edición: 2451 , Viernes, 20 abril 2018
15/12/2017
Renuncian a desarrollar las baterías

Las automovilísticas quieren enmendar el error a golpe de grandes inversiones

Primero dejan pasar la ocasión de liderar la `electromovilidad´ y ahora ceden las baterías a la industria auxiliar
Juan José González
No parece que quieran asumir más riesgos, una vez perdida la oportunidad de liderar el mercado  electromóvil del futuro. Sin posibilidad de acercarse a la californiana Tesla, la revolución actual del sector y fenómeno que lleva camino de enterrar a los fabricantes tradicionales de la industria del motor, constructores como Volkswagen se revuelven y expresan su mea culpa como perdedores de la batalla del futuro del automóvil con el anuncio de un paliativo plan de inversiones por valor de 30.000 millones de pesetas hasta el año 2025. El conjunto del sector maneja planes de desarrollo muy ambiciosos para que el futuro vehículo circule por las carreteras con mayor autonomía y eficacia técnica (todavía no superadas ninguna de las dos) entre 2020 y 2030, y para este objetivo destinan 120.000 millones de euros. Constructores como Volkswagen cambian ahora de estrategia, obligados por la `sorpresa Tesla´ y renuncian al desarrollo y producción propia del alma principal del vehículo, la batería eléctrica del propulsor, o motor eléctrico. Cede de esta forma el que puede ser el principal producto de la electromovilidad como son las baterías, la pieza vital del coche futuro que será desarrollada y fabricada por la industria auxiliar, seguramente en fábricas coreanas, chinas o indias.
Tiene toda la razón del mundo el segundo máximo responsable mundial de Volkswagen quien ha reconocido por pasiva el retraso de la industria del motor respecto a las exigencias futuras de la demanda del sector, aludiendo a los efectos provocados por la aparición del fenómeno Tesla, al afirmar que este nuevo competidor había despertado a la industria. Un reconocimiento de una firma que, como la alemana tiene un peso decisivo por su tamaño industrial y su capacidad para producir nuevos vehículos. Es, por otro lado, un reconocimiento que suena a enmienda en el caso del constructor alemán, en una posición muy delicada en el mercado, dañado su prestigio y maltrecha su fama de eficaz constructor, ambas muy deterioradas tras el fiasco mundial del diésel, hoy en numerosos tribunales de Justicia mundiales y sin que los problemas jurídicos vayan a desaparecen a medio plazo.

Los responsables de los grandes constructores del motor no ocultan que han perdido una ocasión de oro, adelantarse a la californiana Tesla (una idea originada hace 14 años en Silicon Valley) que hoy día vale en Bolsa más que Ford y General Motors. Si bien la sensación que transmiten los constructores, y en particular Volkswagen, es la de haber "perdido el factor sorpresa" en el automóvil, parece que sí creen en que serán capaces de ponerle remedio al `despiste´. Así quieren demostrarlo con los ambiciosos planes del fabricante multinacional de origen germano con una inversión de 30.000 millones de euros destinados a sacar de sus cadenas de producción 80 modelos eléctricos en el mercado allá por 2025.

La primera impresión que transmite el objetivo de Volkswagen es tan positiva como obvia su obligación recuperarse y cumplir con la normativa que fija el límite de emisiones de CO2 y que estará operativa en 2030, cinco años después de que los vehículos `electromóviles´ de firma germana ya circulen por las carreteras de medio mundo. La apuesta de Tesla rompe esa resistencia feroz de los constructores clásicos de la industria que ahora sí parecen orientarse al futuro con estrategias claras en la sustitución del viejo motor de explosión por la nueva propulsión eléctrica. Se diría que Tesla lo tiene todo a favor, que le ha sido fácil "robarle la cartera" a las compañías adormiladas en el diésel, la gasolina y los todo terreno urbanos, americanas, europeas y asiáticas, y ahora, con una capacidad de apenas 82.000 unidades al año, parece valer más que los constructores tradicionales que se mueven en cifras entre cinco y diez millones de unidades al año. El cambio climático supone la carta de aceptación para los constructores que se quieran adherir a la `electromovilidad´, donde Tesla ejerce hoy día su dominio indiscutible. Pero da igual porque el mercado valora muy positivamente a Tesla y los inversores ya le atribuyen valoraciones similares o, incluso superiores, a los centenarios constructores del motor, es decir, mantienen expectativas de futuro, lo que significa que como buenos inversores se entiende que esperan beneficios que en este caso son a un plazo medio o largo. Y eso que los dueños de Tesla no esperan rentabilidad en los próximos dos años.

Quizá en aras a liderar el mercado del futuro, en el que Volkswagen, Ford y General Motors, entre otros gigantes clásicos, ya han perdido claramente el tren por su falta de iniciativa en el automóvil eléctrico, no deberían dejar escapar la oportunidad de desarrollar las baterías del futuro, una auténtica nueva industria que está a la vuelta de la esquina, en vez de `delegar´ el desarrollo y la producción de baterías, la que será la industria auxiliar de la automoción eléctrica, a favor de Corea, China y demás, al menos si la estrategia de los constructores europeos pasa por ser además de competitivos, rentables.

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