edición: 3049 , Viernes, 18 septiembre 2020
20/05/2020
banca 
Sin descartar un rescate del BCE

La nueva morosidad obligará a BBVA, Sabadell y Liberbank a tomar decisiones drásticas

La limpieza de balances de la anterior crisis sitúa al sector bancario español en una buena posición para afrontar la nueva debacle de la morosidad, aunque no parece suficiente
Juan José González
Regresa con fuerza la amenaza de la morosidad al sector bancario (para algunos nunca se ha ido), una maldición o una variable constante en la relación fija de problemas que dan vida al negocio bancario. A modo de recordatorio, de la anterior crisis financiera de 2008, grosso modo, se identificaron en los balances de la banca española unos activos tóxicos por volumen de 195.000 millones de euros cuya recuperación se daba por perdida o, al menos, se presentaba muy complicada. La banca se puso manos a la obra y tras ventas de activos, más o menos aceleradas unas y excesivamente lentas las otras, se lograron recuperar (a pérdida, claro) unos 98.000 millones de euros que, posteriormente, ascendieron a 132.000 millones (todas estas cifras recogidas en un documento de uso interno del supervisor que, indebidamente, llegaron a un miembro de la comisión de Economía del Congreso de los Diputados). Sacar de los balances tal cantidad de activos, en su mayoría (el 98%) créditos hipotecarios, se pagó muy caro en el sector, especialmente en dos grandes entidades que terminaron con sus responsables máximos destinados a otras funciones menores. La limpieza de los balances era entonces un asunto que no precisaba discusión ninguna en las reuniones de consejo (de administración) sino que era una prioridad con mayúsculas para la dirección en tanto que estaba dañando gravemente la solvencia de la banca.
Recordar también que las grandes entidades reaccionaron correctamente acelerando las decisiones y colocando gran parte de los activos tóxicos entre grandes fondos de inversión extranjeros: el movimiento más espectacular corrió a cargo de Santander con una venta que pasará a la historia por su volumen, casi 31.000 millones de euros procedentes de la adquisición del Popular que estaban pesando demasiado en el balance del grupo. A este movimiento le siguieron Caixabank y Sabadell, además del rezagado BBVA.

Tras la limpieza general la morosidad del sector consiguió para la banca española una etapa de bonanza que concluyó en una caída de la tasa hasta el 4,79%, un récord, un hito si se tiene en cuenta que era el mejor registro del sector desde noviembre de 2009 y que cerraba en 2019 (o iniciaba para 2020) un ciclo esperanzador en el aspecto de la morosidad en tanto que la ratio situaba en ese momento a la banca española en un lugar destacado, privilegiado, frente a la banca de otros países europeos, por supuesto, muy alejada del 12% que registraba la morosidad bancaria en Italia.

En todo caso, el esfuerzo y la aplicación por parte del sector bancario en la limpieza de activos tóxicos, pendientes aún 62.900 millones a 31 de diciembre pasado, se presentan ahora, en esta coyuntura de crisis pandémica como un elemento de distorsión para la banca, como una carga que permanece fija desde el punto cero de salida. Punto de salida o comienzo de nuevos problemas para el sector que ya cuenta con una avalancha futura, a corto y medio plazo, de previsibles impagos procedentes de las empresas en dificultades y que hacen pensar, según las primeras estimaciones, en una morosidad elevada, por encima del 12% y que como mal mayor podría llegar a tocar el 14%, según los datos proporcionados por el supervisor bancario en el Congreso de los Diputados.

Con las estimaciones del Gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, el sector hace cuentas y calcula la subida de la morosidad en función de la caída esperada de la riqueza nacional (PIB) de modo que por cada punto porcentual de caída de este se incrementaría la morosidad un 0,7%, lo que situaría la mora por encima del 11% en el mejor de los casos y cerca del 14% en el peor escenario del PIB. Una situación comprometida en general para el sector pero seguramente insoportable para entidades como BBVA, Sabadell o Liberbank a las que obligaría a adoptar planes de contingencia urgentes y decisiones corporativas drásticas.

Ahora bien, si las entidades con mayores dificultades en un escenario de impagos nuevo por su dimensión y virulencia, no asumen reestructuraciones de negocios, nuevas aportaciones de capital (ampliaciones) o incorporando nuevos socios a través de operaciones corporativas -como fusiones- es probable que el sector tenga que asistir al rescate de alguna entidad por parte del Banco Central Europeo o, en el peor de los casos, de una resolución. La morosidad, al igual que otros indicadores macroeconómicos, llega en esta crisis con novedades, con efectos letales.

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