edición: 2865 , Viernes, 13 diciembre 2019
15/07/2019

La multa de Washington a Facebook no resuelve su política ante la privacidad pese a su importe

Para la empresa, el correctivo es el precio para mantenerse en el negocio del tráfico de información
Carlos Schwartz
Facebook es la red social con más usuarios en el mundo. Según sus datos, ha superado este año los 2.200 millones a nivel global. La capacidad de obtención de información confidencial de los usuarios es virtualmente ilimitada y la empresa ha mostrado no ser neutral respecto de la información que circula por sus venas. La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC, por sus siglas en inglés) llegó a un acuerdo durante el fin de semana con la red social sobre una multa por importe de 5.000 millones de dólares y una serie de pactos y compromisos sobre la conservación y uso de la información de sus usuarios, cuyos detalles no fueron hechos públicos. Pese a la magnitud de la cifra, es la multa más grande aplicada hasta ahora a una plataforma de Internet, si se compara con sus ingresos anuales o incluso trimestrales, es dudoso que el correctivo sirva para mantener a raya al coloso de Internet. Los ingresos anuales de Facebook fueron en 2018 de 55.800 millones de dólares, y en el primer trimestre de este año sus ingresos fueron de 15.008 millones de dólares. En este último  periodo la empresa hizo una provisión de 3.000 millones a la espera de la multa, y habrá que ver si la semana que viene, junto con los datos del segundo trimestre, anunciará una provisión por los 2.000 millones restantes. No parece que el dinero sea un elemento disuasorio suficiente para esta plataforma.
Un elemento fundamental, que hace a la esencia de Facebook como de las restantes plataformas digitales, es el acopio de información porque es ésta el origen de sus ingresos. Se lo mire por dónde se lo mire la capacidad de la plataforma de generar ingresos está vinculada a la masa de información de sus usuarios que atesora. El cuestionamiento del uso de la información confidencial de los usuarios en las subastas relámpago de publicidad, por ejemplo, dejan a la luz la importancia vital de esa información aunque no se la venda a cambio de dinero. 

Vale la pena recordar, no obstante, que el origen de la multa de la FTC es una investigación abierta en 2011 a causa de la venta de información de Facebook a la consultora política y electoral Cambridge Analytica para su uso en las elecciones generales de Estados Unidos en las que resultó electo el presidente Donald Trump. La lista de cuestiones que esta plataforma tiene pendientes no acaba con ese incidente. Esta semana tiene previstas dos audiencias en Washington, una a causa del proyecto de una criptomoneda denominada Libra y la otra como parte de una investigación parlamentaria sobre la limitación del poder de las plataformas digitales ante los usuarios y la libertad de mercado.

Una corriente de opinión entre los legisladores estadounidenses y los europeos se inclina de forma creciente en favor de reformas estructurales respecto de la forma en que se trata la privacidad, la conservación de los datos confidenciales y su disponibilidad, y la fiabilidad de las medidas que se adopten en este sentido. Algunos legisladores subrayan que el incidente de 2011 ya supuso una violación de la normativa sobre la preservación de los datos de los usuarios de las plataformas digitales que estaba en vigor en ese momento. 

La existencia de profundas divergencias sobre como se debe tratar la cuestión se han reflejado en la misma votación de la sanción aprobada por la FTC que fue de dos a tres, donde la minoría fueron funcionarios designados por el Partido Demócrata. Esto indica que hay una fisura política en torno a la suficiencia de la medida que no se podrá medir hasta que los datos del acuerdo no se hagan públicos. La decisión está sujeta a aprobación por el Departamento de Justicia, aunque antecedentes en los que Washington se haya opuesto a una decisión de la FTC son extremadamente raros, señalan fuentes jurídicas. 

De acuerdo con fuentes próximas a las negociaciones, el acuerdo ha sido muy detallado y establece entre otras cosas la forma en que la información de los usuarios debe ser tratada y almacenada. Eso no quita la pesadilla que puede suponer la propiedad de una masa ilimitada de información de usuarios, que se incrementa de forma permanente, si la red social invade el territorio financiero y la actividad bancaria, un horizonte al que apunta claramente el desarrollo de una criptomoneda, es decir una unidad de cuenta para transacciones de los usuarios convertidos en clientes de una red financiera.

La naturaleza del acuerdo alcanzado una vez que se haga público, se supone que en un par de meses, determinará el curso de las investigaciones que se mantienen sobre la red social tanto en Estados Unidos como en Europa. El acuerdo entre Facebook y la FTC se produce en un momento de preocupación generalizada entre la opinión pública, y las administraciones a nivel nacional en varios países, así como en la Unión Europea, por la preservación de la información confidencial y el potencial abuso de posiciones dominantes en materia de competencia a escala global. 
La UE aprobó el año pasado su Reglamento General para la Protección de Datos que mantiene el foco sobre estas cuestiones. Pero lo que está en el aire es además la apertura de un capítulo sobre las cuestiones antimonopólicas que pueden afectar a Facebook. Esto es una cuestión que ha suscitado a nivel del parlamento estadounidense la opinión de que Facebook es un monopolio que debería ser fragmentado.

Todo parece indicar que las corrientes críticas no van a ceder frente a las grandes plataformas de Internet. La revelación la semana pasada de que Google escucha conversaciones de usuarios de sus aplicaciones y dispositivos no ha hecho más que echar leña seca al fuego de esta gigantesca hoguera.

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