edición: 2575 , Martes, 16 octubre 2018
18/01/2013

Las confesiones de Armstrong con la Operación Puerto en puertas

Antonio Cubero
Nadie podía imaginar hace unos años que el que fue considerado como el campeón más grande que jamás diera el ciclismo en toda la historia, el estadounidense Lance Armostrong, acabaría derrotado y confesando públicamente delante de una cámara de televisión el uso de productos dopantes. Nadie, por supuesto, podía imaginar que podía estar pendiente delante del televisor para ver a una Armstrong abatido y derrotado fuera de la carretera después de que la Usada -la Agencia Antidopaje Americana- le acusara de liderar el "programa de dopaje más sofisticado, profesionalizado y de más éxito que el deporte haya visto jamás".

Armstrong no ha tenido más remedio que quitarse la máscara de la inocencia para declararse culpable tras haber sido suspendió a perpetuidad y desposeído de todos los resultados obtenidos desde 1998.  Se ha puesto ante una cámara de televisión para conceder una entrevista seriada y, naturalmente, muy bien remunerada y vendida a nivel mundial por la cadena de la periodista Oprah Winfrey, para admitir su culpabilidad en una larga carrera de trampas con el dopaje como aliado.

Una comparecencia televisiva y muy bien premeditada como requisito imprescindible para rehabilitarse y clamar por un perdón imposible por el inconmensurable daño ocasionado a un ciclismo que lleva años tocado de muerte por culpa de la lacra del dopaje. Y la mancha que ha ocasionado ha sido tan grande que será difícil que pueda borrarse con un carrusel de entrevistas televisadas. Sobre todo porque aún están muy presentes en la memoria de todo el mundo sus muchas negaciones.

Para el deporte en general y el ciclismo, en particular, lo importante no es que Armstrong pida clemencia. Es necesario es conocer el mecanismo que le permitió a Armstrong doparse durante años sin ser descubierto. Una etapa de éxitos fraudulentos entre 1999 y 2005, cuando subió siete veces consecutivas al escalón más alto del podio del Tour, una gesta que nadie había logrado hasta el momento. Pero el tiempo ha demostrado que sólo era un campeón considerado como un extraterrestre en las rutas de todo el mundo que se escudaba bajo el disfraz de las obras de caridad para seguir engañando a quienes le idolatraban equivocadamente.

No se sabe si Armstrong va a preferir morir matando implicando a terceros en su carrera delictiva. Sería su mejor servicio al ciclismo como redención de una pena impagable, pero que haría un gran favor al futuro del deporte. En España todavía no se ha resuelto la Operación Puerto, con más de cien bolsas de sangre y plasma sin saber a quiénes pertenecen.  El juicio oral de comienza el próximo día 28, y aunque se establezcan conexiones con el caso Armstrong, habrá que esperar para ver si ahora nos atrevemos a levantar nuestras alfombras una vez que el ex ciclista texano ha puesto en marcha el ventilador de la mierda. No todo se debe dar por concluido con la aparición de Lance Armstrong en la pequeña pantalla.

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