edición: 2864 , Jueves, 12 diciembre 2019
06/11/2019
Riesgos políticos y también económicos

La inversión empresarial bloqueada, pendiente de las medidas del nuevo Gobierno

Se muestran escépticos sobre el resultado del próximo domingo y no creen que el Ejecutivo traiga la estabilidad necesaria para desbloquear la inversión
Juan José González
Los pronósticos parecen apuntar hacia una repetición de los resultados de las pasadas elecciones, situación condicionada por la fuerte dispersión de los votos, común denominador de las últimas consultas electorales. Luego, la sensación que percibe el mundo empresarial y financiero difícilmente podrá ser diferente a la que transmiten en la actualidad. Apatía y desconfianza, una mezcla que envuelve el sentimiento empresarial, el mismo que mantiene la inversión con el freno echado desde hace varios meses, quizá desde finales del pasado ejercicio, cuando se conocieron las cifras del parón inversor al tiempo que comenzaron a llegar los primeros síntomas de una desaceleración que se ha confirmado hace apenas tres meses. No parece que las fuerzas políticas en liza ofrezcan muchas garantías para lograr la estabilidad necesaria, la que ayude al crecimiento de la inversión y a la creación de empleo, obstáculos que se hacen patentes para el futuro en la medida en la que no se atisban soluciones en los programas electorales como tampoco se desprende de las declaraciones de unos y promesas de otros para el caso en que llegaran al poder. Como reflejaba una encuesta de una consultora internacional, que analizaba el optimismo de los empresarios españoles tras el verano, sólo se muestran optimistas aquellos que se encuentran inmersos en inversiones en negocios tecnológicos. El resto ha echado el freno de la inversión y no pone fecha para recuperarla.
Se mantienen las inversiones en tecnología, se ralentizan en bienes de equipo y se frenan las inversiones en los nuevos o en la ampliación de los negocios en marcha. Se impone la cautela por la inestabilidad política, la desaceleración económica en marcha procedente de China y la ralentización en Europa, donde ya se registran los primeros episodios de recesión en Italia. Demasiados frentes abiertos para un sector empresarial y financiero temeroso, cauto y desconfiado de la pericia y talento (escaso) de los actuales gobernantes y líderes políticos de la oposición.

Las inclemencias políticas se reflejan en la economía, donde los empresarios perciben un clima inestable, de riesgo creciente, de cambio en los mercados, en sectores básicos para el PIB nacional como el turismo o el sector industrial. Con numerosos frentes abiertos, Cataluña es el ruido más evidente pero no lo es menos los riesgos que proceden del exterior. Se mantiene el pulso comercial entre las dos grandes potencias mundiales, afectando al comercio y por tanto golpeando los balances y cuentas empresariales. El clima político, caliente y sin control, transmite inestabilidad a los empresarios inversores.

Las dinámicas económicas se frenan por el freno de los inversores y la preocupación empresarial por el resultado de las urnas. En estas se juega el país la estabilidad social como también la seguridad para algunas compañías que como los constructores de automóviles dan empleo a decenas de miles de trabajadores en varias factorías a lo largo de la geografía española. Una industria del motor muy sensible en uno de los territorios más inestables del país en la actualidad. Tampoco las cifras que ofrece el turismo, la primera industria del país, sirven para crear optimismo, sino todo lo contrario.

Los partidos políticos que estos días expresan su voluntad de reactivar la economía del país, no parecen ofrecer garantías suficientes como para confiar en un cambio sustancial tras los comicios. De sus palabras y programas se desprende que las decisiones de unos y otros tras alcanzar el poder, difícilmente lograrían un cambio en las expectativas ni tampoco garantía de estabilidad. Respecto a los posibles plazos que necesitaría el sector empresarial para regresar a una posición de confianza tampoco los contendientes de la campaña electoral parecen estar manejando ninguna fecha que se pueda considerar razonable y ni siquiera se hace referencia a un Presupuesto del Estado con cierta urgencia.

La formación política que consiga gobernar tras las próximas elecciones tendrá una tarea ingente que necesitará algo más de un mes (como apunta un dirigente político) para poner en marcha el país, más de un par de meses que apuntaba otro líder para lograr un cambio de opinión, del sentimiento empresarial necesario para confiar inversiones y quizá bastante más para comprobar que se recuperan las ventas y crecen los ingresos. Porque no parece que ni a corto ni a medio plazo los empresarios se vayan a volcar en la contratación de personal. La cifra del aumento del paro en octubre, en cerca de 100.000 personas, es bastante elocuente de la dificultad que se encontrará el nuevo Ejecutivo a partir de la próxima semana, máxime cuando se desconocen las medidas que podrían servir para estimular la contratación y la inversión empresarial.

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