edición: 2721 , Martes, 21 mayo 2019
06/02/2019

La relación entre Renault y Nissan sigue bajo la influencia de la investigación contra Carlos Ghosn

La desconfianza entre ambas automovilísticas no facilita la labor del nuevo presidente de la francesa
Carlos Schwartz
La profunda desconfianza mutua desatada por la precipitada investigación secreta contra Carlos Ghosn, impulsada por el consejero delegado de Nissan Hiroto Saikawa, que acabó con la detención del ejecutivo de Renault en las pistas del aeropuerto de Tokio el 19 de diciembre pasado, no ha cedido ni un milímetro. Por el contrario las misivas entre los abogados de ambas marcas ponen de manifiesto que la empresa japonesa aspira a hacerse con información confidencial de la francesa a caballo del conflicto, desatando la resistencia de la socia francesa. El ex presidente franco-brasileño de Nissan, permanece detenido en Tokio a la espera de juicio por una serie de cargos que niega, pero su dimisión ha permitido a Renault nombrar un nuevo presidente, Jean-Dominique Senard procedente de Michelin, cuya misión inmediata es bajar el nivel de tensión entre ambas empresas y tratar de encarrilar una negociación. 
Nissan no ha rebajado sus objetivos, quiere unas revisión de los términos de poder dentro de la alianza industrial con Renault, objetivo que hizo público tras la detención de Ghosn. Por sobre todas las cosas Saikawa aspira a modificar la estructura accionarial que da a Renault el 43% de Nissan, y el control sobre la alianza en la cual también entra Mitsubishi. Mientras tanto Nissan tiene el 15% del capital de Renault, pero carece de derechos políticos. A diferencia de ella el estado francés tiene el 15% del capital y el 30% del voto. La francesa tiene menos ingresos por ventas que sus socios en la alianza, y por tanto tiene que aguzar los sentidos para evitar que un nuevo equilibrio le prive de las ventajas que la alianza le ha dado hasta ahora. De acuerdo con información del propio grupo, los ahorros por las sinergias entre los tres fabricantes, a cuenta de la alianza industrial, fue del orden de los 5.700 millones de euros en el año 2017.

La alianza da además dimensión al grupo en la medida que el año pasado, de forma conjunta, han vendido a nivel del mercado mundial una de cada nueve unidades de automóviles. Esto sugiere que puede haber un interés común para mantener con vida la alianza que tiene sede en Amsterdam, pero ese presunto interés común choca con la desconfianza y las batallas jurídicas entre los socios, que en lugar de disiparse siguen crispando las relaciones.

Hiroto Saikawa dijo esta semana que “Nissan y Renault podrán discutir en abril y mayo los próximos pasos” a dar dentro de la alianza una vez que la empresa japonesa haya hecho su asamblea extraordinaria de accionistas. Saikawa ya había dicho que era necesaria la junta, no por la crisis con Renault, sino para aprobar un informe sobre gobernanza de la empresa encargado a una comisión especial en la cual hay un grupo de profesionales reconocidos en el mundo empresarial de Japón. Esta es una decisión política de la empresa japonesa para colocar el choque con Renault en un nivel secundario respecto de los intereses del socio. Pero la junta al menos permitirá a Senard sustituir a Ghosn en el consejo de la empresa. 

La continuidad de la investigación por parte de Nissan de la actividad de Ghosn es un elemento que mantiene un alto nivel de tensión entre las empresas. Para la japonesa la investigación es crucial, porque de la cantidad de evidencia que pueda acumular en contra de Ghosn dependerá la fuerzas con la que pueda hacer frente a las pretensiones de su socio francés en las negociaciones futuras. Este es el principal motivo por el cual Saikawa quiere que esa negociación sea lo más lejana en el tiempo que sea posible sin quedar en evidencia. Poco antes de Navidad los abogados de Renault recibieron un informe de los abogados de Nissan con el que se pretendía que los investigadores de Nissan entrevistaran a ejecutivos de Renault, además de revisar sus archivos, de acuerdo con filtraciones a la prensa de personas al tanto del conflicto. Estas pretensiones han desatado las suspicacias en la automovilística francesa de que sus ejecutivos queden atrapados por la maraña de hilos cruzados del caso, o que documentación confidencial de la empresa acabe en manos de las autoridades japonesas.

