edición: 3073 , Viernes, 23 octubre 2020
26/05/2020

La industria petrolera estadounidense frena su producción al borde de una ola de concursos de acreedores

Fitch espera una alta tasa de impagos de la deuda de alto riesgo emitida por petroleras no convencionales
La producción cae, no porque se haya acordado una reducción de la extracción de crudo con la OPEP y sus socios externos, sino porque las empresas del sector no convencional han bajado el ritmo de perforaciones
Carlos Schwartz
“La industria no era rentable con el barril a 50 dólares así que festejar que el barril esté a 33 dólares más que un gesto de optimismo es una actitud de inconsciencia”, señala una fuente del sector del trading de crudo que tiene su centro de operaciones en España. Hace escasos días el presidente estadounidense Donald Trump saludó en Twitter lo que denominó el resurgimiento del sector del petróleo. Pero su gestión del problema se asemeja más a la de un embalsamador de cadáveres que a la de un político realista. La crisis del sector del 'shale' provocada por la fuerte caída de los precios que hace un mes colocó al barril de crudo en precios negativos por primera vez en su historia no cede. La operación de concertación de una reducción de la producción para contener la caída de los precios y estabilizar los mercados ha sido de corto vuelo. La cuestión central sigue siendo la demanda y nada cambiará realmente en el sector hasta que no haya una recuperación del consumo lastrado por el confinamiento global. Mientras tanto el ritmo de los concursos de acreedores a pesar de la mejora de los precios del West Texas Intermediate (WTI) van a subir. Los despachos de abogados activos en el sector consideran que la ola de quiebras se va a sentir realmente en el verano. El fenómeno del 'shale' prácticamente duplicó la producción de crudo estadounidense desde el 2008, colocando a Estados Unidos en los niveles de producción de países como Arabia Saudita. 
Los grupos petroleros independientes más grandes de Estados Unidos, que son el corazón del crudo y gas no convencionales, arrojaron pérdidas por 26.000 millones de dólares en el primer trimestre de este año. De acuerdo con la consultora y proveedora de información Rystad Energy las amortizaciones en los balances de las principales petroleras estadunidenses superaron los 38.000 millones de dólares provocando que las pérdidas netas superen holgadamente el promedio de los pasados seis años que fue de 2.900 millones de dólares. Esto es en parte el resultado del modelo de explotación del crudo y gas no convencionales que tiene márgenes estrechos por sus altos costes. 

Esto obliga a que las empresas activas en el sector deban apalancarse con múltiplos muy altos mediante deuda de alto rendimiento, es decir emitiendo bonos basura. Los analistas consideran que puede haber unas 250 quiebras en este sector si no hay un incremento significativo de los precios en un horizonte próximo. Hasta el momento este año 17 pequeñas petroleras se han presentado en concurso de acreedores solicitando protección judicial con una deuda combinada de 14.000 millones de dólares. Rystad considera que hasta finales de año las concursadas sumarán 73 y que el próximo año serán 170 si los precios no suben.

Mientras tanto, la producción cae, y no porque se haya acordado una reducción de la extracción de crudo con la OPEP y sus socios externos, sino porque las empresas del sector no convencional han bajado el ritmo de perforaciones. De acuerdo con la empresa de servicios Baker & Hughes la cantidad de equipos de perforación trabajando ha caído a su nivel más bajo desde 2009. La relevancia de este hecho radica en la modalidad del sector. Los pozos de crudo no convencional y las perforaciones para gas tienen un rendimiento muy alto en sus comienzos, pero se agotan con rapidez. Esto obliga a mantener una alta tasa de perforaciones para sostener el ritmo de producción. 

Este hecho es parte de los altos costes del sector. Las empresas del 'shale' han reducido de forma drástica sus presupuestos de perforaciones para este año y las mayores 15 empresas por capitalización han recortado su gasto un 48%. Un total de 46 productores independientes estadounidenses planificaron un gasto en producción este año de 38.000 millones de dólares, el más bajo en valor desde el 2004. Estos datos indican que la producción va a caer entre un 30% y un 50% de los niveles previos a la crisis acicateada por la ausencia de consumo. Las petroleras independientes más saneadas, es decir que esperan sobrevivir, consideran que el sector no volverá a ser lo que era por varios años.

A mediados de mayo la producción de crudo estadounidense cayó a 11,5 millones de barriles día desde sus máximos de 13 millones diarios. Algunos analistas consideran que la producción ha caído más. Las estimaciones de producción para el año que viene son de 10 millones de  barriles diarios considerando que dos tercios de los equipos de perforación han sido paralizados desde marzo. De acuerdo con los datos de la operadora de oleoductos Plains All American Pipeline los productores cerraron el grifo en mayo a un millón de barriles al día en la cuenca Pérmica del oeste de Texas y de Nuevo México. En la cuenca Bakken de 'shale' en Dakota del Norte el recorte fue de 500.000 barriles diarios desde febrero hasta mediados de mayo. El Departamento de Energía estadounidense considera que la producción se va a colocar en los 10,8 millones de barriles diarios el año próximo cuando hace escasos meses consideraba que esa producción en el 2021 sería de 13,5 millones diarios. Parte de la crisis de este sector es la caída en la oferta de dinero por parte de los inversores. 

Las empresas petroleras independientes han invertido en producción, es decir perforaciones y extracción, 1,18 billones de dólares en 10 años y han obtenido caja por 819.000 millones de dólares, lo que demuestra que la rentabilidad del sector no está cerca de un equilibrio. Esto implica que el reparto de dividendo y la falta de beneficio, ha desgastado a los inversores que han sido quienes han pagado la fiesta. El año pasado los productores estadounidenses lograron levantar capital por importe de 23.000 millones de dólares mediante acciones y deuda, comparado con los 57.000 millones que recaudaron en 2016. Los inversores se agotan y los bancos enganchados en los créditos improductivos se ven obligados a amortizar deuda impagada. Todo parece indicar que para el 'boom del shale' la fiesta ha terminado, al menos de momento.

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