edición: 2598 , Lunes, 19 noviembre 2018
19/10/2018
OBSERVATORIO DE TALENTO RELACIONAL

La pichicharra en el management

Julián Gutiérrez Conde
Esto del management tiene una mínima parte de ciencia, bastante de arte y unas significativas dosis de moda; es decir, que camina a empellones según lo que en cada momento resulta más sonoro.
Normalmente el soniquete es promovido por algunas de las grandes multinacionales de consultoría (perdón; debería decir “consulting”) mundial que son capaces de convertir su diseño de moda en algo así como “la canción del verano” entre los más distinguidos dirigentes. Vamos, que no se puede estar entre la lista de los dirigentes de más alto standing sin convertirse en fanático proclamador de la pichicharra de moda.

Existen pioneros que actúan como “lanzadores de la moda”. Son los primeros que susurran el mensaje ante las ávidas orejuelas de aquellos directivos más empeñados en ser meritorios para pasar a formar parte de la “modernidaz” más ultra en el management. Suelen ser observadores atentos a los gestos  y reacciones de los directivos avanzadilla ante el nuevo mensaje que sin duda requiere una nueva “palabreja” que dé título a la pichicharra. Una vez perciben que aquello que proponen “les suena” inmediatamente comienza una desaforada sucesión de actos, congresos, conferencias, proyectos y reportajes en foros del máximo prestigio para que el concepto se expanda.  

Total, que lo que empezó en la cabeza de alguien como posible solución a un asunto con el que necesitaba enfrentarse, se convierte en el más innovador “mensaje de moda” que se extiende como la llama por un reguero de pólvora y que fluye por los diferentes estamentos de las corporaciones convirtiendose en una matraca obsesiva.

¿Recuerdan la pertinaz y sonora pataleta que se organizó cuando lo más trascendente era la implantación de la “política de puertas abiertas”? Llevada al extremo de “no despachos” se realizaron costosas inversiones para derribar muros y demoler tabiques con la que transformar despachos. Luego resultó que el régimen jerarquico siguió igual y la incomunicación por parte de los más cerriles también poero se había “lavado la imagen”. Ahora los más obtusos seguían con idénticos comportamientos sólo que acristalados y a la vista. Pero el “parecer” se había limpiado.

Otra pichicharra famosa y universal fue la del “Just in time” que además y por el hecho de expresarse en inglés adquirió inmediatamente una elevada imagen de “modernidaZ”. Aquella nueva estrategia extendió con frenesí las actitudes del hasta entonces conocido popularmente y en castizo como “cagaprisas” que era un picaflor para el que lo importante era hacerlo todo y hacerlo ya. Su reguero de “ocurrencias” dejó el paisaje repleto de zanjas abiertas.

He visto sandeces descomunales ocultas tras las pichicharras más variadas porque vividas con pasión son capaces de impulsar los mayores disparates.

Recuerdo aquel comité de dirección de un conocido grupo financiero en el que se debatía ardorosamente el plan de expansión de oficinas. Allí se proponían aperturas en  localidades que con dificultad se situaban en el mapa. Todo el que encontraba una esquina libre, fuera en venta o en alquiler, la voceaba con el ardor de quien hubiera sido premiado con el Gordo de la lotería o hubiera encontrado un tesoro.

¡Una esquina!; ¡Una esquina!, clamaba. Y alguien le respondía de inmediato: ¡Reservala, reservala!, no sea que se nos escape. Había incluso “buscadores de esquines y de locales estratégicos” que recorrían calles, marcaban planos y tomaban fotos sin cesar. La cosa aquella debía hacerse “just in time” no fuera a ser que otro se adelantara.

Las entidades financieras, esta como todas las demás, abrieron oficinas aquí y allá; grandes, pequeñas y medianas. El objetivo era conseguir una “red capilar”, se decía. Y las inversiones fueron descomunales.

Un día alguien de aquel comité se atrevió a preguntar: ¿Alguien me puede explicar por que abrimos tantas oficinas y cuales son las prioridades? . Se hizo un silencio pastoso. Alguno se atrevió a pronunciar la mágica respuesta que sonó en tono de pregunta: ¿por lo de la “densidad capilar”?. Un murmullo de afirmaciones convencidas alentó. ¡Claro, claro. Eso es, eso es”.

Si. Y además “todos lo hacen” reafirmó otro de pensamiento estratégivo aún mas preclaro.

Ya; ¿Y...?

Se escucharon carraspeos, y se vieron miradas hacia las esquinas tratando de localizar el infinito .... La densidad de la atmósfera creció.

En definitiva que aquella costosísima carrera se sustentaba en el contagioso poder la “imitación” y la “moda”. Años más tarde la pichicharra fue “concentrar y cerrar oficinas”. Y alguien bautizó ese cambio de rumbo como “capacidad para tener cintura y mostrar dinamismo”.

Las pichicharras no sólo son notables sino inevitables y cada vez más frecuentes y más en inglés. Recuerden la del Outosourcing basada en ese criterio de que “cualquiera vale para cualquier cosa”. ¿Y qué me cuentan de las del “Cross selling”? que mantenía el criterio de que dado que nuestros clientes son fieles y tienen una cuenta corriente con nosotros podemos aprovechar para venderles frigoríficos, bicicletas para los niños y hasta productos derivados del cerdo ibérico o morcillas de Burgos?

Fueron pichicharras grandiosas. En el que las cuentas y presupuestos eran fáciles de hacer. ¿Cuantos sucursales y oficinas tenemos?... Imagínense: 4000.

                         Vamos a hacer números mínimos, proseguía el responsable de presupuestos.

¿Les parece mucho conseguir la venta de dos jamones ibéricos por oficina a la semana?   

-    Noooo, noooo, alentaba el corro de picharreros
-    Bien. Eso son 8 a la semana. O sea, 32 al mes. Lo que equivale a 384 al año por oficina. Por 4000 oficinas hace un total de 1.536.000 jamones
-    ¡Y eso sin contar con las campañas de Navidad!, rteforzaba el más meritorio
-    ¡Eso, eso!
-    Pues... ¡Hala a vender jamones! ¡Y bicicletas, y con solas!

Y hubo quien quedó preocupado  pensando si España sería capaz de criar tanto cerdo para soportar tan sólo la furibunda campaña de aquella entidad.

Cuando la pichicharra se desata se convierte en furor incontenible

¡Qué sería del management sin la pichicharra de turno!

¡Y cuanto ahorro y sobre alto se evitaría quien fuera capaz de diseñar un detector de pichicharras!

¿A ver si va a resultar que lo de la digitalización masiva va a acabar en una pichicharra más!  

Noticias Relacionadas

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2018 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...