La ministra Calviño, obligada a ejercer con rango de
edición: 2536 , Martes, 21 agosto 2018
06/07/2018
Primeros problemas de coordinación

La ministra Calviño, obligada a ejercer con rango de vicepresidencia económica

El área de economía del Gobierno, integrada por seis ministerios y nueve secretarías de Estado, encuentra las primeras dificultades para lograr la coherencia del programa económico 
Juan José González
Continúan los nuevos ministros la navegación a través de esa fase dulce en la que se impone la emisión de mensajes, aún sin compromiso expreso sobre tiempo y materia, fase o antesala de lo que vendrá luego: la presentación de medidas concretas, planes y objetivos plasmados ya en propuestas, proyectos de ley, o bien, por la otra vía, la más directa y facilona del decreto-ley. Fase de exhibición de posturas, movimientos políticos tácticos en busca de opiniones públicas. Por ahora no hay problemas porque tampoco hay producción legislativa. Sin embargo, el tiempo apremia (máxima que reza en el guion de cada ministro y que siempre recuerda el presidente en todas sus reuniones). En ese darse prisa anda el Ejecutivo pergeñando el desarrollo de la agenda económica que bajo la batuta firme y hasta ahora muy discreta de Nadia Calviño, apura las fechas en julio para ganar el indulto de las vacaciones de la ciudadanía (en agosto). Las primeras iniciativas económicas están previstas para la reentré, el regreso de la población a la rutina de la actividad laboral. Se conocerán las iniciativas legislativas a la vuelta del verano. Será entonces cuando se pueda calibrar si la ministra Calviño concentra efectivamente el poder económico en su departamento, o, por el contrario la iniciativa real de ese poder político económico está disperso convenientemente o la titular de Economía es, de facto, la coordinadora y desarrolladora del programa económico. Si se cumple la primera situación, es probable que a partir de septiembre se produzca la llegada al Congreso de un primer bloque de treinta proyectos de ley sobre asuntos prioritarios, relacionados con el empleo, la financiación autonómica, pensiones e impuestos.
La agenda económica, aseguran en medios del Gobierno conocedores del ritmo que se quiere imprimir a la actividad legislativa, está obligando a los responsables de coordinación legislativa de Moncloa a hacer labores extras, más propias del encaje de bolillos. Nunca fue tarea sencilla coordinar ministerios, pero en las condiciones actuales, con seis ministerios puramente económicos y la obligación de que la maquinaria del Ejecutivo comience a producir proyectos de ley, el cometido se convierte en tedioso.

La labor es, si cabe, más ardua en la medida en que toda la actividad de los seis ministerios implicados en el área económica tienen la consigna de orientar sus propuestas legislativas hacia el mantenimiento del ritmo de expansión económica heredado del anterior Ejecutivo. En este sentido, los seis ministerios económicos cuentan con el apoyo de nueve secretarías de Estado, entre ellas la de Energía, dependiente de un ministerio no económico como es el de Transición Ecológica, lo cual parece orientado a facilitar el trabajo ministerial al tiempo que contribuye negativamente a una coordinación compleja y a su vez a la fuerte dispersión de las decisiones.

Tanta profusión de departamentos económicos, resultado del acopio de materias que deberán concurrir en proyectos de ley, exigen, además de un trabajo intensivo y eficaz de coordinación, una dirección de orquesta ducha en el manejo y gestión de los asuntos económicos, de los equipos de técnicos cuyo resultado debe concluir en un programa coherente. Y Calviño cuenta con la experiencia técnica y política precisa para conseguir que todos los instrumentos de la orquesta suenen según recoge la partitura.

Pero la partitura económica tiene algunas notas que no parecen sonar bien, que no están en sintonía con la realidad, entendida esta como objetivos posibles y realizables y que ya han dado lugar a los primeros enfrentamientos en el equipo de Gobierno, porque no siempre es posible armonizar los tiempos internos, dependientes del Consejo de Ministros y del Parlamento, con los tiempos o calendario que exige Bruselas en algunos asuntos, caso de algunos de los ajustes pendientes en las cuentas públicas.

Es esta precisamente una de esas materias que mantiene al Ejecutivo en tensión permanente, puesto que el endeudamiento del Estado, si bien cuenta ya con una batería de medidas integradas en el Presupuesto heredado, exige la máxima atención de los responsables, toda vez que cualquier desviación sobre las previsiones puede desembocar en una llamada al orden de Bruselas y la puesta en marcha, de nuevo, de sistemas de control, los `hombres de negro´ ocupando de nuevo los despachos de Cuzco. 

Armonizar el buen comportamiento de los gastos públicos con la corrección del agujero de las pensiones, con las soluciones a la financiación autonómica, manteniendo al alza el empleo y el crecimiento económico, y todo en la fase previa a una subida de tipos, se está demostrando como algo muy complejo, más que un simple encaje de bolillos, una tarea de coordinación y ejecución centralizada, con mano de hierro y la autoridad de una vicepresidencia de Gobierno que Pedro Sánchez no se ha atrevido a nombrar pero que de facto sí lo es.

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