edición: 2612 , Lunes, 10 diciembre 2018
16/04/2018
banca 
Crédito de la vivienda controlado y restringido

La `paz hipotecaria´ de la banca logra contener el desbordamiento del inmobiliario

La banca es hoy la última barrera que se interpone entre un mercado descontrolado y la amenaza de una nueva burbuja
Juan José González
Como fantasmas del pasado regresan subidas de precios de pisos, trasteros, garajes, se encarece el suelo y la construcción se lanza a la conquista de los márgenes perdidos. Los precios de las viviendas toman altura, escalan pisos porque, entre otros, la inflación descansa y los bancos animan el mercado hipotecario con ofertas tentadoras. Es una escena peligrosa a la que no hay que perder de vista porque, que los precios se disparen con una economía donde los salarios siguen congelados y la precarización laboral se acentúa, el peligro resulta tan evidente como real. Pero esta vez, todos las miradas están puestas sobre el sector bancario, al entender que dada la fortaleza de la oferta y de la demanda inmobiliaria, la última barrera de contención que puede evitar una nueva burbuja estaría situada en la restricción en el acceso al crédito hipotecario. Como siempre, es costumbre, los organismos internacionales avisan de la escalada de precios de la vivienda. Ya lo hicieron en 2013, cuando en Portugal no había oferta para la demanda de viviendas. Advirtieron (FMI, UE y BCE) que, si bien no había burbuja ni razones para el pánico, sí era necesario vigilar el mercado para que bancos, inmobiliarias y particulares no volvieran a las andadas. Cabe recordar que si entonces (año 2013) el BCE daba la señal de alarma por la escalada "impetuosa" de los precios, promovida básicamente, por la inversión extranjera, ahora, en 2018 sucede otro tanto. Una situación que además se repite en el caso de los salarios, pues aunque los precios hayan superado ya el nivel de precrisis, los salarios aún tendrían que recorrer un trecho para alcanzarlo.
En España los extranjeros compran, son muy activos en los últimos meses, incluso en el año y medio pasado. Pero todavía no se conocen las cifras en el mercado de la vivienda. En el lado de la demanda de pisos por parte de inversores extranjeros, está creciendo, incluso se diría, que está disparada en estos cuatro primeros meses del año. Un movimiento que además de servir como acelerador y animador de la actividad, confirma que el tirón vendedor, la oferta, tiene un motivo para explicar su bonanza precisamente en los inversores extranjeros.

Tirón vendedor de las inmobiliarias e impulso comprador por parte de inversores extranjeros que nada tendría que ver con los otros compradores, los grandes fondos de inversión, institucionales, compradores de paquetes completos de activos inmobiliarios, y que según todos los indicios se pueden haber convertido en los dos últimos años en el principal combustible que alimenta la nueva burbuja. Por cierto, en volúmenes que en algunos aspectos -negativos- ya ha conseguido superar a la de 2008.

Así el escenario presente es preocupante por las tensiones que genera un sector bancario que parece estar conteniéndose (renunciando, dicen algunos) valorando la prudencia de evitar una guerra hipotecaria en todos los frentes restringiendo, voluntariamente, el acceso al crédito a la vivienda. Quizá este freno se deba también a que todavía mantienen en cartera un volumen inadecuado de activos tóxicos. O quizá porque, en realidad esté valorando que el nivel salarial y los contratos en precario, mercado objetivo de los nuevos préstamos hipotecarios, serían también una nueva fuente inagotable de morosos y fallidos.

La misma escena, sin embargo, es presenciada por el Gobierno desde otra óptica bien distinta -obviamente, política- por la que el actual calentón de precios del inmobiliario resulta cuando menos tentador para el medio y el largo plazo. El inmobiliario es también un caladero de votos al que nadie está dispuesto a renunciar. Por tanto, una nueva burbuja ya no es riesgo, sino una repetición de las viejas costumbres, esto es; ningún elemento de la cadena de producción parece estar dispuesto a recortar márgenes, como tampoco ningún Gobierno en trance preelectoral renunciará a pescar en tan goloso caladero de votos y de resolución de problemas.

Entre otros que si los ingresos de la Seguridad Social se presentan, técnica y políticamente, como esa parte del bálsamo para la sostenibilidad de las pensiones, es comprensible los deseos del Ejecutivo de animar la recuperación del mercado inmobiliario, sector que este año necesitará 70.000 nuevos trabajadores que se sumarán a los 1,1 millones actuales, pero que en 2020 necesitará 100.000 más. Un filón para cualquier Gobierno.

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