edición: 2409 , Lunes, 19 febrero 2018
19/01/2018
Oro para el Tesoro

La prima de riesgo alimenta y refuerza los planes electorales del Gobierno

En clave política, el diferencial de la deuda -con la ayuda alemana- certifica el adiós a la crisis y consolida la recuperación
Juan José González
La percepción de los inversores sobre la situación española actual, parece estar en la base de la apreciación del riesgo de la deuda, sentimiento que expresa ese menor diferencial respecto al bono alemán, de 89 puntos básicos, que registra la prima de riesgo española. No es el único motivo que justifica la excepcional marca, pues habría que considerar que la crisis política alemana, con un avance del bono a diez años, ha colaborado en el estrechamiento del diferencial. Es, en todo caso, una buena noticia (un brote verde en jerga de otros tiempos) que refuerza la credibilidad de la deuda española y un voto de confianza en la estabilidad política, un tanto comprometida en los últimos meses, aunque aún sin despejar totalmente. El indicador financiero, sobreprecio que debe pagar una economía para financiarse, ha servido en el pasado como un arma de artillería para hostigar al Gobierno, cuando hace seis años se trabajaba a destajo para evitar el colapso económico, con una prima de riesgo en 650 puntos y un bono a diez años en el 7,7%. En sentido contrario, con la prima de riesgo en 93 puntos, con previsiones económicas que superan la media de la Unión Europea, con una cuentas públicas que ya comienzan a discurrir por los parámetros que marca la ortodoxia de Bruselas y, finalmente, con una situación política que todo indica se dirige hacia una mayor estabilidad, la prima de riesgo debería situarse antes del verano en el entorno de los 60 puntos básicos. Un escenario donde los responsables del Tesoro deberán mostrar habilidad y talento para reducir los costes de financiación, antes de que el BCE cambie su política monetaria y el Gobierno entre en campaña electoral.
Sobre el papel, las mismas razones que servían en 2012 para sentenciar a España por su desbocada prima de riesgo, deberían demostrar su utilidad en la actualidad para todo lo contrario y apoyar la deuda española en base a la nueva prima de riesgo que hoy respaldan los mercados de deuda. Incluso la mejor situación de la economía española, comparativamente más saneada que otros países competidores, los periféricos de la Eurozona, registran hoy primas de riesgos muy superiores a los 89 puntos básicos de la española. Es el caso de Italia, por encima de los 150 puntos; de Portugal con 131 o Grecia en los 318 puntos. En este sentido, parece obvio que las previsiones de crecimiento de la economía española y una, por ahora, vuelta a la normalidad en la política catalana, han servido para el aumento de la confianza de los inversores extranjeros en el país.

La prima de riesgo actual, por debajo de los cien puntos básicos, reflejo de una veintena de variables de todo tipo -en particular económicas, sociales y políticas- viene a expresar una situación radicalmente contraria a la que se dio hace pocos años -de "emergencia nacional", se dijo entonces- cuando la prima se movía entre los 400 y 600 puntos básicos, con todos los mercados e inversores enfrentados a las finanzas españolas. Pero si entonces (el 27 de julio de 2012) los 650 puntos básicos del riesgo español -y récord histórico- y el bono a diez años por encima del 7,7%, registraron los niveles más altos desde la creación del euro, se presentaban como la sentencia para el Gobierno, el nivel de la prima de hoy, reflejo de la evolución económica, bien podría considerarse como el salvavidas del actual Ejecutivo.

Ahora bien, si se tiene en cuenta que la prima de riesgo es más sensible a variables económicas externas que a las internas del país, habría que concluir que los Gobiernos están más lejos de influir en la prima de riesgo que otras variables como los precios del petróleo, el Brexit, o, en su día, la posible salida de Grecia del euro. Y así, antes de quitar o poner mérito en el Gobierno de turno, sería más correcto hablar de que la suerte de la prima de riesgo española depende de las especulaciones y sentimientos de los mercados.

En cualquier caso, una prima de riesgo más baja tiene ventajas que son más apreciadas que las desventajas, en el entendido de que siempre será mejor pagar menos por financiarse, algo que seguramente no dejará escapar el Tesoro Público español, necesitado de recursos externos para atender pagos y poner en marcha compromisos presupuestarios. Otro asunto, desventajas, es que la misma prima de riesgo baja, resta atractivo para los títulos de deuda en la medida en que rentarán menos.

En último extremo, el Estado seguramente valorará más la certeza de unos costes de financiación bajos, lo que le permitirá adaptar sus necesidades al mercado, que un coste elevado de emisión de deuda, siempre necesaria, por una prima de riesgo alta. De ahí que el Tesoro Público se aplique en la gestión de sus planes de financiación en la seguridad de que la ocasión con unos tipos bajos (negativos en algunos casos) y la prima de riesgo camino de los 75 puntos, es inmejorable. Incluso debería darse prisa para tomar decisiones al respecto ante la evidencia de que el nivel actual de la prima de riesgo, en tanto diferencial con la deuda alemana de referencia, también está favorecido por un avance puntual (crisis política) del riesgo alemán. Y todo sin perder de vista que la recuperación de la economía se escribe con mayúsculas en los planes del Gobierno para las próximas elecciones.

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