edición: 3025 , Viernes, 7 agosto 2020
18/06/2020
banca 
El alto coste de la prudencia, que no paga el supervisor

La ”intervención” de dividendos por el BCE choca con la necesidad de liquidez para el consumo

La medida prudente puede volverse imprudente si los ahorradores y los inversores interpretan que la prohibición de hoy puede ser recurrente en el futuro
Juan José González
Razones políticas y económicas se combinan en desigualdad en la decisión del Banco Central Europeo (BCE) de prohibir la distribución de los beneficios bancarios, medida que es efectiva hasta el próximo mes de octubre. Y el sector financiero (apoyados por otros sectores) ha reaccionado por el desequilibrio que supone en la decisión del supervisor el componente de prudencia, criterio que en estas circunstancias de crisis resulta ser más político que económico. Pero el problema de la prohibición de pago de dividendos bancarios no se limita a este período considerado por el supervisor bancario como "fase de ponderación" y aceptado con resignación por el sector, sino que trasciende a octubre, pues parece ser intención del BCE la prolongación de la prohibición más allá de esa fecha. Una primera consideración al respecto apunta a la, en principio, contradicción que puedan tener los efectos de la privación del dividendo a los accionistas, ahorradores y consumidores que ven limitada su capacidad de disponible, liquidez y por tanto de gasto y consumo. Precisamente en el momento en el que parece que no sería la medida más conveniente si lo que se pretende es reactivar la economía. Y la segunda consideración, la valoración del sector que hagan los mercados de una medida que, en términos de realidad financiera, es interpretada como una intervención del reparto de beneficios.
Retener el beneficio, aunque sea muy útil en el corto plazo, para reforzar el capital y la solvencia de los bancos, se va a convertir a medio y largo plazo en una limitación -otra más- importante al crecimiento del negocio bancario y, por tanto, a la posibilidad de mejorar los márgenes. El aplazamiento del pago de dividendos conlleva en muchos casos un cambio de planes en la estrategia de un banco y llega a modificar su plan estratégico.

Pero la medida del BCE tiene otro efecto más, tan pernicioso como los señalados, como es su impacto en los mercados financieros y, en particular en el bursátil. Para empezar, los inversores cambian, obviamente, su percepción sobre el sector al tiempo que modifican los beneficios esperados. Caen las cotizaciones de los bancos porque los inversores abandonan, venden en busca de otros sectores que aporten retribución del capital. En este sentido, la imagen que dibuja el sector bancario en el mercado bursátil puede ser el reflejo de una medida que como la aplicada por el BCE no puede ayudar a mejorar las valoraciones.

Si el sector no va bien en Bolsa, los inversores y los ahorradores difícilmente mantendrán su dinero en los valores bancarios, porque entre otros, es el único sector que hoy parece estar `castigado´ o `intervenido´ -sus dividendos-, lo que al mismo tiempo traslada una sensación de inseguridad futura: si las autoridades han decidido prohibir el reparto de beneficios en esta ocasión, nada impedirá -pueden interpretar inversores y ahorradores- que no vuelva a suceder en el futuro, luego, habrá que pensar si el sector es una buena opción para mantener el dinero.

Los temores del sector bancario parecen estar justificados desde el momento en que el supervisor no emite señales de preocupación sobre la solvencia de la banca y según indican las primeras proyecciones sobre los beneficios estimados para el futuro no se atisban quiebras ni grandes rescates que pudieran justificar la prolongación de la prohibición más allá de octubre. Para el BCE, la prohibición de reparto del beneficio es una medida más de prudencia cuya revocación, aseguran en Fráncfort, está supeditada al tiempo y fortaleza de la recuperación de la economía, si bien, poco o nada se dice al respecto sobre la estimación del supervisor.

En el fondo de la cuestión (la prohibición de pagar dividendos) se está valorando también la responsabilidad del sector bancario por la que se estaría poniendo en duda la decisión que puede tomar una entidad y que podría llevar al absurdo, pues no cabe pensar que un banco con dificultades o justo de liquidez y beneficios se exponga a repartir un dinero que va a necesitar nada más haga efectivo el pago del dividendo. Aunque se sospecha que el supervisor sí cree que pudiera darse en caso, un riesgo que eliminaría si aplicase el criterio de prohibir el reparto de beneficios de forma individual y vez de considerar del mismo modo a todo el sector bancario, con independencia de riesgos, morosidad, solvencia y otras ratios.

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