edición: 2363 , Miércoles, 13 diciembre 2017
31/01/2013
La filtración a la prensa sobre el pago anticipado de la banca española al BCE tiene poco alcance defensivo

Las ayudas del MEDE a la banca española y a la Sareb suman 41.351 millones que se harán líquidos en el banco central

Carlos Schwartz

Fuentes europeas, detrás de las cuales se esconden quizá recaderos de la banca y de los bancos centrales, insisten en que los bancos españoles solventes han devuelto al Banco Central Europeo (BCE) 44.000 millones de euros de las operaciones a largo plazo realizadas entre diciembre de 2011 y febrero de 2012 ayer. En noviembre de 2011 la posición deudora de la banca española ante el BCE era de 97.970 millones de euros. En marzo de 2012 esa posición deudora era de 315.306 millones de euros. La diferencia de 217.336 fue nueva deuda. Pero la cosa no quedó ahí. En agosto de 2012 la cifra tocó su máximo de 388.736 porque se sumaron para enjuagar las tensiones de liquidez otras operaciones de financiación. Las aguas recién comenzaron realmente a bajar el pasado mes de diciembre cuando se registraron 313.109 millones. Pero en ese mismo mes había en depósito en el banco central otros 44.183 millones. Es decir que en cifras gruesas si realmente se han devuelto de forma anticipada 44.000 millones al BCE estamos hablando del 10% de la deuda actual.

Pero el caso es que las ayudas que recibirá la banca de los grupos 1 y 2, bancos en crisis nacionalizados en el primer caso y no nacionalizados en el segundo, del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) , y la Sareb totalizan 41.351 millones de euros con el tramo aprobado esta semana. Como estos recursos se han recibido en la forma de bonos del MEDE con diferentes plazos de vencimiento, la única forma que los bancos y la Sareb tienen de convertir al papel en dinero es descontarlo en el BCE. Con lo cual en marzo de este año la cifra que figurará en la columna 14 del balance del Eurosistema puede que sea igual a la que había en enero, y que en febrero la amortización se podrá verificar en ese balance siempre y cuando el descuento de los bancos y la Sareb se haya demorado y no haya tenido lugar en enero. Esto hace sonar algunas campanas en la niebla. Y esas campanas indican que la filtración informativa ha sido una maniobra para que un grupo de bancos que no quieren ser confundidos con el pelotón de rezagados hagan ruido acerca de su pago anticipado porque el hecho será de muy difícil lectura desde el punto de vista estadístico. A menos que los descuentos que se hagan del papel del MEDE en el BCE queden fuera del balance. Algo que no parece verosímil.

En tanto que esto es así conviene enfocar la cuestión para no quedar en zona de riesgo intelectual. O lo que es lo mismo para no quedar hipnotizados por las grandes cifras que suenan a bronce. La crisis de la banca española no se ha superado. Simplemente se ha trasladado el problema al estado por mediación del Gobierno del Partido Popular. Los 41.351 millones de euros que se han destinado a superar la grave crisis que afecta a un amplio sector del sistema financiero y que se ha estimado en una magnitud del orden de los 100.000 millones de euros, son indudablemente insuficientes y la naturaleza del capital que se ha inyectado en las entidades necesitadas está por debajo de las necesidades reales. Para colmo de males esos recursos son deuda, y aunque esté avalada por el estado no es dinero. Lo cual supone recortes en el momento de hacerla líquida.

El propio Fondo Monetario Internacional recomendó a la hora de anunciarse el acuerdo de la ayuda por el MEDE a España que esta se debía transformar lo antes posible en dinero contante y sonante. Eso no ocurrirá. Por otra parte la pretensión de desvincular la crisis del sector bancario de la deuda soberana ha fracasado estrepitosamente. El capital que se insufla en los bancos en crisis es deuda del estado. Se añade al listado de deuda pública española. Es bueno no llamarse a engaño sobre estas peculiaridades de la actual situación de conjunto porque es inevitable que las tensiones reaparezcan en un plazo difícil de prever. No es sostenible que una crisis de la magnitud de la que se vivió en el verano pasado se haya disipado por una pocas palabras dichas con sentido de la oportunidad. Cuando el Instituto Nacional de Estadística (INE) nos vuelve a traer a la realidad al anunciar que el producto interior bruto español cayó en 2012 el 1,37% se hace evidente que las hipótesis de que habrá un rebote significativo este año huelen a humo.

No en vano a los reguladores les viene temblando el pulso de forma creciente en lo tocante a la banca. De todos los objetivos de rigidez regulatoria que emanaron en un principio del G20 en el 2008 los más estridentes se han ido alejando en el tiempo de forma de suavizar las condiciones a los bancos, incluido algunos aspectos de los requisitos de capital. La última concesión la ha hecho pública Michel Barnier, el Comisario a cargo de Mercado Interior, quien dijo esta semana a la prensa que no se implementarán aspectos del informe Liikanen que aboga en Europa por una separación de las operaciones con títulos valores en los mercados de la actividad bancaria.

En su informe, Liikanen hacía propuestas similares a las del informe Volcker en Estados Unidos para separar la actividad de inversión por cuenta de clientes y con cargo a recursos propios de los bancos en títulos valores de las actividades de banca propiamente dichas. La idea detrás de las palabras de Barnier es evitar a la banca nuevos costes de reestructuración para asegurarse que el dinero de los depósitos va al crédito a la clientela. Los encargados de la regulación de la Comisión Europea que afecta a la banca están preocupados por la fragilidad de la estabilidad económica de la región y piensan que no tocar a la banca contribuirá a la recuperación. Grave error.

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