundial, ahora amenazada en parte por los posibles efectos de la guerra comercial. Y el nuevo patinazo de los mercados bursátiles parece confirmar que el primer efecto ha calado entre los inversores y que, si nada lo remedia, el mensaje es de continuidad de los efectos.

Si se califica al movimiento arancelario como un evento temporal, de corto plazo, motivado en el empeño del presidente norteamericano de enviar mensajes de liderazgo al resto del mundo, las consecuencias serán limitadas y no pasarán más allá de un episodio de volatilidad puntual. Pero si este tipo de iniciativas persiste en el tiempo es más que probable que el riesgo de recesión se convierta en realidad. Y en el terreno de los riesgos probables también es probable que ni los Estados europeos ni las empresas se encuentren en una posición de afrontar un escenario futuro en el corto y medio plazo de subida de tipos. La elevada dependencia de la deuda es el principal inconveniente.

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