edición: 3100 , Miércoles, 2 diciembre 2020
12/03/2020
Hora (obligada) de rectificar

La nueva crisis obliga a adaptar el Presupuesto del Estado y engancharse al europeo

Conscientes de que la respuesta económica a la pandemia será mancomunada, el Gobierno español se sube al carro de la liquidez que proporcionará el Banco Europeo de Inversiones
Juan José González
Los economistas oficiales (afines al establishment gubernamental) insisten en que el escenario central de la coyuntura, es decir, los augurios que se basan en la actualidad, dibuja una economía en clave de uve, o lo que es lo mismo, una `V´, una caída estrepitosa y a la que sucede un rebote virulento de igual intensidad. Pero lo que no terminan de ajustar es el punto exacto donde se encuentra hoy la actividad económica. Otros economistas, con menos responsabilidad `dependiente´ se apuntan a las previsiones que emiten estos días los organismos mundiales que apuntan una caída de entre dos a cuatro décimas del PIB, lo que se traduciría en un crecimiento de esta magnitud del orden del 1,3% para el ejercicio presente. Seguramente se escuchen estos días ajustes mayores a la baja, probablemente afectados por el mismo temor de quienes hoy vacían los supermercados. A la altura de mediados de marzo alguien debería pensar en que las décimas de menos que se esperan para el PIB tengan también su reflejo en el empleo, en forma de desempleo, y en otras industrias básicas para el país como el turismo o la producción de automóviles. Y se da por seguro que no serían buenas. El nuevo escenario, el que resulta a propósito de la crisis puntual de la ya declarada por la OMS como pandemia, obliga a una revisión profunda de los calendarios políticos, del cuadro macroeconómico y claro, de los Presupuestos Generales del Estado.
Si las cifras pintan bastos para la economía en general se supone también que alguien en el ministerio de Hacienda, a la par que en Economía, debe estar elaborando hipótesis nada halagüeñas sobre los ingresos, sobre las previsiones de ingresos fiscales, los cuales ya se puede asegurar sin margen a error, que se saldrán de las previsiones de déficit público acordado con Bruselas como también de los planes del Gobierno para los proyectos sociales prometidos en campaña. En resumen, la nueva dinámica que se empezará a registrar económica, obligará a cambiar el Presupuesto del Estado, por mucho que esta sea la pieza basal sobre la que descansa el futuro político del actual Gobierno.

Dinámica nueva como consecuencia de una situación nueva imprevista de salud pública por la que se cambiará prácticamente todo el calendario político previsto. Aunque todavía el Ejecutivo no haya reconocido que se producirá una revisión del calendario, se de cajón que se revisará a fondo el cuadro macroeconómico como única forma de elaborar un Presupuesto sólido y eficaz. No cabe la menor duda que el trabajo en los departamentos de Hacienda y de Economía se centra en elevar a hipótesis las nuevas variables que surgen del inesperado evento sanitario y que los países deberán aplicar políticas de contención del impacto.

De lo contrario es probable que el punto inferior de la `V´ se encuentre a mayor profundidad. En esa situación deberán pensar los responsables de la política económica en terminar las reformas estructurales pendientes o proponer otras nuevas adaptadas a la nueva situación de la economía. También estarán obligados a dar alguna vuelta más a las políticas fiscales y monetarias. Primero porque estas últimas ya están agotadas, no se sostienen en el océano de liquidez y, por otra parte las fiscales asistirán a una caída de los ingresos por la vía de los impuestos. 

Todo lo cual dibuja un nuevo escenario en el que el Gobierno está obligado a adaptar sus objetivos con un nuevo cuadro macroeconómico y un nuevo Presupuesto, de lo contrario, la profundidad de la `V´ puede ser demasiado alargada como para permitir que sea el mismo Gobierno el que gestione la economía en el nuevo escenario. Pero no parece que vaya el actual Ejecutivo a modificar su planteamiento en el apartado social, algo que contaría con la oposición cerrada de su socio de coalición. Quizá la única salida que pueda estar valorando hoy el Gobierno español para hacer frente a la `V´ tenga que ver con una respuesta solidaria que sí está preparando la Unión Europea.

A  esta suerte de clavo ardiendo es al que parece aspirar el Gobierno español. La respuesta a la nueva situación de la Eurozona implicará un esfuerzo solidario general de los socios que consiste en flexibilizar el Pacto de Estabilidad y compartir algunos instrumentos presupuestarios diseñados ad hoc para casos y tiempos de crisis. Y aquí es donde el Ejecutivo español puede encontrar el filón, el maná y la fuente de riqueza que le permita seguir adelante con sus planes sociales. Porque entre los instrumentos presupuestarios se encuentra la llave de la salvación: los fondos enormes del Banco Europeo de Inversiones. El Gobierno italiano fue el primero en identificar los fondos, le siguió Francia y ayer era Alemania la que decidía abandonar el presupuesto `base cero´. Y de España se sigue sin tener noticias.

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