edición: 2579 , Lunes, 22 octubre 2018
19/07/2018
Draghi beneficia a italianos y alemanes

La polémica resolución del Popular salva a la banca italiana de la intervención

Los efectos nocivos de la resolución del banco español frenan la aplicación de la misma salida para las entidades italianas
Juan José González
La polémica resolución del Banco Popular, decidida por la JUR el pasado año, y primera experiencia de ese organismo para solucionar una crisis bancaria, parece haber causado otros efectos muy distintos a los pretendidos por sus responsables como también diferentes a los problemas posteriores, judiciales, jurídicos y financieros que está provocando la decisión. Inicialmente, el plan parecía estar bien diseñado para que la del Popular fuera, dado su evidente estado terminal, la primera resolución de una entidad bancaria por parte de ese organismo pero, y sobre todo, la referencia, el modelo y el criterio que regiría la aplicación de la resolución en los siguientes casos de crisis. Porque la española no era la única entidad bancaria que se encontraba en tan precaria situación. Otras entidades, irlandesas, griegas, portuguesas, alemanas y, sobre todo, italianas, guardaban en cola su turno ante la ventanilla de la JUR. Y sin embargo, el fiasco originado por la mala gestión y la peor justificación y razonamiento empleados por este organismo en la resolución del Popular, ha dejado a las autoridades financieras europeas huérfanas de argumentos para aplicar resoluciones posteriores. Así permanecen en standby un puñado de bancos con problemas similares -y en situaciones incluso de mayor gravedad- a la espera de que el Banco Central Europeo adopte un nuevo criterio para que la JUR pueda continuar con su trabajo, que no es otro, sino solucionar la crisis de al menos una docena de bancos europeos que hoy día ya reciben, por una u otra vía, ayudas públicas, inyecciones de fondos públicos al estar sometidos a un proceso de reestructuración `local´ en marcha. Mala experiencia para la JUR en su primera prueba piloto, la del Popular, y su polémica venta al Santander, que frena en seco y cuestiona la organización de la JUR.
Aseguran que el hecho de que la banca italiana siga actualmente viva, refleja no sólo el poder o influencia del presidente del BCE, el italiano Mario Draghi, sino también que muestra el fallido modelo de resolución bancaria ideado por el supervisor europeo a tenor de los resultados nefastos y hoy visibles en el caso Popular, donde, por cierto, el único beneficio o trofeo que parecen exhibir las autoridades de Bruselas y las políticas españolas es la ausencia de inyección de dinero público, aspecto que deberá ser explicado con mayor claridad por los seguidores de esta indulgente versión.

La crisis financiera de los últimos años, manifestada con especial dureza en la banca europea no parece haber conseguido borrar del todo sus efectos en los balances bancarios como tampoco las secuelas en forma de pérdidas e insuficiencia de capital y provisiones, todavía en muchos casos a falta de cumplimiento de algunas normas. Lo cierto es que a día de hoy se siguen dando las condiciones objetivas para que varias entidades financieras, casi todas sistémicas, sean objeto de un rescate y también de una resolución.

El caso más evidente, y también el de mayor gravedad por el volumen de recursos implicados, es el del sector bancario italiano, con cerca de 400.000 millones de euros de activos dañados. Una cifra claramente por delante de cualquier banca europea, incluso mayor al lastre de los activos dañados que soporta el sector bancario español, por cierto, de mayor tamaño que el italiano. Que existen varias entidades italianas, griegas, irlandesas, alemanas y portuguesas, susceptibles de rescate no invita al optimismo de las autoridades supervisoras europeas, puesto que entienden que la solución a las crisis no puede pasar por una reconversión autónoma, es decir, por inyecciones públicas de dinero u otras operaciones corporativas como fusiones.

En varias ocasiones y a propósito de algunos de los últimos episodios de crisis, se ha suscitado la habilidad de las autoridades italianas para sortear la crisis del sector bancario que a lo largo de casi una década han padecido varias de sus entidades insignia, caso de Unicredit, Intesa Sanpaolo o Monte dei Paschi di Siena, y sin mencionar a un grupo formado por 480 pequeñas entidades o cooperativas de crédito en la ruina, pero que han sorteado, y conseguido, eludir la reestructuración sectorial y el control de las autoridades europeas.

La habilidad italiana en cuestión no ha podido ser imitada por los irlandeses, griegos y españoles que se han visto obligados, según los casos, a inyectar fondos públicos y a someterse a un traumático proceso de reestructuración, tutelado por Bruselas. La misma habilidad le ha servido a los italianos para librarse de contar con la primera resolución, prueba piloto, que sin embargo alcanzó al español Popular, y que a la postre ha servido para el resto de entidades para negar su condición de aspirante a ser objeto de resolución de la JUR. Este organismo habría frenado en seco y -casualidad o no- obligado a dilatar en el tiempo otras resoluciones de bancos italianos siguiendo las órdenes de Mario Draghi.

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