edición: 2365 , Viernes, 15 diciembre 2017
08/04/2010
En el sector se pone en duda si la oferta del 4% del banco vulnera la competencia
Emilio Botín, presidente de Grupo Santander

Las cajas, en plena reconversión, consideran hostil la ‘guerra del pasivo’ de Santander

Al Banco de España le interesa como presión para acelerar la reestructuración del sector
Juan José González

Un ejército de 14.000 oficinas y otros aproximadamente 2.000 puntos de venta online, la mitad de la potencia instalada de toda la banca española, son los efectivos que el primer grupo bancario español, Santander, tiene destinados, a modo de gran ejército comercial, a lo largo de toda la geografía española, a la voz de ni un solo depósito debe quedar vivo en manos del enemigo. Aunque la consigna pueda resultar un poco exagerada, no lo es tanto como afirmar que esta suerte de operación ‘Tormenta del desierto’ lanzada por Santander, Banesto, Open Bank y Banif a lo largo de todo el frente financiero español, se considera como una ofensiva hostil en un momento en el que el sistema financiero se encuentra en plena reconversión, lo que equivale a decir en su trance más débil.

Así la cosas, o así planteada la batalla por el grupo Santander, en medios financieros (bancos y cajas) se viene extendiendo la reflexión compartida acerca de si no debería entrar a considerar el Banco de España, supervisor de las actividades de la banca, si la ofensiva en cuestión de quien representa el 50% de la fuerza comercial española, atenta o no, total o en parte, contra alguna de las normas de competencia del sector. Otra reflexión, igualmente compartida por otros medios financieros, apuntan a todo lo contrario, es decir, a que la ‘gran batalla’ del grupo Santander esté ‘consentida’ por el supervisor, al que no le vendría nada mal la actuación de una presión, como una guerra del pasivo, como revulsivo en el escenario de un sistema financiero en proceso de reestructuración.

No ha sentado bien en el sector financiero el movimiento de Banco Santander, lanzando una ofensiva con sus cuatro tentáculos y actuando en grupo en busca de los depósitos necesarios que le permitan mayor liquidez en una coyuntura en la que el grupo esta obligado a amortizar en breve alrededor de 26.000 millones de euros procedentes de emisiones de bonos y obligaciones que vencen en los próximos meses. Y tal despliegue de artillería pesada, poniendo en pie de guerra a toda la maquinaria comercial del grupo financiero, es contemplado más como una estrategia de acopio de recursos ante la que se viene encima, que a una mera iniciativa de captación de pasivo en un momento puntual –oportuno- y sin mayor motivo ni alcance que ganar cuota de mercado en balance y de paso contar con más clientes. El movimiento parece tener mayor profundidad en un grupo bancario con una deuda estimada en torno al billón de euros que, aunque dispersa en múltiples y variados vencimientos, no deja de ser un elemento de presión constante, especialmente cuando el horizonte no transmite buenas sensaciones.

A principios de año, Santander explicaba claramente que no quería entrar en una guerra de depósitos, pero tres meses más tarde, con menor ruido publicitario del habitual y utilizando otras técnicas de marketing directo, el grupo pone en marcha un ‘ataque’ –en argot financiero- en el que reúne a todas sus fuerzas (los cuatro bancos) para captar depósitos de forma masiva, una intensa campaña para atraer dinero nuevo con un arma que nunca falla: una rentabilidad de las más altas del mercado, un 4%, al tiempo que se hace hincapié a toda la red en que para el éxito de la operación se ha establecido un atractivo sistema de incentivos –mayores que en otras campañas- para las sucursales que alcancen sus objetivos, y estos no parecen tener límite.

Y no ha sentado bien porque consideran en el sector que Santander había mantenido una postura prudente respecto a la captación de pasivo a lo largo de la crisis que ahora se rompe con la campaña de su nuevo producto. Ha sentado mal porque la coyuntura esta llena de entidades que, como las cajas de ahorros, se encuentran ocupadas –distraídas- en sus particulares problemas de fusiones, integraciones y demás movimientos corporativos. Precisamente, es esta debilidad coyuntural de las cajas uno de los motivos que parece haber animado al primer grupo bancario español a lanzar esta ofensiva, al considerar también que, desde el inicio de la crisis, las cajas son las que mayor beneficio han obtenido en su lucha por hacerse con mayor volumen de depósitos. El pasado año, las cajas crecían en depósitos un 9,5% frente al 6,2% de los bancos. El sector se muestra hostil hacia Santander al estimar que se trata de un competidor con extraordinaria capacidad y facilidad para captar financiación en los mercados de capitales.

Aunque bien pensado, con las últimas tasas de ahorro de los hogares españoles conocidas recientemente, que vienen a constatar que ante el miedo e inseguridad de las familias por la duración de la crisis -ahorran casi 25 euros de cada cien de ingreso- no es de extrañar que bancos y banqueros se muestren inquietos en sus sillas a la espera de ver qué hacen los españoles con 100.000 millones de euros en sus cuentas.

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