edición: 2847 , Viernes, 15 noviembre 2019
24/09/2019
banca 
Las calificadoras revisan sus informes del sector bancario

La mejora del rating soberano español anula la esperada rebaja del de la banca

Favorece la reducción de la deuda, rebaja la presión del déficit, las empresas recibirán más inversiones y el sector bancario encontrará más facilidad y demanda de crédito
Juan José González
Las nuevas calificaciones que preparan las grandes firmas internacionales del mercado (S&P, Moody´s y Fich) sobre el sector bancario español, deberán modificarse para tener en cuenta la mejora del rating de España desde "A-" a "A", así como la de su homóloga canadiense DBRS, que asigna una tendencia "positiva" desde la anterior "estable" a la solvencia y calidad crediticia del país. Si bien los razonamientos de estas peculiares empresas sobre los riesgos que analizan suelen ser controvertidos y en muchas ocasiones inexactos o desacertados, no se puede negar su influencia en los mercados financieros. Hecha la salvedad, se puede afirmar que las calificaciones de S&P y de DBRS vienen a confirmar una buena noticia para la economía española que llega en un momento oportuno para el Gobierno, en campaña electoral, conveniente para el sector empresarial y singularmente para el sector bancario, que ya descontaba una revisión del rating negativa basada en la crisis hipotecaria que provoca la opinión negativa del Tribunal de Justicia Europeo sobre la licitud del índice IRPH que el sector bancario aplica a las hipotecas. De esta forma, la mejora del rating soberano español tendría un efecto compensatorio y equilibrador sobre el rating del sector bancario en tanto que anularía los efectos negativos provocados por la crisis hipotecaria.
La mejora de la calificación de solvencia siempre es una buena noticia para un Gobierno y para los sectores económicos, empresas y bancos. Siempre influye positivamente por cuanto confirma impresiones y desmiente situaciones engañosas. Los inversores valoran una nota positiva en términos de confianza al mismo tiempo que las empresas pueden aumentar su demanda y mejorar su posición financiera. En la práctica, un rating soberano abre puertas y elimina incertidumbre, aumenta la confianza de los inversores, de los empresarios y de la financiación bancaria. En este sentido, la mejora del rating soberano equivale a un lubricante que ayuda al flujo del crédito hacia empresas y consumidores. Y para el sector bancario es una buena oportunidad.

Es cierto que llega la mejora del rating en un ambiente electoral, y que éste puede hacer una utilización interesada del mismo. Por ello no pierde los beneficios que comporta una nota de rating soberano de "A" y una tendencia "positiva". Es probable que tampoco llegue al público la bondad del mejor rating, pero en la práctica supondrá mayor confianza en el crecimiento económico anunciado (y revisado) y suaviza en parte el sentimiento de ralentización (pesimismo) que también confirman las agencias de calificación en sus informes.

Los beneficios de una buena nota llegan, por supuesto, para la deuda pública en tanto que puede abaratar su coste de financiación, lo cual aliviará la presión sobre el déficit. Pero también alcanzan al sector empresarial y bancario que seguramente recibirán nuevos inversores, acometerán nuevas inversiones y recibirán crédito en mejores condiciones. En esta parte es donde el sector bancario encontraría el mejor aliado para su financiación y para ofrecer crédito al consumo y a las empresas en condiciones más competitivas.

El nuevo rating soberano confirma la mayor capacidad y solvencia de las empresas, de la banca y del sector público para devolver las deudas. Desde este punto de vista la situación parece idílica, la de un escenario despejado y exento de problemas. Nada más lejos de la realidad, muy cerca de la valoración de la coyuntura política y económica que todavía hoy está sobre las mesas de las calificadoras. Porque se mantiene, a pesar de la mejor perspectiva del rating soberano español, la necesidad apuntada por estas sociedades calificadoras de acelerar la limpieza de los balances bancarios, con fuertes cargas de activos improductivos que lastran las cuentas de resultados y, a su vez, restan la capacidad para obtener mejores beneficios y de mejor calidad. 

Las calificadoras reflejan en sus informes que el sector bancario sigue sin cumplir el ritmo de desinversiones que mantenía en 2018. Los razonamientos de sus análisis indican que al sector bancario le cuesta trabajo hacer los deberes. Las previsiones del sector indicaban un correctivo en las notas de riesgo y solvencia que se publicarán en las próximas fechas. Un castigo que se vio incrementado por la opinión negativa emitida por el Tribunal de Justicia Europeo respecto a la ilicitud del indicador IRPH en el cálculo de las hipotecas utilizado por la banca española. Un hecho que no pasó inadvertido para los analistas de riesgos que consideraban decisivo para revisar la nota del sector bancario y que, sin embargo, puede ser modificado como consecuencia de la mejora del rating soberano.

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