edición: 2805 , Martes, 17 septiembre 2019
07/05/2019

La lira turca cae tras la anulación de las elecciones municipales en Estambul por la corte electoral

El clima de inestabilidad monetaria que rodea a la moneda se vio incentivado por la decisión política
ICNR
El comienzo de la semana no fue bueno para las monedas emergentes afectadas de lleno por las amenazas de Donald Trump de elevar hasta el 25% los aranceles sobre las importaciones chinas. La posibilidad de una agudización de la guerra comercial cuando los operadores de los mercados esperaban un avance en la línea de acuerdos comerciales entre Washington y Pekín, desató la volatilidad. El efecto se sintió también en los mercados de futuros de Chicago para la soja y el porcino con una caída de precios. Pero la moneda emergente más afectada fue la lira turca. El motivo fue el anuncio de la corte electoral nacional que anuló las elecciones municipales de Estambul y convocó a nuevos comicios en dos meses. La corte ha aceptado los argumentos del partido Justicia y Desarrollo (AKP) del presidente RecepTayip Erdogan, según el cual hubo fraude y otras irregularidades. La maniobra del AKP tiene por objetivo un intento de recuperar el gobierno de la ciudad en la cual el propio Erdogan basó su carrera política hace 25 años. 
La pérdida de las dos ciudades clave del país, la capital Ankara, y el centro comercial del país de Estambul, suponía ceder dos tribunas formidables a la oposición socialdemócrata que podría reforzar desde el gobierno de las ciudades su campaña, en medio de un creciente descontento de la población por la política económica del Gobierno, de inestabilidad monetaria y creciente inflación. La decisión de la corte electoral ha despertado las suspicacias de los inversores sobre los métodos de gobierno del AKP y la pérdida de crédito del presidente Erdogan. 

Los analistas se preguntan si el clima político del país puede eventualmente derivar hacia la agitación que ha caracterizado en el pasado reciente la situación interna de otros países de mayoría musulmana y señalan al ejemplo de Argelia. Al socaire de este clima la lira cayó un 3% en la víspera. Uno de los argumentos esgrimido por fondos de inversión en monedas de economías emergentes es que el Gobierno había anunciado una serie de medidas económicas, incluyendo reformas esperadas por los inversores extranjeros, que ahora quedarán aparcadas al menos por dos meses hasta las nuevas elecciones en Estambul porque llevarlas adelante podría socavar aun más el voto al partido del Gobierno. El margen del triunfo electoral de la oposición en Estambul fue de sólo el 2%, y Erdogan aspira a insuflar entusiasmo en sus seguidores para evitar el escollo de la abstención que puede volver a dar el triunfo al opositor Partido Popular Republicano de corte socialdemócrata.

La junta electoral tiene mayoría del AKP, el partido de gobierno. La fecha fijada para las nuevas elecciones es el 23 de junio. El anuncio de la decisión provocó la ira de los parlamentarios opositores y consternación en Bruselas donde los funcionarios de la Unión Europea (UE) habían hecho llamamientos para que el Gobierno respetara los resultados electorales. Un motivo añadido de crispación es que el año pasado una reforma constitucional dio amplios poderes al presidente del Gobierno, convirtiendo al régimen parlamentario en un engendro presidencialista. Con una economía del orden de los 850.000 millones de dólares de producto interior bruto anual, la creciente falta de transparencia y el manejo discrecional de la economía, incluyendo los enfrentamientos entre el ejecutivo y el banco central en torno a los niveles de los tipos de interés, más el clima político enrarecido, ha elevado las reticencias de los inversores extranjeros. 

Una cuestión central es la desconfianza hacia la disciplina fiscal y monetaria del gobierno, que está en el origen del castigo a la moneda. La lira ocupa el segundo puesto detrás del peso argentino como la moneda emergente con el peor comportamiento en lo que va de año. La moneda turca volvió a traspasar el umbral de las seis liras por dólar que no tocaba desde octubre del año pasado. El banco central adoptó medidas extremas para frenar las fluctuaciones de la moneda, como el cierre del mercado de repos en liras en el exterior para impedir las operaciones de corto plazo contra la lira. La debilidad de la moneda no es una cuestión abstracta. Las corporaciones turcas tienen una deuda en divisas estimada en 200.000 millones de dólares que se ha hecho incobrable por la fuerte devaluación de la moneda que el año pasado cayó un 30% frente al dólar.

El banco central ha incrementado los tipos de interés de referencia hasta el 24% el año pasado con el objetivo de retener los capitales especulativos dentro de las fronteras del país y evitar así la volatilidad de su moneda. Pero al mismo tiempo el nivel de tipos de interés ha frenado la demanda de crédito. El Gobierno ha pedido a la banca que mantenga con vida a las corporaciones dándoles crédito. Pero este es un círculo vicioso. 

BBVA es propietario del 49% del banco turco Garanti en el que ha invertido 7.000 millones de euros pero en el que al mismo tiempo ha acumulado una minusvalía latente de 5.000 millones de euros. El año pasado la tasa de insolvencias para el banco fue del 5%, y los analistas esperan que la morosidad suba hasta un 25% en 2020 por la caída de ingresos de las empresas y las familias. El Garantí se ha tenido que quedar con el 12% de la principal operadora de telefonía y un resort de lujo a causa de las dificultades de pago de sus clientes. 

Por añadidura el producto interior bruto de Turquía cayó en el cuarto trimestre del año pasado un 3%, superando la previsión de los analistas cuyo consenso era una caída del 2,7%. Varios fondos de inversión esperan que en 2019 se registre una caída del PIB del orden del 2,5%. Algunos economistas han defendido medidas de política económica destinadas a sostener a las empresas privadas como forma de evitar tener que llegar a un plan de salvación de los bancos, un extremo que provocaría mucha más inestabilidad económica. El problema es que el Gobierno carece de los recursos necesarios para un programa de financiación a fondo perdido de las corporaciones, una medida pedida por las asociaciones empresariales. Por lo tanto todo parece indicar que al final serán los bancos los que recibirán de lleno el impacto de la crisis. En este contexto la posibilidad de que Ankara solicite ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI) no es una hipótesis descabellada.

Erdogan es consciente de que las “recetas” del FMI pueden acabar con el prestigio político que le queda y en consecuencia se resiste a esta posibilidad.

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