edición: 2762 , Miércoles, 17 julio 2019
08/06/2009
Agotado el recurso a las emisiones de preferentes

Las cajas activan el salvavidas de las cuotas participativas

Deberán asegurar y 'garantizar' beneficios operativos
Juan José González

Recapitalizarse o morir. Más o menos esa es la cuestión, aunque sin tener que llegar a tales extremos, varias entidades financieras meditan en las últimas semanas la forma más correcta y ortodoxa de hacer frente a uno de esos problemas que amenazan y atenazan a sus balances y cuentas de resultados.

Las alternativas son muy limitadas, apenas media docena de recursos para reforzar el capital. Los bancos, grandes y medianos, agotan estos días sus cupos de preferentes, como muchas cajas de ahorros, a punto de sobrepasar –alguna ya lo hizo en abril- el tope del 30% de los recursos propios básicos, así que las que se encuentren cerca de la zona de peligro, o esperan que su actividad les genere beneficios en los próximos meses que les permita, de nuevo, emitir preferentes, o se buscan la vida por otra vía. Y en eso están pensando.

Desde principios del ejercicio, varias cajas de ahorros, animadas en la mayoría de los casos por grandes empresas cotizadas, sondean la posibilidad de recurrir a la emisión de cuotas participativas, una solución temporal a buena parte de los problemas técnicos que sufren las cajas pero con dos inconvenientes coyunturales de difícil solución a corto plazo; por un lado, los relativos al cambio en ciernes del mapa del sector, un nuevo diseño que en unos seis u ocho meses poco o nada tendrá que ver con el actual, y por otro lado, los recelos que hacia este sector financiero se han multiplicado recientemente con los últimos episodios de crisis e intervenciones del Banco de España.

Con todo, señalan desde distintos medios financieros, las cajas trabajan con la hipótesis de que a medio plazo el Banco de España fijará las pautas técnicas –legales- para que estas entidades puedan poner en marcha sus planes de emisión. En Economía ven en las cuotas participativas, más que una aportación de recursos, un cambio decisivo en la gestión de las entidades, por cuanto exigiría una mayor transparencia de la misma a través de la comunicación –y explicación- pública de sus resultados trimestrales.

En Cibeles se llevan las manos a la cabeza en cada ocasión que el presidente del Gobierno José Luís Rodríguez Zapatero, le dedica unas palabras al sector, como las pronunciadas el pasado viernes; por un lado afirma que el sistema es fuerte y que los bancos “están aguantando muy bien la crisis” aunque de las cajas proclame que “van a pasar dos o tres años difíciles”, y que por eso piensa “invitarles a hacer reestructuraciones”. Las cajas le contestan que no tienen problemas de solvencia y que ya empiezan a ver –también- algún brote y que, incluso, parece verde.

La intención de las seis principales cajas españolas camina en una dirección; sacar al mercado entre el 20 y el 25% del capital en forma de cuotas participativas, de acciones de las cajas (ya se sabe que sin derechos políticos) cuya principal característica sería la de contar con una remuneración competitiva e indiciada a la media de los cinco mayores dividendos de las compañías del Ibex 35. La instrumentalización de la idea, según un alto directivo del sector, es similar a la que se puso en marcha en segundo mercado francés para una categoría de empresas con un free float limitado. El único inconveniente con el que puede contar la fórmula en cuestión, reside en que para retribuir competitivamente el capital es necesario generar recursos suficientes, aspecto que tan sólo una docena de cajas es capaz de asegurar en estos momentos.

Pero el tiempo corre que da gusto y a una velocidad que para algunas de estas entidades que hoy emite preferentes sin freno, puede convertirse el próximo ejercicio en una soga al cuello que será difícil aflojar, especialmente cuando en alguna de las más activas en producción y venta de este activo –todo hay que decirlo, tan barato de emitir y colocar a la clientela de depósitos- se encuentre con que su beneficio ordinario no le llega ni para la obra social. Las últimas cifras sobre aportaciones de las cajas a la obra social parecen mostrar una tendencia a la baja, relacionada, claramente, con los resultados operativos. A tenor de la información más reciente sobre el sector, las cajas estarían reduciendo su aportación a la obra social como medida coyuntural para aumentar las reservas, de la misma forma que los bancos han venido reduciendo (congelando o canjeando por acciones) el pago de sus dividendos.

Así que, ante esta más que posible contingencia las cajas no cuentan a medio plazo, con una solución que les despeje el horizonte como no sea la de trabajar para hacer posible la emisión de cuotas participativas. Por trabajar se entiende, dicen en una de estas entidades de ahorro, “rediseñar el mapa de las 45 cajas actuales, normas nuevas que eliminen limitaciones de emisión de instrumentos y, lo más importante, que lo apruebe el consejo de administración”. Con todo, es muy probable que el mercado dejara de tener en cuenta los problemas políticos y económicos que exhiben muchas de estas entidades, aunque para mejorar la imagen siempre hay tiempo.

Con cuotas o sin ellas, y con preferentes al borde del agotamiento, siempre quedarán como recursos la emisión de deuda en divisas, bonos avalados por el Estado o la realización de plusvalías latentes, o lo que es lo mismo, pan para hoy y más problemas para mañana.

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