edición: 3010 , Miércoles, 15 julio 2020
30/06/2020

La quiebra del pionero Chesapeake Energy pone en cuestión el modelo del crudo y gas no convencionales

Mientras que la convocatoria de la empresa era esperada en el sector su caída tendrá fuerte repercusión
Carlos Schwartz
Chesapeake Energy se presentó en convocatoria de acreedores bajo la legislación estadounidense que de acuerdo con el capítulo 11 de su ley de quiebras brinda protección judicial a las sociedades insolventes. La empresa omitió el pago de 10 millones de dólares en una emisión de bonos a mediados de junio y aprovechó un periodo de gracia de 30 días para negociar con sus acreedores durante de los cuales se aseguró financiación por 925 millones de dólares. Esta es una deuda preferente, por encima de cualquier otro compromiso financiero de la fallida, por financiación otorgada por los propios acreedores que consideran que la quiebra sin asistencia era peor para sus intereses. La empresa pactó, de acuerdo con fuentes judiciales, durante el periodo de gracia la condonación de 7.000 millones de dólares por parte de sus acreedores financieros. La empresa tiene vencimientos importantes de bonos este año a los que no podrá hace frente. Chesapeake es una pionera del gas y el crudo no convencional obtenido mediante la fragmentación de las rocas de esquisto con la técnica bautizada 'fracking' que en la última década permitió a Estados Unidos convertirse en uno de los mayores productores de petróleo y gas del mundo y entrar como exportador al mercado internacional con relativa fuerza. La presencia de este crudo rompió los equilibrios precarios de los mercados de petróleo y de gas contribuyendo a una caída en picado de los precios en el verano 2014.
Los precios se recuperaron levemente sobre finales del pasado año para caer con fuerza otra vez hasta valores negativos este año a causa del confinamiento por la Covid-19. Pero Chesapeake es un empresa grande dentro de las petroleras independientes que controlan las operaciones de fracking y su derrumbe es expresión de la inviabilidad de un modelo de producción que solo se puede sostener con un alto nivel de precios en el mercado, de media por encima de los 70 dólares por barril, es decir el doble que los precios actuales. Esta no es una excepción, y no sólo afecta a las petroleras no convencionales, sino también a las grandes compañías internacionales del sector. 

Arabia Saudita, que es el accionista mayoritario de la mayor petrolera mundial Saudi Aramco, necesita para mantener un equilibrio precario en su balanza de pagos un precio por barril de 80 dólares. Hasta ahora los esfuerzos por regular al mercado mediante pactos destinados a reducir la producción a escala global han fracasado. La cuestión de fondo es que la estrategia del crudo no convencional, que entre otras cosas pretendió invadir el mercado internacional con su producción, requiere un nivel de precios insostenible al menos desde 2014. No hay perspectivas de una recuperación de los precios a los niveles que permitan la supervivencia de esta forma de producción de crudo y gas lo cual quiere decir que a la insolvencia de Chesapeake le puede seguir otras del sector que están en precario respecto de sus finanzas. El problema para los acreedores bancarios es la acumulación de créditos en el sector que tienen todos los visos de resultar incobrables.

“Nuestro objetivo es reacomodar nuestra estructura de capital y negocio para hacer frente al legado de nuestra debilidad financiera y capitalizarnos sobre la base de nuestras sustanciales fuerzas operativas”, señaló el consejero delegado de la empresa, Doug Lawler. Los gestores de la empresa que se repartieron un bono de 25 millones de dólares días antes de anunciar que no se pagaría una emisión de bonos, esperan mantener la empresa en funcionamiento mientras se acomete su reestructuración. Pero el procedimiento puede convertirse en una verdadera apertura de compuertas del sector hacia el vacío. 

A finales de mayo 18 empresas de exploración y explotación de petróleo de Estados Unidos se presentaron en concurso de acreedores de acuerdo con el despacho de abogados Haynes y Boone. Algunos optimistas consideran que el sector seguirá funcionando gracias a empresas pioneras del 'fracking' como Chesapeake que descubrió la fórmula para extraer un petróleo cautivo cuya explotación estaba descartada. La empresa se fundó en 1989 y salió a bolsa en 1993, aunque su despegue se produjo realmente con el nuevo milenio y la tecnología de la fractura hidráulica y la perforación lateral. 

La estrategia de la empresa fue acumular un vasto dominio a lo ancho y largo del país en las cuencas de esquistos lo que le permitió la perforación de miles de pozos. Se convirtió en el segundo mayor productor de gas natural del país, que se sumó a la frenética actividad de todo el sector, lo que convirtió al país en el mayor productor mundial de petróleo en una década. La capitalización de mercado de la empresa alcanzó a los 38.000 millones de dólares en 2008. Al cierre del mercado el viernes pasado el valor de la empresa en bolsa rozaba los 116 millones de dólares. 

Pero todo el desarrollo de la empresa se basó en una deuda descomunal respecto de su capital y el valor de sus activos que fluctúan con el precio del crudo como en toda esta industria ya que las reservas tienen un precio vinculado al del mercado. Tras la muerte de su fundador en 2016 la empresa intentó reducir deuda vendiendo activos, con lo cual se redujo la deuda a la mitad: 12.000 millones de dólares en el primer trimestre de este año. Pero los activos totales de la empresa sumaban entonces 8.000 millones de dólares. Esta es una lección dura, pero no parece que el resto del sector no convencional pueda sobrevivir si no es con unas quitas de deuda de una dimensión inabordable.

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