edición: 2892 , Martes, 28 enero 2020
23/12/2009
Pendientes del último ‘empujón’ bursátil del año

Las cajas agotan el filón de las participadas y sus plusvalías

El Banco de España quiere reducir las ayudas del FROB
A mayor ganancia de participadas, menor ayuda del Fondo
Juan José González

El próximo escollo a salvar para las cajas ya no son los morosos, sino el elevado número de fallidos que se esperan para los próximos meses, en particular, a partir del segundo trimestre del año. Por esta razón, muchas de las entidades en proceso de fusión y las más rezagadas, sin acuerdos aún definidos, mantienen una encendida batalla con el Banco de España para conservar algunos “puntos de reserva de liquidez y plusvalías”, activos que se podrían materializar en menos de 48 horas. Que el nivel de morosidad de las cajas haya superado el 5% (el 5,26% en octubre) quiere decir que a la vuelta de seis meses al menos un 2% deberán ser declarados fallidos. Pero el pulso de cajas y Banco central no es debido a los efectos de los fallidos sino a otro asunto que las cajas consideran como su “reserva estratégica”: los activos rentables que tienen en sus balances y que además de dividendos son considerados por las cajas como un último refugio para el caso de extrema necesidad. Las cajas no se quieren desprender, en este momento del año, de una buena parte de esos activos, en particular, de las participaciones en compañías cotizadas.

Son posiciones muy valoradas por los consejos de administración de las cajas, tienen la doble condición de cliente y de aportación de dividendos –las que sean rentables-, y constituyen una parte importante del balance de las cajas como integrantes de su cartera industrial. Pero al ser una cartera valorada a un precio de mercado, como es el bursátil, en constante cambio, no es lo mismo una valoración, por ejemplo, el 8 de marzo que hoy día 23 de diciembre; la diferencia puede ser tan abismal como de un 70% más si se toman precios más cercanos al presente mes. Según se fije para el cálculo un Ibex 35 en los 12.000 puntos, las participadas de las cajas tendrían un valor de mercado en torno a 40.000 millones de euros, según el cálculo de varias casas de análisis. Una cantidad que, si estuviera distribuida según las necesidades y urgencias de las entidades, resolvería de un golpe muchos problemas.

“El Banco de España quiere pero no quiere, y todo al mismo tiempo”, asegura el director financiero de una de estas cajas a las que el supervisor le recomienda que en el proceso de reestructuración que esta llevando a cabo, refuerce en la medida de lo posible su balance y se desprenda de alguna de las participaciones más significativas en poder de la caja, algo que para unos es interpretado como una ‘recomendación’ de presión, y para otros no deja de ser una petición más no formal. Se puede querer todo pero no tenerlo todo, y según este ejecutivo, si el Banco de España quiere aplicar “café para todos” y en la misma medida, algunas entidades deberán ponerse a la altura de la media. Y ponerse a esa altura pasa por deshacerse de participaciones, cotizadas y no cotizadas, porque se trata de equilibrar la entrada en el FROB para evitar que las ayudas a unas y a otras resulten desproporcionadas.

La fotografía de las entidades que visitan en los últimos meses el Banco de España, es bien diferente; desde las que pueden evitar la ayuda del fondo de reestructuración, hasta las que deberían acudir directamente a la disolución. Y el supervisor pretende igualar a común denominador cajas con provisiones genéricas agotadas o a punto de extinguirse. En esta situación se encuentran dos entidades que se resisten a deshacerse de su cartera industrial, unos 5.500 millones de euros entre las dos, que darían un vuelco a sus balances. Asesoradas por uno de los primeros grupos bancarios del país –casualidades de los negocios- las cajas en cuestión esperan una revalorización de las bolsas europeas (la española incluida), donde cotizan sus participadas, para sacar el mayor partido a sus posiciones, al tratarse de dos compañías industriales que en los últimos meses cotizan al alza.

A estas alturas del año, no hay caja que no juegue con una estimación de lo que supondría la venta de sus participaciones industriales, “hasta la CCM contaba con un programa de venta ordenada, pero se le echó el tiempo encima” aseguran en el sector. La valoración de las participaciones es una cuenta que se actualiza diariamente y que el consejo de administración puede conocer en cualquier momento a través del secretario del consejo o con una sencilla llamada a su director financiero. Es una cifra de la que se sabe esta llamada a resolver los problemas más graves de la cuenta de resultados en “época de guerra”, situación que en la que viven las cajas en los últimos 15 meses. Por eso el valor de las participadas adquiere mayor relevancia conforme pasa el tiempo, siempre y cuando el mercado de valores siga subiendo y los fallidos no empiecen a hacer su aparición.

La cartera de participadas en ese colchón tan elástico como el mercado quiera. Esta llena de plusvalías latentes que, aunque se materialicen el próximo año, y estén afectadas por mayores impuestos, servirán igualmente para sanearse, porque apagarían los fuegos de esas cuentas que hoy están ya están a punto, comienzan a sacar humo. Porque en principio, el plan de contención de la hemorragia financiera de las cajas logró en parte sus objetivos, esto es, contuvo la mora y se provisionó lo que no esta escrito –unos 25.000 millones de euros en octubre, un 28% más que hace un año-. Pero los de dudoso cobro se dispararon, y de qué manera, un 58%, nada menos que 46.400 millones. Y así, no hay quien pueda.

Que las cajas realicen –vendan- ordenadamente sus participaciones es natural, especialmente si las operaciones responden a un estado de necesidad, una situación que en un contexto de morosidad y descenso de márgenes justifica cualquier operación de venta de participadas. Algo que, por otra parte tiene mucho que ver, no solamente con la urgencia de cada entidad, sino también con la presión y sugerencias del Banco de España en la reducción del tamaño.

Desgraciadamente, la supervivencia de buena parte de las cajas esta encomendada, en esta coyuntura, a la suerte que pueda depararles el destino y las plusvalías latentes de sus participaciones industriales, porque las provisiones genéricas consumen sus últimos cartuchos en estos tres próximos meses. Y hasta es posible que más de una ya no cuente con ellas. Pero eso sólo lo saben dos; la caja y el supervisor, a fin de cuentas, un pulso entre dos políticos.

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