La respuesta de los abogados de Renault, de acuerdo con esas fuentes, es un documento de 82 páginas dirigido a la asesoría jurídica de Nissan en el que se critica el alcance y la metodología de la investigación. Renault desea saber si Nissan comparte documentación confidencial de la empresa con los funcionarios japoneses, y si los empleados de Nissan han firmado algún tipo de acuerdo con las autoridades japonesas que les otorgue inmunidad en el procedimiento judicial en marcha, de acuerdo con una de las fuentes citadas por la prensa. Esta es una inquietud basada en la obviedad de que si ha habido algún tipo de abuso por parte de Ghosn no pudo haber ocurrido sin la connivencia de la propia empresa.

Por su parte, los ejecutivos de Nissan se muestran disgustados por lo que califican de retraso en abrir una investigación en el seno de la holding Renault Nissan BV en Amsterdam, que es la cabecera de la alianza.
Renault afirma que quiere seguridades de que el procedimiento se hace de forma adecuada.

Otra arista del poliedro es el caso Hari Nada, un vicepresidente de Nissan que encabeza el departamento legal de la empresa y la oficina del consejero delegado. Este abogado nacido en Malasia y formado en el Reino Unido era consejero de Zi-A desde 2012, la empresa que servía de vehículo para operaciones de Ghosn. Por motivos poco claros Hidetoshi Imazu, el ejecutivo a cargo de supervisar la actividad de los miembros del consejo de Nissan, se esmeró en obtener información sobre Ghosn y contactó con Nada. Al final de la gestión, de acuerdo con un relato sobre los hechos publicado por el Wall Street Journal, los ejecutivos de Nissan “acabaron descubriendo” que Ghosn había acumulado derechos a una compensación de hasta 80 millones de dólares a la hora de jubilarse hasta el año pasado. Lo llamativo, desde luego, es que esos derechos sean presentados como algo ajeno a los acuerdos de Ghosn con la propia empresa, es decir con el consejo de Nissan o al menos su comisión ejecutiva.

De acuerdo con este relato Imazu Nada y sus colaboradores contactaron con abogados y ex fiscales trabajando en el equipo jurídico de Nissan por si esto constituyera un delito de Ghosn y de otros empleados de la empresa. Recibieron como respuesta que se debían acoger a una nueva ley que ofrecía un trato de favor a los sospechosos de actividad criminal que colaboraran con las autoridades judiciales y presentar el caso a la fiscalía. La información fue trasladada a la fiscalía en el verano y en octubre los fiscales decidieron que tenían un caso contra Ghosn. 

Fuera del caso quedaban los que acordaron la remuneración diferida de Ghosn y estaban al tanto de ella y por tanto eran tan responsables como él de su comunicación a los reguladores, por ejemplo de la bolsa de Tokio. A raíz de esto la carta de Renault del 16 de enero afirma que: “La continuada participación de Nada en este caso representando el interés de Nissan, cuando se afirma que actuó de chivato, suscita cuestiones muy problemáticas, respecto de la equidad y sinceridad” del proceder y la investigación. El 4 de enero Nada envió un correo electrónico al entonces consejero delegado interino Bollore en la que se le informaba que el colaborador de Ghosn, José Muñoz, estaba en excedencia y que Renault debía abstenerse de mantener contacto con èl. “Este modelo de conducta cuestiona las motivaciones y objetividad de la investigación de Nissan y la presentan más como una campaña política que como un ejercicio neutral de recogida de información”, afirma la carta de la empresa francesa.

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