edición: 2862 , Martes, 10 diciembre 2019
13/11/2019
La inversión extranjera en juego

La inestabilidad política se suma a la regulatoria, legal y fiscal y frena la inversión extranjera

Un nuevo Gobierno progresista se convierte en un mensaje morboso para la inversión extranjera, que esperaba renovar la confianza en la deuda pública
Juan José González
El mercado español está experimentando un claro fenómeno de rechazo para los inversores extranjeros a propósito de la inestabilidad regulatoria, de la incertidumbre fiscal y legal, de la crisis de crecimiento que no podrá eludir finalmente, a la vuelta de la esquina y con la nueva inestabilidad del poder Ejecutivo. Todo cuenta para los analistas de inversiones y todo sirve para tomar una decisión de inversión. Y así, también todo lo que eran puntos favorables o fuertes para invertir en el país se han dado la vuelta y se han convertido en dudas para el crecimiento, para la competitividad y para el destino final de las inversiones internacionales. El mercado español parece diluirse en el mapa mundial y se difumina para desaparecer durante el tiempo que dure la inestabilidad. Ahora, de repente, lo que se había convertido en las últimas décadas en el punto más fuerte de la economía española, el destino más atractivo para la inversión extranjera, deja de serlo y se frena por el cambio de las condiciones generales que habían convertido el mercado español como el más interesante desde la entrada de España en la Unión Europea. Inversores internacionales que perciben mensajes `antiempresa´ que eliminan cualquier oportunidad de considerar el mercado español como un destino competitivo. Y en ausencia de la inversión extranjera, el motor del crecimiento de la economía española dejará de funcionar en breve.
La inversión extranjera se había revelado en las últimas décadas como el motor de desarrollo de la economía española, imprescindible para el crecimiento y por tanto para la creación de empleo. Llegaba el dinero por la estabilidad regulatoria, también por la seguridad legal y fiscal. España era un mercado competitivo con más puntos fuertes que los vecinos franceses o italianos. Era el destino ideal, preferido y más demandado por la inversión internacional. Contaba con el potencial de los mercados emergentes y con la seguridad legal de los Estados consolidados. La inversión era rentable para los inversores y beneficiosa para el país y en particular para la deuda pública.

En algunos momentos los gobernantes advirtieron que lo que era en realidad favorable para el crecimiento y desarrollo de la economía y el bienestar del país, se estaba convirtiendo en un peligro, en una debilidad evidente: la dependencia elevada de la economía del dinero extranjero. En términos de recursos, la inversión extranjera es financiación exterior. Y el dinero también ha venido financiando de la deuda pública española, que no ha faltado a la cita en momentos delicados de riesgo para la economía española. En otros, sin embargo, mostró su peor cara, obligando a una subida de los tipos de los bonos españoles a diez años.

La importancia de la inversión extranjera, tanto si se produce como si se retira, puede medirse en términos de intervención institucional. En este sentido, recordar que en 2012, en medio de una crisis profunda de la economía española, el Banco Central Europeo intervino para evitar la huida de la inversión extranjera del mercado español, que en ese momento estaba amenazada por una posible salida de la disciplina del euro. Entonces, la sangre no llegó al río. Pero los inversores entendieron que España era un mercado inestable y no recomendable para la inversión extranjera.

Es probable que desde entonces, 2012, las autoridades españolas no se hayan preocupado por mantener las constantes vitales que necesita la salud del mercado para que los inversores extranjeros muestren su interés. Un peligro que deja abierta la posibilidad de que los inversores valoren otros destinos más atractivos y no pasen por la puerta o regresen y no vuelvan a entrar. La facilidad de movimiento de la inversión, en particular, su movilidad geográfica, ha aumentado el riesgo de salida de capital o de la llegada del mismo.

La permanencia de los inversores en activos de renta fija y variable no está garantizada por ningún mecanismo físico, automático o matemático. Tan sólo obedece a criterios de rentabilidad y estabilidad. De una mezcla o combinación determinada de ambas. Por eso es imprescindible garantizar la permanencia de la inversión extranjera en la economía española. Un bien escaso y difícil en el pasado que llegó a cambiar la estructura financiera y económica del país. De ahí que sea imprescindible nueva regulación favorable a la inversión extranjera que deberá ser combinada en la proporción adecuada con la estabilidad que sólo las autoridades políticas pueden aplicar.

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