edición: 2785 , Martes, 20 agosto 2019
26/04/2019
banca 
Más errores, menos transparencia, mala comercialización de productos financieros

La litigiosidad jurídica mina el intento de recuperación de la reputación bancaria

Agravada por la descoordinación entre el Banco de España y la CNMV en la supervisión del mercado financiero y la protección de los clientes
Juan José González
Se acaba de conocer que el Banco de España -el supervisor- ha notificado 160 requerimientos correspondientes al primer trimestre del año (la mitad que la de todo el año 2018) a un grupo de entidades financieras para que rectifiquen la publicidad de algunos productos bancarios que comercializan, una cifra que da una idea de la preocupante velocidad a la que crecen los errores de los bancos respecto a la publicidad engañosa. La noticia se une así a otros episodios recientes como los costes notariales de las hipotecas o el escándalo, todavía en los tribunales, de la colocación en Bolsa de Bankia y el precio de sus acciones, etc. Muestra también el fracaso de las labores de supervisión del banco en un asunto en el que debería mantener una coordinación con la CNMV. La Comisión, supervisora de los mercados de valores españoles, tiene también funciones de velar por la transparencia, la protección de los inversores ante productos financieros de todo tipo, siendo su alcance en este sentido la totalidad de los productos financieros. Requerimientos, irregularidades y acumulación de incidencias que siguen socavando la relación entre bancos y clientes y que acaban minando la satisfacción y destruyendo la confianza en las entidades bancarias.
Es por esta razón por la que los requerimientos del Banco de España a los bancos para que corrijan los errores detectados en la comercialización de productos financieros, no ayuda al restablecimiento de la confianza perdida por la clientela. Errores, falta de claridad, imprecisiones, en definitiva, falta de transparencia que tiene su reflejo en la comercialización de tarjetas, créditos de consumo, hipotecas, preferentes y otros productos habituales de la oferta bancaria. 

Se unen como corolario a las colocaciones en bolsa de algunas entidades -Bankia-, a las emisiones preferentes, a las cláusulas suelo y demás gastos de formalización notarial y de registro de hipotecas, conforman un catálogo tan amplio como destructivo de la reputación bancaria. Y todo sin tener en cuenta otros aspectos de la vida y actividad bancaria que, aunque afecten a otro ámbito de la misma, no ayudan a rebajar la lista prolija de cargos y despropósitos que afectan a los directivos del sector. 

La referencia es clara: el uso de tarjetas black por una entidad bancaria o el exceso de alguna política retributiva -pensiones de ex directivos, CEOs y expresidentes- o el escándalo judicial en el que se encuentra inmerso el BBVA por presuntas escuchas y seguimientos a personas son asuntos que cuentan y suman pero que restan confianza y reputación. Porque la reputación bancaria es un asunto que preocupa al sector, ahora mismo enfrascado en un proyecto de comunicación sectorial y restablecimiento de la imagen por episodios recientes (y no tan cercanos).

Así, vendría a añadirse al problema principal el voluminoso número de requerimientos un indicador bastante fiel de lo que sucede, de la tozuda realidad, de las quejas de la clientela que insiste, una y otra vez, en la necesidad de corregir algunas prácticas bancarias nada edificantes, todo lo contrario, pruebas que verifican que algunas entidades del sector siguen toreando la circular del supervisor bancario.

Seguramente algunos recuerden aquel Plan de Educación Financiera, lanzado a bombo y platillo por el Banco de España, la CNMV y el entonces ministro de Economía Pedro Solbes, con la buena intención de mejorar la cultura financiera de la ciudadanía para que pudieran afrontar el panorama financiero -corría el año 2008-. Plan previo a la comercialización de preferentes, swaps y demás productos y que no logró aplacar los problemas que vinieron a continuación. Todo indica que, dado el volumen y tipología de las reclamaciones, quejas y demandas de los particulares, el Banco de España no ha acertado en el control de la transparencia valiéndose de una circular sobre publicidad que ya se consideró anticuada y lejos de la realidad en el mismo momento de su aprobación hace nueve años.

Hablando de educación y también de comprensión y conocimiento de los productos, no estaría de más que los integrantes de las comisiones parlamentarias encargados de los asuntos económicos preguntasen de vez en cuando a los comparecientes sobre su conocimiento de los productos bancarios que supervisan. Nos llevaríamos una sorpresa, una decepción o un disgusto.

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