edición: 2830 , Martes, 22 octubre 2019
11/10/2019
Motivos `confesables´ e `inconfesables´

La preferencia por el pago en efectivo evidencia el miedo a una crisis financiera

Cuando aún no se había cerrado la herida de la crisis financiera, la industria tecnológica de pagos lanza las criptomonedas, un dinero que no es del Estado ni de los bancos
Juan José González
Cuestión de seguridad, de privacidad, hábito o miedo al bloqueo informático son algunos de los motivos `confesables´ que esgrimen los consumidores europeos para explicar sus preferencias por un sistema de pago a la hora de hacer las compras. Varios estudios recientes realizados por consultoras muestran la preferencia del consumidor europeo por hacer sus pagos en dinero efectivo frente a otro sistema electrónico. Al margen de las cifras, que sirven para fijar los tamaños de los grupos de consumidores y cuantificar sus comportamientos, los resultados de las encuestas dejan al descubierto algunas de las deficiencias que mantiene el sistema de pagos electrónico así como otros aspectos de la operativa de pagos que no parecen ser abordados por las entidades financieras. El sector de los medios de pagos es uno de los más fragmentados en Europa, en el que coexisten más de una docena de sistemas nacionales y múltiples especificaciones técnicas que, junto a las exigencias de los regímenes legales particulares de cada país en materia de identidad y reconocimiento, dificultan que los pagos, por ejemplo, de compras, se realicen mediante tarjetas de crédito u otro sistema diferente al pago con dinero en efectivo. En el fondo de la preferencia de los consumidores por el pago en efectivo se sitúa el miedo a una crisis financiera y el consiguiente bloqueo de las cuentas.
Los europeos siguen fieles al uso del dinero en efectivo para hacer los pagos. Y lo prefieren frente a otros métodos electrónicos. La mitad de los españoles muestran en las encuestas su preferencia por el pago en metálico, en efectivo, con dinero contante y sonante. El consumidor español se sitúa en una zona intermedia entre dos bloques de consumidores: por debajo de austríacos, suizos y alemanes, pero por encima de británicos, holandeses y suecos. Las cifras no parecen reparar en algunos aspectos prácticos y reales que mueven y condicionan a los consumidores a la hora de hacer el pago de sus compras.

Uno de ellos, el más reciente, quizá el más `fresco´ por su proximidad o actualidad tiene que ver con el miedo. La crisis financiera de 2008 puso en evidencia que los pagos electrónicos se pueden ver afectados por episodios catastróficos y puntuales que pueden llegar a bloquear las cuentas. Hay otros motivos para la preferencia por el efectivo puesto que los pagos digitales no son capaces de cubrir todo el espectro de necesidades financieras. Un ejemplo está en Suecia, donde los consumidores siguen preocupados por las consecuencias de una crisis financiera si la implantación del dinero digital estuviera muy extendida o fuera general.

El trabajo de los bancos parece mostrarse decisivo a la hora de popularizar y extender los sistemas de pago digital frente a los pagos en efectivo. Al respecto, existe la sensación generalizada de que el marketing aplicado al dinero electrónico y al pago digital, que consistía en asegurar o avanzar el final del dinero en las mismas condiciones que se conoce actualmente, no ha sido una buena idea, pues la iniciativa es observada como una expectativa con intereses comerciales. La industria de los medios de pago, de la mano del sector bancario y los planes por acelerar la aplicación de las tecnologías, han sembrado dudas entre los consumidores y quizá algunas expectativas no cubiertas.

Por otra parte, cuando aún no se había cerrado la herida de la crisis financiera, en la que los consumidores pudieron observar colas a las puertas de algunos bancos y dificultades en otros bancos para recuperar sus ahorros y el efectivo, la industria tecnológica de pagos lanza las monedas digitales por Internet, las criptomonedas, hoy por hoy, una alternativa al sistema bancario que ha servido por otro lado, para aumentar los temores, las dudas y la desconfianza hacia los sistemas de pago alternativos al dinero en efectivo.

Con la seguridad que sigue ofreciendo para la mitad de los usuarios de sistemas de pago la imagen del dinero en efectivo, en metálico como dinero oficial, del Estado, el dinero digital, los pagos con tarjetas o mediante transferencias online se sigue viendo bajo el control explícito de los bancos, lo cual no deja de ser un serio obstáculo para quien esté trabajando por la utilización de los sistemas digitales. Es probable que en la preferencia de los consumidores por la utilización del dinero en metálico o en efectivo cuenten otras variables o argumentos `inconfesables´ como son sus ventajas en operativas de elusión fiscal, dinero negro y demás en tanto que, en contra de lo que parece, sigue siendo un activo que no deja huella o que, al menos, no se nota tanto como sería el caso de un pago digital.

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