edición: 3099 , Martes, 1 diciembre 2020
23/03/2011
La financiación ‘patriota’ de catalanes y valencianos entra en crisis

Las CC AA más endeudadas retiran emisiones ante la ausencia de comprador

Alternativas: vender suelo, inmuebles, concesiones, o convertir la deuda en perpetua
Sede de la Generalitat valenciana
Juan José González

Dificultades crecientes para acceder al mercado de deuda. Este es el problema que desde hace meses viene enfrentando -y preocupando- a los responsables de las tesorerías de las Comunidades Autónomas, en particular a las de Cataluña y Valencia. Las dos, se salen de cualquier lista que pretenda buscar una media de endeudamiento razonable para las 17 CC AA. La primera ya tiene formado un agujero en sus cuentas cercano a los 32.000 millones de euros, y la segunda camina a buena velocidad hacia los 18.000 millones. Las agencias de calificación se sienten reconfortadas al comprobar que sus pronósticos van viento en popa, a la par que les sirven uno de los mejores, por no decir el más contundente, elemento de valoración para fustigar con saña cuando de calificar se trata la deuda del Reino de España. A los hechos: la Generalitat catalana no encontró hace escasos días ‘patriota’ disponible para 20 millones de euros en pagarés, y la emisión quedó desierta. Como tampoco aparecieron –patriotas- que se hicieran cargo de 300 millones en una colocación entre inversores institucionales, ni siquiera pagando el 5,51%. Concluyendo: o no hay liquidez patriota, o es que la fidelidad patria pasa por horas bajas.

El Govern le había tomado el pulso a las emisiones de deuda, una vía técnicamente ortodoxa y políticamente cómoda a partir de la colocación en la etapa de Montilla por valor de 3.000 millones que posteriormente registró amago de ampliar a 5.000 millones. De éxito fue calificada aquella pirueta –ortodoxa- financiera ejecutada con algo de polémica por el departamento de economía de la Generalitat, pero, a juicio de analistas y del propio Banco de España como “de escaso juicio y exceso de provincianismo”, se podía leer en un informe que llegó a valorar hasta el propio presidente de la Generalitat.

La Generalitat valenciana emitió 1.000 millones en octubre pasado en una colocación que al final debió ser cubierta por la CAM y Bancaja. La última fue en diciembre, pero si en la primera el tipo de interés se fijó en el 4%, en la de diciembre ascendió hasta el 4,75%. Un precio demasiado alto si se tiene en cuenta que hay que añadir un 3% de comisión por colocación. La suma de ambos costes acaba de lograr que las dos Autonomías se hayan echado atrás recientemente, ahora más reflexivas -y disuadidas- para buscar otro tipo de financiación alternativa.

En este sentido, se puede afirmar que ya nada es igual, que el Govern actual catalán se toma el asunto de la ortodoxa fuente de financiación con menor frivolidad, que a diario Artur Mas recibe, a eso de las 16:00h un estado de situación del endeudamiento de la institución, y el detalle de las emisiones vivas en el mercado. Como político es posible que tenga que aplicar terapia de urgencia, invasiva por supuesto, al entender que una huída hacia delante en asuntos de deuda no lleva a nada bueno. Como presidente de la Generalitat, deberá escuchar a la responsable de las finanzas del Estado central, independientemente del mayor o menor caso que haga de sus consideraciones, pero deberá escuchar y tener en cuenta que la contribución catalana –y también la valenciana- al endeudamiento del Estado es para nota.

Precisamente la nota, de Moody´s en este caso, es la que ha propiciado cierta dosis de reflexión a los contables de la Generalitat, quienes tras la reciente rebaja en la calificación de su deuda, decidieron que, o bien no era el momento más adecuado para insistir en emisiones ‘patriotas’, o bien que era el momento de poner el freno definitivo.

El Banco de España se preocupa y el ministerio de Economía más aún, porque es quien debe asumir  la responsabilidad del déficit del Estado. Las CC AA vienen repitiendo –con buena parte de reconocimiento de culpa- en cada ocasión que se les presenta, que si bien el déficit de las autonomías es elevado y además, crece a ritmo excesivo, sería deseable que el Estado, también, diera ejemplo haciendo gala de una austeridad de la que, a día de hoy, ni Gobierno central ni Gobiernos autónomos ni Gobiernos locales tienen en el guión.

Así las cosas, así las deudas, con la deuda territorial disparada, con la Unión Europea enseñando la tarjeta amarilla por falta a Maastricht, con ese 60% de deuda sobre PIB ligeramente superado por las cuentas españolas, es curioso comprobar cómo, a una mayor actividad en los mercados de deuda de las dos CC AA con mayor déficit, se corresponde una rebaja en la nota de riesgo de la misma, que a su vez contagia de muerte a la calificación de la deuda soberana.

Sucesivas emisiones de deuda, llevan a sucesivas rebajas de rating y de sucesivos aumentos de costes, juego peligroso que con el tiempo concluirá forzando otras alternativas de financiación menos ‘ortodoxas’, como pueden ser las ventas de activos inmobiliarios, o las concesiones de explotación de infraestructuras o, por qué no, convertir en deuda perpetua las emisiones institucionales. Siempre mejor que hacer lo propio con las colocaciones ‘patriotas’, que, al fin y al cabo, son votos.

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