edición: 3053 , Jueves, 24 septiembre 2020
30/06/2020
Al término del segundo trimestre

La liquidez apuntala el riesgo de `default´ que planea sobre un tercio de las empresas

En los próximos ocho y doce meses se esperan insolvencias, renegociaciones de deuda, incumplimiento de convenios... Sólo se libran -y por el momento- las empresas de servicios dependientes de las arcas públicas
Juan José González
Los próximos meses van a resultar decisivos para comprobar los impactos de la pandemia en la actividad de las empresas. En realidad, se espera la continuidad de los efectos una vez registradas las primeras caídas de actividad industrial, de la demanda de bienes y servicios, así como del consumo de particulares. La primera ola del tsunami ya ha impactado en la mayoría de las empresas y ahora se espera a conocer la segunda. Será más profunda y grave, y sus consecuencias provocarán otros daños, mayores aún que los de la primera ola. Pero por el momento, al término del segundo trimestre, lo que equivale a medio ejercicio anual, no se registran `defaults´ entre empresas cotizadas, financieras y no financieras, del sector minorista, de servicios. Lo que no resta para que estén resultando ser las más afectadas en los últimos cien días. En todo caso, los registros oficiales no están dando cuenta de bajas por quiebras en empresas medianas y tampoco de mayor tamaño entre las cotizadas, algo que los expertos, las entidades financieras y las calificadoras de rating atribuyen a las condiciones favorables que presenta el mercado para conseguir liquidez. Y parece que en abundancia puesto que tampoco los impagos están resultando destacadas menciones por su volumen: en la medida en la que fluye el crédito no se registran problemas de liquidez y, por tanto, no debería haber impagos.
Una situación que contrasta, sin embargo, con las malas perspectivas empresariales y económicas para los próximos trimestres. La primera fase (primera ola del tsunami) de la crisis parece haber mostrado una fuerte capacidad de reacción por parte de las empresas, con planes de contingencia y medidas específicas para evitar la debacle, no se han registrado episodios de bloqueo de crédito. Y las autoridades políticas y económicas han reaccionado con rapidez, constituyendo avales que, en principio, pueden resultar suficientes pues no parece que las empresas estén demandando más liquidez, algo que deberá ser ratificado a medida que transcurran los meses, como también ampliados los avales. 

Mientras tanto y en ausencia de `defaults´ en empresas cotizadas o calificadas por las agencias de rating, las empresas contienen la respiración y toman medidas de cara al nuevo escenario (en parte desconocido) que puede crearse en los próximos ocho o doce meses. La banca ya cuenta con un mapa bastante completo y exacto de la situación que viven muchas cajas empresariales. No advierten cuadros de insolvencias provocados por la falta de liquidez, tampoco se observan incumplimientos de convenios y sí casos puntuales pero no significativos de canjes de deuda. "La sangre no llega al río todavía y es probable que se pueda evitar si el Gobierno amplía los avales y planifica ayudas fiscales para fin de año", destaca un alto directivo del sector bancario.
 
Que las insolvencias no sean noticia o que los impagos no hayan hecho su aparición en medianas empresas no significa que los bancos no cuenten con estos avatares, variables fijas y reiterativas en cualquier situación de crisis. Y esta, precisamente, no parece que vaya a ser la excepción. Las expectativas de los gestores de riesgo son muy claras: el paso del tiempo incrementa la posibilidad de impagos porque la propia naturaleza de los riesgos. Coinciden con esta opinión algunos análisis de rating  recientes a propósito de la evaluación de riesgos y las perspectivas de rating de buena parte de las empresas españolas. Análisis que concluyen con una visión optimista a corto plazo (sin problemas de liquidez, ausencia de impagos...) pero negativa y preocupante para el medio y largo plazo. 

Según destacan calificadoras como Moody´s, un tercio de las perspectivas negativas ya han afectado a empresas de los sectores minoristas y de servicios a empresas, lo que se interpreta en el mercado como la antesala de una revisión de sus notas de riesgo, algo que más pronto que tarde acabará extendiéndose a todas las empresas. Porque la convicción general es que la solvencia continuará deteriorándose en los próximos meses, lo que a su vez avanza una rebaja generalizada de las calificaciones de riesgo para los próximos doce y dieciocho meses.

En este escenario complejo que dibujan las calificadoras para la mayoría de las empresas, llama la atención, sin embargo, las fortalezas que identifican los expertos en riesgo en aquellas empresas dependientes de las arcas públicas, de las Administraciones en sus distintos niveles, local, autonómico y central, registrando los más altos calificativos de riesgo que comparten con la de inversiones recomendadas, y que ven en Ayuntamientos y empresas dependientes de las Comunidades autónomas como islas al margen de la batalla por la supervivencia. Todo parece indicar que a estas no les afectará el virus; el riesgo de `default´.

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