edición: 2364 , Jueves, 14 diciembre 2017
10/12/2009
Desaparece, prácticamente, el pagaré como instrumento de aplazamiento de pago

Las aseguradoras de papel comercial viven sus horas más bajas

La política de riesgo cero de la banca, seria amenaza de bloqueo del sistema crediticio
Juan José González

Una casa de análisis ligada a un banco comercial concluía en un reciente estudio que “las empresas han modificado sus hábitos como consecuencia de la desaparición de compañías aseguradoras de papel comercial”, empresas aseguradoras cuya función principal era la de garantizar la financiación del circulante en una buena parte de las empresas españolas. Ya no hay compañías que intermedien la calidad de los pagarés de una empresa, un instrumento de pago –mediante el aplazamiento- tan habitual en la práctica mercantil que extraña su falta de presencia en el tráfico societario e, incluso, su desaparición. Todo un problema, y serio, si se tiene en cuenta que el pago mediante pagaré era –y sigue siendo, aunque no se utilice- un medio de pago aplazado, comúnmente aceptado por todo el mundo.

El Banco de España no afronta el problema. Debería preocuparle. En sus últimos informes, revela la caída en picado de la financiación empresarial, y recoge al mismo tiempo, el preocupante endeudamiento de las empresas, limitándose únicamente a reconocer que la situación es mala y a recomendar que si se reduce el nivel de endeudamiento los balances estarían más sanos. No le falta razón al Banco pero le falta aportar alguna solución. Las empresas españolas necesitan instrumentos para aplazar sus pagos, tanto como que los bancos deben perder el miedo y la inseguridad en la concesión de créditos. Pero las entidades no se fían ni de los particulares, endeudados hasta las cejas ni de la capacidad de pago del sector inmobiliario –constructoras, inmobiliarias servicios auxiliares-. Una estrategia de gestión del riesgo que provoca que todos los meses desaparezcan cientos de empresas.

Compete al Banco de España y al ministerio de Economía, despejar las incertidumbres de los responsables financieros de la banca, hoy atenazados por los temores sobre el futuro de la economía pero al mismo tiempo por la política de riesgo cero que vienen aplicando en los últimos 18 meses. La banca tiene la misma obligación en conceder créditos que al Estado  subvencionar con ayudas al sector bancario. Sucede en los países de nuestro entorno, Francia, Italia, Reino Unido, Alemania… Igual que en EE UU. La preocupación del Estado en inyectar dinero al sistema, a través de las entidades financieras, puede tener los mismos recelos que el banco hacia la solvencia de pago empresarial. Si los primeros están obligados a garantizar la liquidez al sistema, la banca debería estar igualmente obligada a financiar a las empresas. Y sería, posiblemente, la única forma de recuperar el equilibrio financiero mientras se estabilice el consumo privado. En caso contrario, el sector financiero tendrá que adaptar su tamaño a la demanda del crédito.

Los problemas de riesgos de algunas cajas de ahorros, sumados a los problemas de algunos bancos, más los problemas de falta de liquidez en muchas tesorerías de empresas, junto al deterioro de las cuentas públicas, han terminado por minar la credibilidad en la solvencia del sistema crediticio español, y convertir algo que en un principio se pensaba que era un asunto de mala imagen en otro asunto de Estado, de sistema, del sector financiero, de todos. Demasiadas debilidades juntas y al tiempo como para pensar que sólo se trata de problemas aislados. Y el Banco de España convertido en observador -puede decirse que pasivo- ante tantos elementos de desconcierto.

Es posible que todo se deba a la incomunicación que mantienen los responsables de Economía y los del regulador, este último –Gobernador, subgobernador y director general de Inspección- centrado en rondas interminables con la veintena larga de presidentes de cajas. No hay fines de semana ni vacaciones; hay reuniones, porque entre otras cosas los asuntos que se tratan no son de conversación telefónica.

Así las cosas, el sistema crediticio español se encuentra en riesgo de solvencia porque hay un exceso de debilidades técnicas que las entidades financieras no pueden resolver de forma aislada. El secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, se ha convertido de facto en el peso pesado del ministerio económico; mientras Salgado se ocupa de la parte política y de la representación pública del departamento, Campa cocina, corta y pega, al tiempo que mantiene comunicación directa con los responsables del Banco de España. Ministerio y Banco coinciden ahora en que los bancos ya han comenzado a notar que la población percibe la mala imagen cosechada en los últimos meses, por la reticencia y los temores de las entidades ante la demanda de crédito. Pero también consideran peligroso para miles de empresas que las compañías aseguradoras, o intermediadoras, de pagos estén fuera del mercado.

 

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