edición: 3011 , Jueves, 16 julio 2020
19/02/2020
banca 
Las cuentas salen bien

La ronda de consolidación bancaria en 2020 sólo será posible si la fusión financia los ERE

Una ecuación, propuesta por el BCE y reiterada por el Banco de España, parece ser la única solución para recuperar la rentabilidad
Juan José González
El reto, el objetivo y la estrategia es conseguir la rentabilidad, pero no a cualquier precio. O casi. Para conseguirlo, en una primera fase, hay que perder peso, es obligado, lo que pasa, como viene pasando, por reducir estructura, costes y tamaño. No es un trabajo sencillo en época de tipos de interés bajos y negativos, pues esto hace que las cuentas sufran mayor presión por el lado de los ingresos que, simplemente, llegan menos y con mayores dificultades. Para ser rentable, si los ingresos no suben en la proporción y cantidad suficiente, hay que bajar los costes para que la diferencia dé como resultante la rentabilidad. Es la receta que viene repitiendo el Banco de España desde hace tiempo que, llanamente, consiste en subir la rentabilidad por la vía de la reducción de los costes y gastos. De ahí que la salida más dolorosa, pues se trata de enviar a gente a la calle, a casa o al desempleo, sea la regulación de empleo a discreción, los recortes de plantilla y el cierre de oficinas. En principio y sobre el papel, todo parece tan sencillo como decirlo o ponerlo por escrito, pero la realidad, la práctica es bien distinta: reducir costes es muy costoso, excesivamente costoso. Las entidades que en los últimos tiempos se han embarcado en este tipo de procesos de reestructuración tienen las cuentas sobre la mesa y conocen el tamaño del precio de los procesos de adelgazamiento.
Pero de la misma forma, conocen también que en estos se encuentra la llave de la rentabilidad. El problema principal, por tanto, o mejor dicho, la clave de la ecuación, se encontraría en sumar. Es decir, la segunda fase de la estrategia que hoy se estarán planteando varias entidades, algunas de las más grandes y seguramente todas las medianas, pasa por explorar operaciones corporativas -fusiones- que les permitan ganar tamaño para cubrir los costes de esos procesos de reestructuración de la primera fase, es decir, que sería (o será) necesario fusionarse si se quiere alcanzar el objetivo principal: la rentabilidad.

El lenguaje frío y directo viene a resolver la ecuación principal: las fusiones deben pagar los costes de los EREs y así no habrá cifras que se le resistan al banco. Y el tiempo se agota porque las cuentas de resultados juegan, un año más, con la previsión de que el precio del dinero seguirá en los niveles más bajos de la historia. Se agotan también los tiempos que exige el Banco Central Europeo sobre las exigencias regulatorias que, en algún caso, si no se producen cambios puede el regulador central obligar a que se considere la conveniencia de no distribuir (o reducir) el beneficio, es decir, "alinear" en lenguaje del regulador, el dividendo con los resultados.

El sector bancario ha explicado en las últimas semanas, con ocasión de la presentación de los resultados anuales, que estos procesos son altamente costosos y que en último extremo, "son aventuras en las que no todos pueden participar". Alguno de los bancos más pequeños ha declarado no ser ajeno al esfuerzo que le va a exigir una fusión, añadiendo que "frente al riesgo de perder dinero, se puede pensar que una fusión, aunque es un riesgo mayor, puede salir mejor que seguir perdiendo dinero". Y en la elección se encuentran algunas entidades en la mitad de la tabla bancaria.

A la hora de hacer cuentas, sólo los más grandes van a ser (como así ha sido) los únicos que pueden hacer frente al coste de salida de una masa laboral caracterizada por los costes salariales más elevados. Seguramente los EREs de Santander y Caixabank, proporcionalmente comparados con los EREs que llevarían a cabo otras entidades de tamaño medio, serían inasumibles; ni siquiera una fusión tendría la capacidad suficiente como para reducir el impacto del coste de reestructuración en las cuentas. En los EREs recientes, el coste de las salidas pactadas con los representantes sindicales, se movieron en una horquilla de 190.000 a 4450.000 euros por cada trabajador incluido en el proceso. Según una fuente sindical, ni Unicaja, Liberbank como tampoco Abanca podrían soportar un coste superior a los 150.000 euros por trabajador en el ERE.

Si estas son las cuentas que manejan los bancos que ahora mismo pueden estar haciendo números, es probable que la consolidación bancaria en 2020 vaya a registrar una pobre cosecha. Es más probable que las cuentas de una fusión, desde la óptica de la capacidad de las entidades para hacer frente al coste elevado de las salidas, se encuentren más cerca de cuadrar en Bankia, Sabadell e, incluso, en BBVA, y por tanto, los mayores o primeros candidatos a cerrar en el 2020 una ecuación como la propuesta, es decir: que la fusión cubra el coste de los EREs para que las cuentas resulten rentables.

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