edición: 2865 , Viernes, 13 diciembre 2019
30/09/2019

La política monetaria de la Eurozona deja dos bandos enfrentados con los que Lagarde deberá operar

La herencia de Draghi deja poco margen para encontrar un pacto que además alivie las penas bancarias
Carlos Schwartz
Poco tardaron en tomar estado público las divergencias desatadas por la decisión de la mayoría del Consejo del Banco Central Europeo (BCE) de prorrogar los tipos de interés negativos incrementándolos hasta el 0,5% y lanzar nuevas compras de activos. Es probable que el presidente saliente del BCE, Mario Draghi, pensara en la posibilidad de que reinara la discreción entre los miembros disidentes del cuerpo de gobierno acerca de sus divergencias. Algunas fuentes señalan que incluso la pidió, y que el representante de Holanda le dejó claro que no mantendría el secreto sobre las discusiones recogidas en las minutas. Junto con esta medida el BCE decidió aplicar un sistema de tramos en los depósitos constituidos por los bancos en el banco central, protegiéndolos en parte de los tipos de interés negativos. Es decir que dependiendo de las cuantías y de las entidades se pueden constituir depósitos a interés cero en la entidad. Pero este beneficio no ha sido considerado suficiente por la comunidad bancaria en Europa. De acuerdo con la Asociación Alemana de Banca, el año pasado los bancos europeos pagaron al BCE 7.200 millones en intereses por sus depósitos.
La AEB considera que el ahorro del sistema de tramos va a reducir esa factura ahora en unos 2.000 millones, en la medida que la autoridad monetaria no aplicará intereses a unos 800.000 millones de euros en liquidez aparcados en la entidad. Pero el problema de fondo es que los bancos esperaban que se acabara con cinco años de tipos de interés negativos introducidos dentro de un paquete de estímulos destinados a sostener la economía en retroceso tras la crisis financiera internacional. Pero el efecto de esta política ha sido deprimir los tipos de interés básicos que se trasladan a las operaciones de activos de la banca estrechando los ingresos por intermediación financiera de forma espectacular. Por añadidura los bancos mantienen en el banco central unos 1,9 billones de euros en reservas para cumplir con los requisitos de regulación bancaria pos crisis. Esto ha llevado a que los bancos europeos tengan un beneficio sobre su capital en acciones del orden del 6%, comparado con un coste de obtención de sus recursos del 11% lo que comparativamente representa la mitad de lo que ganan sus competidores estadounidenses. Esto explica en parte la cerrada oposición de Alemania a la extensión de la política monetaria del BCE.

El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, declaró al día siguiente de que el BCE tomara sus últimas decisiones que el banco emisor había ido demasiado lejos y que su política va a dañar a los inversores y a los pensionistas por la falta de remuneración a sus inversiones. El siguiente acto de condena fue la dimisión de la representante alemana al Consejo, Sabine Lautenschläger. Pero los gobernadores de los bancos centrales de Francia, Holanda y Austria también manifestaron su oposición a la propuesta de Draghi, a quien el tabloide alemán Bild Zeitung denomina Conde Draghila por sorber la sangre a los ahorristas, lo cual quiere decir que los países que representan en conjunto la mitad del producto interior bruto de la zona del euro manifiestan oposición.

Por añadidura, fuentes que dicen conocer la votación en el consejo del BCE sostienen que sobre un total de 25 miembros al menos 11 manifestaron sus reparos por el paquete anti crisis promovido por Draghi. Esto deja planteada la cuestión de que el presidente saliente del banco emisor del euro ha decidido impulsar a fondo la política monetaria que considera necesaria para evitar un deterioro mayor de la economía de la eurozona antes de abandonar su cargo. La de septiembre fue la última reunión de consejo del BCE para fijar política a la que asistiría, y ahora le tocará a la ex ministra y ex directora gerente del FMI, Christine Lagarde, lidiar con las divergencias en el seno del Consejo. Lagarde se ha apartado del Fondo Monetario Internacional en vísperas del quebranto de Argentina, país para el que forzó la aprobación de un crédito extraordinario de 57.000 millones de dólares, el más grande en la historia de esa institución multilateral.

Ahora deberá operar con dos bloques enfrentados en el Consejo del BCE, y un detalle nada menor  a tener en cuenta es el hecho que el Banco de Francia no está de acuerdo con la política monetaria impulsada por Draghi antes de su partida de la institución, entre otras cosas con la reanudación de la compra de activos financieros. Pero la cuestión de fondo son de un lado los condicionantes nacionales de los bancos centrales, desde el interés de los ahorradores hasta la salud de la banca, pasando por las burbujas en los mercados de activos que facilita la política monetaria de tipos de interés negativos y la compra de activos.

En Alemania está claro que la situación crítica del primer banco del país, Deutsche Bank y del segundo, Commerzbank, son decisivos en materia de actitud por parte del Bundesbank. De acuerdo con la AAB los bancos del país pagaron el año pasado 2.300 millones de euros en intereses al banco emisor, lo que equivale a un 10% de sus beneficios antes de impuestos. Draghi ha contestado a sus críticos dentro de la banca que la solución para el sector es reducir los costes e incrementar la tecnificación de las entidades. No cabe duda de que los bancos están embarcados en esa política. Pero mientras deben hacerse cargo de que les resulta muy difícil trasladar a la clientela los costes que supone la política monetaria de la eurozona. Mucha de esta compensación los bancos la pretenden obtener por la vía de las comisiones, pero son políticas que acaban chocando con la clientela y con la Administración. 

La instrumentación del sistema de tramos para los depósitos en el BCE establece que no se aplicarán intereses hasta un volumen de dinero seis veces superior al nivel de reservas obligatorias para cada entidad. Esto será un alivio parcial para algunos bancos, pero no va a resolver el problema de largo plazo que supone la actividad de crédito a tipos de interés extremadamente bajos. Esto indica que el enfrentamiento va a continuar y que la capacidad de Lagarde para operar con esta situación será muy limitada. Como se ve las tensiones dentro de la eurozona tienen tantas facetas como se quiera.

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