edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
12/12/2017
Prisas por recuperar buena imagen

Las calificadoras ponen el contrapunto al relato oficial de la recuperación

Dificultades del Gobierno para mantener la fantasía de la versión más edulcorada de sus logros económicos
Juan José González
Las calificaciones de las tres principales agencias de rating del mundo parecen llegar en un momento clave del discurso político y económico del Gobierno español, de forma que se convierte en el contrapunto a los últimos excesos verbales de los miembros más destacados del Ejecutivo. Si bien es cierto que el crecimiento de la economía española firma ya tres ejercicios consecutivos en el entorno del 3% anual del PIB, las agencias apuntan a sus reiterados incumplimientos de su compromiso con la Unión Europea de los objetivos fiscales, que viene a equivaler a un fracaso en la aplicación de las medidas de estabilidad y de corrección de desequilibrios por parte del Gobierno. Por tanto, estarían las calificadoras manteniendo el rating de la deuda pública del Tesoro español en el punto débil, en la misma zona en la que se encontraba a partir de 2011 y, por supuesto, muy lejos de recuperar la triple A anterior a ese ejercicio. La elevada tasa de desempleo actual, el porcentaje de deuda sobre PIB, también excesivo, como el de la deuda exterior impiden que el relato oficial del Gobierno sea tan positivo como es presentado a diario en los foros públicos, al mismo tiempo que le impiden avanzar en la lucha por recuperar la buena imagen del pasado, anterior a 2009. La última y más reciente explicación del Ejecutivo acerca de la crisis catalana, lejos de servir como coartada, se ha convertido para las calificadoras en un elemento más que resta, y se opone, al relato de la recuperación de la economía española.
Nunca la velocidad de recuperación pretendida por las autoridades de un país respecto a sus fundamentales económicas coincide con la velocidad marcada por las calificadoras. Entre otras razones porque los criterios de uno y de otro son diferentes como también muy dispares los objetivos y la valoración de la realidad. En este sentido, las notas o rating otorgados por las agencias calificadoras a los riesgos de los países, se encuentran a la fecha sensiblemente por detrás o por debajo de los que estiman por término medio, los Gobiernos. Y España es un buen ejemplo.

Utilizando el argot, separan las calificaciones de las agencias y de las autoridades económicas varios escalones. Escalones que impiden que España recupere los niveles pre-crisis que el Ejecutivo reitera que ya han sido alcanzados. Los datos sobre niveles de deuda pública sobre el PIB, deuda exterior y de tasa de desempleo sirven y bastan para matizar el relato triunfalista en exceso que vienen transmitiendo las autoridades españolas. Así las cosas, el escenario que dibuja el Ejecutivo, idílico únicamente por estar basado en tres logros, como son, la reducción de la tasa de desempleo, la reducción de la deuda pública y el bajo rendimiento (o costes) de esta última, estaría chocando frontalmente con la realidad objetiva de un desempleo persistente y en tasas aún muy elevadas, como también el nivel de deuda externa y el asimismo alto nivel de la deuda pública sobre el PIB. 

El relato de las autoridades, sin embargo, parece haber sufrido en los últimos meses una ligera corrección de rumbo debido a la crisis catalana y al deterioro económico del que también se registran datos objetivos y negativos, con independencia de cualquier valoración política. Quizá sea este el único punto en el que las valoraciones que hacen ambas partes (calificadoras y Gobierno) muestran un cierto acercamiento, si bien, los riesgos políticos (por Cataluña y a partir del 21-D) tienen mayor ponderación en los cálculos que realizan las calificadoras que en los que puede realizar el Gobierno.

No hay que olvidar que las calificadoras conceden una singular relevancia a los riesgos políticos en tanto que suponen efectos evidentes e inmediatos sobre varios puntos fundamentales de la actividad económica. Y las elecciones en Cataluña del próximo día 21 entran en el apartado de las incertidumbres políticas. Incertidumbre con un elevado peso en los análisis de riesgos, sirva de muestra el caso británico, cuyo rating cae un escalón sólo como consecuencia de las incógnitas que genera su salida de la Unión Europea. Y así cabe señalar que riesgos y notas se convierten en opiniones que apuntan a que los avances que presenta hoy la economía española no dan para que las agencias de rating contemplen una revisión al alza puesto que las considera debilidades y asignaturas pendientes.

Aunque para riesgos cabe recordar que hacia julio de 2007 las agencias de rating (las tres conocidas principales) aseguraban no identificar problemas sustanciales que guardaran relación con alguna amenaza para la solvencia de las muchas (todas) instituciones financieras que a la postre llevaron al sector financiero a la mayor crisis del sistema mundial contemporáneo. Asunto grave en tanto que empresas, instituciones públicas y particulares suelen tomar decisiones de inversión sobre su dinero con la referencia que ofrecen las calificadoras. Recuperación con fantasía incluida del Ejecutivo, con muchos matices y que no elimina los problemas de imagen internacional que sufre España, un trabajo en el que aún le queda camino por recorrer.

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