edición: 2865 , Viernes, 13 diciembre 2019
09/07/2019
banca 
Temor por la falta de experiencia monetaria de Lagarde

La próxima crisis bancaria será gestionada por una novata al frente del BCE

Supervisores y regulador bancarios dan por hecho una nueva crisis bancaria para la que el sector no parece estar preparado, lo que complicará sin duda su gestión, para entonces ya en manos de la inexperta Lagarde
Juan José González
En medios financieros se ha comenzado a escuchar distintas valoraciones sobre la candidata francesa Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, a presidir el Banco Central Europeo, la institución `panzer´ o la primera división de ataque del ejército encargado de combatir los posibles ataques por tierra, mar y aire del enemigo. Enemigo que, en términos no bélicos podría ser una crisis económica, financiera o monetaria. Y de esa naturaleza será, seguramente, el enemigo que estará preparando su artillería. Medios financieros que no son otros más que entidades financieras y supervisores locales, ambos buenos conocedores de las virtudes y defectos, capacidades y carencias de la futura presidenta del BCE. Viene la preocupación de los financieros (no sólo por la actualidad de su nombramiento aún pendiente de ratificación) a propósito del acento que ponen y en el que insisten de forma machacona las autoridades bancarias, en concreto, de la Autoridad Bancaria Europea (EBA) sobre lo que dan por supuesto que pueda ser una realidad en el medio plazo como es una nueva crisis económica en Europa y en la que el sector bancario se encontraría en una complicada y muy arriesgada posición. Una opinión que, si no se tratara de una estrategia de aviso y precaución para que el sector haga todos sus deberes pendientes no se explicaría, dado su elevado potencial de alarma.
Avisos, opiniones, recomendaciones y demás advertencias de las autoridades reguladoras y supervisoras europeas se han convertido en comunicación habitual en los últimos 18 meses y algunos con cierta contundencia, como el que sugiere un supervisor europeo (EBA) que asegura que Europa no está del todo preparada para afrontar une nueva gran crisis. Se podría pensar en que el supervisor europeo, una vez más, utiliza la herramienta del discurso trágico, del miedo, para que el sector se ponga las pilas y junto a los reguladores se pongan en marcha algunos asuntos pendientes como la Unión Bancaria Europea y, en este ámbito, por ejemplo, el fondo de garantía de depósitos o, en otros términos el Mecanismo Común de Garantía de Depósitos.

Pero la afirmación sobre la falta de preparación de Europa ante un nuevo evento de crisis económica, se entendió en el sector como el aviso de los supervisores a los gobiernos e instituciones supranacionales que, llegado ese momento, aunque el sector bancario es más solvente y ya se encuentra más saneado, los contribuyentes serían de nuevo los paganos de la nueva catástrofe por la vía de las ayudas a la crisis por parte de los gobiernos. Porque que la banca sea más solvente no significa que la banca sea ahora rentable. Y este es el problema que, ante una nueva crisis bancaria el BCE contaría con una inexperta en asuntos monetarios y bancarios.

Para esa nueva crisis sobre la que abiertamente ya advierten supervisores y reguladores, la presidenta del BCE contará con un nuevo informe detallado de cincuenta bancos europeos, las pruebas de resistencia que ayudarán a conocer la salud del sector. El examen de las cuentas y de las previsiones para los años 2020 y 2022 permitirá conocer cómo reaccionarán los cincuenta bancos ante la hipótesis de varios escenarios estresados, y de los resultados se podrá concluir en qué grado o medida se encuentra comprometido el futuro, la supervivencia o los trabajos que deberá realizar un banco europeo para sortear la crisis. Recordar aquí que, por primera vez, no se incluirán los cuatro bancos británicos (HSBC, Barclays, Lloyd´s y RBS) lo que puede constituir una peligrosa anomalía dada la interrelación de la actividad que se produce en el sector financiero.

De la llamada de los supervisores bancarios quedan meridianamente claras dos resoluciones: que las grandes crisis bancarias, las que afecten en el futuro a grandes bancos, deberán ser resueltas con la colaboración de los bancos centrales, los cuales deberán dar una solución a los grandes bancos en caso de que entren en crisis de liquidez. También, por otro lado, habrá que tener en cuenta que algunas entidades medianas deberán contar con soluciones que tengan en cuenta su tamaño. Y aquí es donde el BCE parece dejar una puerta abierta a las fusiones bancarias.

Donde sí parece que los supervisores y reguladores han ido desarrollando, a lo largo de esta última década, un sentido de la responsabilidad más individualizado es lo relativo a la práctica del rescate de un banco. Quizá por la experiencia acumulada en anteriores capítulos, lo cierto es que ahora parece darse la coincidencia en que en ese caso, el rescate debería correr a cargo de los accionistas y bonistas del banco salvado en vez de transformar el mismo en una herencia para siguientes generaciones. En todo caso, supervisores y reguladores ya parecen contar con el terreno allanado en espera de la próxima crisis, a la que no ponen fecha pero sí certidumbre sobre quién la pagará. Al menos, la novata Lagarde ya tendrá resuelta esta papeleta.

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