edición: 2825 , Martes, 15 octubre 2019
31/07/2019

La Reserva Federal y el BCE, enfrentados en una sorda guerra monetaria que nadie quiere declarar

Carlos Schwartz
Los mercados monetarios siguen en una supuesta neutralidad mientras la libra esterlina pierde pie frente a la mayoría de las divisas, incluido el yen japonés. La moneda del Reino Unido perdió ante el dólar un 2,5% de su valor en los últimos cuatro días de operaciones y un 4% desde finales del mes pasado. La caída de Theresa May, a pesar de su inmensa debilidad y la agonía de su mandato, precipitó una mayor incertidumbre en los mercados de cambios porque el encumbramiento del líder tory, Boris Johnson, acrecentó las perspectivas de un Brexit duro, sin acuerdos.
El Gobierno Johnson ha hecho saber a la Unión Europea (UE) que rechaza el concepto de frontera blanda con Irlanda, convirtiendo la cuestión de Irlanda del Norte en un asunto de principios que puede justificar una ruptura sin acuerdos. Pero la cuestión irlandesa, que se ha convertido en una divisoria de aguas entre Londres y Bruselas, está limitada en el fondo a los intereses de un solo país, mientras que el tipo de cambio de la libra afecta a los intercambios comerciales de Reino Unido con el resto del mundo. 

La dimensión del problema de la libra, no obstante, queda relativizada y es relevante sólo en cuanto revela la existencia de una tensión de fondo en los mercados monetarios, que solo se hace evidente de forma ocasional. Esta semana la Reserva Federal se reunirá con la cuestión de los tipos de interés de referencia como tema central. Como señalan muchos analistas, el clima económico en Estados Unidos sigue siendo optimista, y una reducción de los tipos de interés no parece motivada de forma evidente por la desaceleración económica. 

Sin embargo, el Gobierno de Donald Trump está obsesionado por la balanza comercial del país y su déficit frente a otras economías, y el tipo de cambio del dólar es una pieza esencial en las preocupaciones de esta índole. Trump ha reaccionado esta semana ante la Reserva Federal señalando que espera una reducción de los tipos de interés. El presidente considera que el dólar está caro frente a sus competidores comerciales, entre ellos los países exportadores de Europa. Como un coro a las preocupaciones del presidente están las promesas del presidente del BCE, Mario Draghi

La decisión la semana pasada del Banco Central Europeo (BCE) de anunciar que habrá reducciones de tipos de interés en breve, y que se van a reanudar las compras de bonos se ha sentido en Washington como una advertencia respecto del tipo de cambio futuro del euro frente al dólar.

Una advertencia sobre la política de la UE frente a la moneda común acerca de la cual la Reserva Federal debe tomar debida nota. En este escenario, los señalamientos del BCE han incentivado a la Fed para tomar la iniciativa apelando a una reducción de tipos de interés que todos los operadores esperan que sea de 0,25 puntos porcentuales. La idea de que una reducción de los tipos de interés es eficiente como estímulo para la actividad económica ha quedado en entredicho tras el desarrollo a lo largo del tiempo de tipos de interés de referencia negativos. 

La política monetaria del BCE no ha sido suficiente para evitar la desaceleración económica que se ha hecho perceptible de forma creciente en el último año. Pero el tipo de cambio sí tiene efecto en el precio relativo de los bienes y servicios que vende un país. Desde el punto de vista de la competencia comercial internacional el tipo de cambio entre las divisas si cuenta. De tal suerte que para cuando la Fed se reúna una parte sustancial de su decisión habrá sido tomada fuera de Estados Unidos, en Frankfurt. 

Esto es así en tanto que los anuncios de Mario Draghi sobre las futuras medidas de estímulo que adoptará el BCE van a reducir el tipo de cambio del euro, dando una ventaja comparativa a las manufacturas europeas. Esto va a llevar agua al molino de los consejeros de la Fed que desean una reducción de tipos de interés de referencia en Estados Unidos, quienes argumentarán en favor de su necesidad como resultado de la mejora competitiva que las naciones europeas obtendrán de la política anunciada por Draghi. Estas presiones cruzadas son expresión de una “guerra de divisas” soterrada, que se dirime en lo mercados de cambios.

La “guerra de divisas” es una expresión en los mercados monetarios de la guerra comercial entre las potencias. En el fondo el combate en los mercados monetarios entre Washington y Bruselas tiene por objetivo las ventas a China, que ha sido el mercado por excelencia en la presente fase de desarrollo económico, en disputa entre el bloque económico de los 27 y la industria y la producción agraria estadounidense. 

Sin embargo, las oscilaciones en los mercados de divisas son un factor de riesgo significativo. La circulación de los inmensos excedentes de liquidez ocasionados por la política de adquisición de activos, llevada adelante por ambos bancos centrales, han constituido un factor de inestabilidad financiera internacional. Es por ello que el anuncio de un aumento de tipos de interés hace más de dos años por parte de la Fed desestabilizó a Argentina y Brasil al provocar una salida de capitales colocados en ambos países, a falta de alternativas más rentables, con destino una vez más a Estados Unidos. La existencia de estos gigantescos capitales especulativos y su movimiento en los mercados internacionales juegan un papel de primer orden en la creación de desequilibrios súbitos. Una crisis cambiaria internacional está a la orden del día y la libra no es ajena a su posibilidad.

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